Hadit Cabrera

Hadit Cabrera

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Lunes, 22 Agosto 2016 16:38

Crónica de una madre que trabaja.

 

Es la tercera vez que me llaman al trabajo ya es medio día y el bebé no ha querido probar bocado, me preocupa que pueda estar enfermo o sintiéndose mal. Entra la cuarta llamada, ahora dicen que no quiere leche; cayendo en ansiedad le marco al pediatra le comento lo que la abuela ha reportado; el medico con toda calma pide que le dé síntomas específicos como fiebre, número de evacuaciones, enrojecimientos, muestras de dolor, cambios de ánimo… quedo pasmada pues hace unos minutos por video llamada le he visto sonreír y mono silabear tan lindo como siempre hablamos.

Vuelvo al teléfono con la abuela y le pido que guarde la calma e intento ser yo primero la que lo haga, le digo que el pediatra ha dicho que es normal y si no presenta síntomas no hay de qué preocuparse, que sigan ofreciendo lechita de mamá a demanda.

Tengo que volver a mis rutinas laborales, concentrarme dejando de lado la preocupación  por mi hijo, mi digo a mi misma respira y mantén la calma.

 Papá sale más temprano del trabajo y ha llegado a la casa, me pasa el informe por whatsapp de lo que ha hecho el retoño en ese rato, sigue como ‘rápido y furioso’ gateando por toda la casa, ha comido dos (si han leído bien dos) cucharadas de ese puré misterioso que prepara la abuela, un cuarto de plátano y dos pedazos de sandía, ha tomado unas seis onzas de leche a lo largo del día (lo que pasa es que no ha terminado con toda la leche del vaso), por fin respiro aliviada ¿pero es qué eso ha sido para las abuelas “no ha comido nada”? aun así le pido que le cheque la temperatura cada tanto.

Son las siete de la noche que día tan cansado, el retoño me saluda con efusividad, ya empieza a balbucear “mamá”, pero rápido pide a gritos de emoción su tetita como loco enamorado. Sé que no cenará nada, solo quiere estar acostado a mi lado, le sonrió, pregunto cómo ha estado, el retoño “sintoniza la teta” mientras tanto, le acarició, lo beso, no puedo creer cuanto le he extrañado.

Al fin ha caído rendido y me da tregua para un baño. Pido el reporte oficial a la abuela, que aun en tono de preocupación me dice que eso no puede ser normal, que él siempre come “más”. Sospecho que ha sido cuestión de humor, no le apetecía esa comida, tal vez fue ese molesto diente que no termina de asomar, a lo mejor estaba demasiado entretenido y solo quería jalarle la cola al gato.

Entrada la noche se pone más “demandante”, ha hecho tomas tan largas que me pareció estar pegados  de diez a seis, supongo que tenía que ponerse al día.

Amanece, un nuevo día y la misma rutina, dejo su ración de leche y meriendas. Él me dice adiós  agitando los brazos completos, sonríe y se entretiene viendo los arboles bailar con el viento, me voy a la oficina. Ya pasa medio día y no he recibido ni una llamada, creo que hoy todo está en calma…

 

Viernes, 05 Agosto 2016 04:28

Mi desafiante lactancia.

En esta semana mundial de la lactancia 2016 quiero compartirles mi experiencia como madre lactante, la que  coincide con el cumpleaños número uno de mi hijo. 

 Como muchas de ustedes las últimas semanas del embarazo se pasaron lento, en la espera que mucho desespera, pues mi hijo decidió nacer en la semana cuarenta con cuatro días. Nos habíamos preparado para el parto, teníamos carta de alojamiento conjunto y plan de parto listos y firmados por los médicos. ¿Y de lactancia? Pues era algo natural, algo que se iba a ir dando ¿no?; esto es un poco utópico pues ese instinto mamífero no siempre ‘aparece’ instantáneamente, ya que traemos con nosotras todo un bagaje de pensamientos y conocimientos adquiridos o simplemente estamos desconectadas.

Para nuestra fortuna el equipo médico estaba a favor de la lactancia en hechos y no palabras. Pude tener un parto en un ambiente armonioso abrazando desde el primer instante a mi bebé. El pediatra nos ayudó a lograr un apego precoz (apego natural e inmediato) ya que no permitió que lo bañaran, ni le suministraran (biberones con glucosa)  y apenas terminaron las valoraciones necesarias lo puso sobre mi pecho para que pudiera tener un agarre espontaneo. Fue  el guardián de nuestra hora sagrada, gracias a ello pudimos tener un buen comienzo .En el momento que optamos por alojamiento conjunto no sabíamos muy bien que significaba o si realmente podríamos hacerlo, pues venían a la mente pensamientos de temor por los comentarios de que estaríamos demasiado cansados para poder hacernos cargo del bebé. Pero decidimos seguir adelante y mejor aún hacerlo en intimidad pues no recibimos visitas en el hospital.  

Ya en casa solos los tres empezaba la verdadera prueba de fuego. Había escuchado que empiezas a conocer a tu bebé y sabes cuándo llora de hambre, dolor y también cuando te está “manipulando”, pero como yo no tenía idea de a qué se refería la gente con esto, pues me opte por un método sencillo: si llora lo pego a la teta, si se queja, a la teta, si despierta a la teta, si ya le cambie el pañal a la teta… esa fue mi libre demanda sin saberlo.

Pasaron los primeros dos días y comencé a sentir ardor en los pezones, habían cambiado a un tono rojizo, sentía que algo no estaba bien en ‘algún’ lado alguien me dijo que lactar no debía doler. En casa decían que era normal que debía hacer ‘callo’ y un montón de mito más. Me tuvieron a caldo de pollo y sin tomar nada frio. Muchos de los consejos que recibía se contradecían.  

Veía y sabía que otras amigas o conocidas rápidamente habían desistido a la lactancia, porque era algo que no a todas se les daba; me metí a internet buscando verdaderas respuestas, información respaldada o certera y ahí encontré el grupo de ‘Asesoras de Lactancia Online’ donde pude identificar que había otras madres pasando por la misma situación; fui a un grupo de apoyo a la lactancia materna en mi cuidad, acudí a cursos con una doctora especialista en lactancia materna (online pues ella está en Tenerife),  esto me fue llevando cada vez más a adentrarme al mundo de la lactancia. Leía libros sobre lactancia para ir reclutando información al respecto.

Fui descubriendo y conectándome conmigo misma y por supuesto con mi hijo. Me llene de fe y convicción en mí, en mi cuerpo, en la naturaleza perfecta que nos permite alimentar a nuestras crías, por supuesto que tenía la información que sustentaba esto. Comprendí que la lactancia no es solo que sea lo mejor o que sea un superalimento, realmente es lo natural, lo que corresponde a nuestra especie.

Cuando alguien que no conoce mis batallas me dice que a mí "se me dio fácil la lactancia", me rio... rio y pienso en el precio que he tenido que pagar para poder lograrlo, todo lo invertido en dinero, esfuerzo, paciencia y valor para vencer la ignorancia. Eso fue lo que principalmente me motivo a convertirme en asesora de lactancia, saber que si es posible cuando se quiere y se lucha por ello. Hay que tener la voluntad de hacerlo;  habrá días que dices ya no poder más, pero “hoy, no es siempre” habrá días difíciles y días llevaderos; la lactancia vale la pena, mejor dicho vale la alegría.  El éxito de mi lactancia se lo debo a dos simples reglas: siempre buscar ayuda en el lugar adecuado y tener la confianza suficiente para saber que puedo lograrlo. 

 

Historia de mi parto:

http://motherslove.com.mx/blog/item/80-la-llegada-de-isaac

Artículos sobre “piel a piel” o “apego precoz”:

http://apps.who.int/rhl/newborn/hscom2/es/

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/claves-para-amamantar-con-exito/la-importancia-de-la-primera-hora-para-el-exito-de-la-lactancia-materna/

http://www.bvs.sld.cu/revistas/enf/vol27_4_11/enf10411.htm

Mitos sobre la lactancia:

http://www.llli.org/lang/espanol/ncvol17_4_05.html

http://www.onmeda.es/mi_hijo/falsos_mitos_sobre_lactancia.html

Lactancia emocional:

http://www.maternidadcontinuum.com/2013/09/aspectos-emocionales-en-la-lactancia-materna/

Martes, 02 Agosto 2016 01:37

Y ahora te llamas mamá...

Como ser humano podemos adoptar muchos roles que dependan de las circunstancias en que nos encontremos como también de las personas con las que estemos. Me gusta verlo como una capacidad de adaptabilidad la cual es importante pero tal vez constituye una fortaleza que no todos sepan apreciar. Sin embargo, también tenemos determinado carácter o una forma de ser que nos caracteriza, llámenosle más bien una esencia, esa naturaleza que si bien no podemos cambiarla si podemos llegar a moldearla.

Como mujeres tal parece que tenemos la obligación de ser multifacéticas, se nos ha estereotipado como ‘multitask’, se espera que abarquemos mucho y por supuesto que lo hagamos bien, que cumplamos nuestros deberes de acuerdo a los usos y costumbres que indica la sociedad. Quien sabe quién fue el gracioso que dijo que “debemos de” o “tenemos que”.

Cuando nos convertimos en madres tomamos una de las decisiones más importantes de nuestra vida, pues esta nos cambia de manera radical. Y no hablo desde el punto de vista emocional, del amor que el vínculo con nuestro bebe puede generar, me refiero a que hay muchas situaciones, tanto triviales como cosas importantes que ya no pueden ser de la misma manera. Cambiamos la manera de administrar nuestro tiempo, nuestras rutinas, incluso hasta nuestras compras en el supermercado.

Literalmente tu vida no puede ser igual, más cuando comprendemos que nuestro hijo es totalmente dependiente de nosotros y nos necesita en una entrega total de tiempo, esfuerzo y paciencia. Y venimos  sumarle a nuestra vida el rol más sobresaliente, ahora tienes que apañártelas, ya no eres más “Lorenza” ahora te llamas mamá… por tanto tienes que hacer las cosas que hacen las mamás.  Pero cuidado con andar hablando todo el día de tu hijo es que no es que sea lo mejor que te ha pasado lo que pasa es que te has obsesionado, lo que tienes es ‘hijitis’; pero también ya debes quedarte en casa todo el tiempo que tengas libre, si trabajas fuera debes llegar volando a casa y dedicarte en cuerpo y alma a tu hijo y por supuesto también a cumplir tus labores del hogar. Cuando eres ama de casa cuidado con salir a despejarte (¿acaso tendrías motivo para tener estrés?) nada de salir con las ‘amigas’ al café o a un bar (si leíste bien a algo que implique alcohol)  plantear la idea de estar lejos de tu bebé puede enviar el mensaje de que no lo soporta.

Lo mismo es criticada una madre que pone su vida a girar en torno a sus hijos porque se obsesiona con ese rol, que una madre que tiene muchas actividades y no le queda el suficiente tiempo para pasar con los hijos. Es muy fácil emitir juicios y opiniones desde fuera, la pregunta sería qué es lo que a ti te hace feliz, cómo eliges vivir tu vida. Aquí no hay cabida para la ignorancia, meditemos al respecto, informémonos para conciliar la vida con nuestras actividades. Metámonos en una maternidad de tiempo completo porque así nos place, porque se nos hincha de orgullo el pecho al decir que estoy criando un hijo de tiempo completo y mejor aún disfruto sin culpas hacerlo. Vayamos todos los días al trabajo sin martirizarnos, sin lamentar el haber optado por un desarrollo profesional y no estar en casa lavando platos, sin sentir de pierdo la oportunidad de verle crecer.   La maternidad te cambia, mejor dicho la maternidad te trasforma, tú tienes el control, es tu vida, vívela decidiendo a conciencia como hacerlo. Y al final que hablen, que digan, que no vivimos de lo que la gente opina.

Martes, 02 Agosto 2016 01:09

Soy primeriza vs. soy madre reciente.

 

Primero que todo debo confesar que el término “primeriza” me hace querer golpearme la cabeza, tal parece que se trata de un argumento para la ignorancia en el papel de madre, lo triste es que muchas veces somos las mismas mujeres las que nos creemos esta etiqueta de tal forma que comenzamos a usarla como escudo cuando tenemos dudas o no sabemos qué hacer. Y esto es completamente normal ya ninguna madre, sea número de hijo que sea, se puede considerar realmente experta pues siempre hay algo que aprender y cada hijo (y embarazo es distinto). No se me hace justo que nos infantilicen haciéndonos sentir que no somos aptas para hacernos cargo de nuestros hijos. 

Estoy a favor de buscar información que nos permita tomar decisiones correctas, pedir ayuda y preguntar las veces que sea necesario. El desconocimiento nos lleva a creernos mitos que lejos de ayudar pueden perjudicar mucho el desarrollo de nuestra maternidad y crianza como padres. Pero informarse no lo es todo, necesitamos comenzar por conectarnos con nuestros instintos, esa corazonada o sexto sentido que nos da confianza para hacer las cosas y nos lleva hacer lo mejor para nuestros hijos. Volver a la naturaleza mamífera.

Tal vez pienses que no sabes nada de cómo cuidar y criar a un bebé, pero estás diseñada para hacerlo solo necesitas conectarte con tu instinto. Imagina esto, si nadie nunca tú hubiera dicho que con lo mucho que lo cargas los vas a enmadrar o mal acostumbrar y escucharas llorar a tu bebé ¿qué es lo que harías? Acaso no querrías consolarlo, no estarías dispuesto a mantenerlo cerca, olerlo, acariciarlo, tomándolo en brazo para confortarlo.  Una madre reciente o unos padres recientes deben tener el tiempo y espacio necesarios para poder vincularse con su hijo.

No existe un solo modelo de crianza, pero si debemos de cuidar de aplicar estrategias que estén basadas en el amor y respeto hacia nuestros hijos. Comprendamos que son otras personas, con otro carácter y otros gustos; que nuestro deber como padres es guiarlos por la vida, ir educándolos  (no amaestrarlos). Criemos desde el amor y empatía así no podremos equivocarnos.

 

Partiendo que el sentido común es uno de los menos frecuentes o puede contener un sin fin de variantes, te dejamos algunos puntos importantes a considerar al momento de ir a ver a un recién nacido. Y si estás embarazada puedes hacer llegar la información a tus seres queridos para que estén preparados.

 

1.     Si no tienes la suficiente confianza con los recientes papás no vayas al hospital.

Deberíamos iniciar preguntando cuál es el deseo de los padres y no dar por sentado que gustosos nos recibirán en el hospital. Pero por regla general este primer consejo es sumamente importante y te indicamos los motivos:

– una mujer recién parida suele estar muy cansada, sangra bastante y está en camisón, así que no es muy cómodo o no se está de humor para atender visitas.  
– la mamá necesita tranquilidad para dar el pecho a su bebé (y quizás no quiere que todo el mundo le vea…)
– los papás llevan nueve meses esperando a conocer a su bebé y se merecen estar tranquilos para hacerlo.

– el bebé está adaptándose al mundo, lo único que quiere es a su mamá (que es lo único que conoce)

 

2.     Las visitas deben ser muy cortas

Si los padres acceden a recibir visitas, procura que la estancia no se prolongue y no des más que hacer, no te instales y ni se te ocurra quedarte a comer (aun te lo ofrezcan por cortesía). La mamá quiere dedicarse a cuidar a su bebé no a escuchar a las visitas y a narrar mil veces la experiencia de su parto. Y además, los bebés comen muy a menudo y necesitan que se les cambie el pañal muchas veces, así que los papás están demasiado ocupados como para atender a las visitas.

 

3.     Siempre avisar antes de ir

¡Nada de visitas sorpresa! La casa podría estar desarreglada, la mamá en ropa cómoda o con las tetas al aire, o puede por fin haber logrado conciliar unas horas de sueño o muchas otras cosas que las visitas no tienen por qué saber. Llegar sin avisar puede causar grandes incomodidades a todos.

 

4.     Evitar visitar por la noche (después de las 6 de la tarde)

Muchos, sobre todo la gente que no tiene hijos puede no entender este punto pero es importante pues a partir de cierta hora, muchos bebés empiezan con una rutina de baño, masaje, cena y a dormir. Una visita a esa hora puede echar a perder todo eso y provocar una mala noche al bebé y a sus padres.

 

5.     Cuantas menos opiniones mejor.

Una mujer recién parida tiene las hormonas revueltas y cualquier comentario (aunque sea con la mejor intención) puede hacerle mucho daño. Además, su cabeza no tiene la claridad suficiente como para contestar y razonar sus respuestas por lo que no es justo someterla a eso. Se debe mantener la prudencia y si aun así quieren meter su cuchara que sea con la mayor empatía posible. Una madre recibe miles de opiniones y muchas de ellas contradictorias, esto puede marearla, así que mucha ayuda el que nada aporta.

6.     Si ofreces ayuda a los padres, mejor que sea en cuestiones de la casa.

La mayoría de la gente ofrece su ayuda para quedarse con el bebé un rato mientras la mamá procede a hacer cosas de la casa (el colmo cuando es para ir por un refresco o refrigerio para la visita), así que a menos que sea para que la madre pueda darse un baño mejor es ofrecerse a cocinar, hacer la compra o doblar la ropa mientras la mamá cuida al bebé.Si en la casa también hay hermanos mayores se agradece que se ofrezcan a llevarlos al parque o a jugar mientras la mamá está con el bebé.

 

7.     No pases al bebe de mano en mano.

Una de las cosas que más estresa a un bebé recién nacido (y a su madre) es que lo quieran abrazas, besar, etc. muchas personas diferentes y que se lo vayan pasando como si fuera un muñeco de trapo.
Todos tienen muchas ganas de cargarlo y mecerlo, es por eso que han ido de visita, pero eso no es justo para este bebé ni para sus padres.

 

8.     Si llevas algún regalo al bebé y tiene un hermano mayor, llévale un detalle también a él.  

Los hermanos mayores pueden sentirse desplazados con la llegada de un bebé a la familia, ya que la atención se centra en este la mayor parte del tiempo.Un detalle sencillo para el “mayor” le demostrará que no nos hemos olvidado de él.

 

9.     Si la familia es muy grande lo ideal es organizar algo todos juntos.

Si de plano no tenemos alternativa y no podemos evitar o limitar las visitas, será mejor hacer una comida familiar a tener un desfile interminable de visitas. Así los papás llevan al bebé, todos lo conocen y se pueden marchar cuando quieran.

 

10.  Evitar hacer comentarios sobre el físico de la mamá.

¡Pero si aún pareces embarazada! si se te ha quedado mucha barriga, que si vaya tetas que te cargas, pero porque estás triste, por qué estás sudando, y ya comenzaste con la dieta… La madre está en un proceso de recuperación, una vida acaba de salir de sus entrañas y lo menos que necesita es críticas hacia su aspecto, recordemos el coctel de hormonas que circula por su cuerpo y cuánto daño pueden hacer comentarios despectivos a su aspecto.

Esperamos que estos consejos te hayan servido, nos encantaría saber tu experiencia tanto como madre y como visita, ya que probablemente por desconocimiento hemos llegado hacer o decir uno de estos.

 

 

Inspirado en http://www.maternidadcontinuum.com/2013/05/10-consejos-para-visitar-a-un-recien-nacido/

Miércoles, 27 Julio 2016 20:51

La llegada de Isaac

Enterarme que estaba embarazada fue un ‘shock’, y aunque ya hablábamos de tener un bebé no esperamos que su llegada fuera tan pronto. El embarazo congeló el tiempo, entre los malestares generales de los primeros trimestres, con la pérdida del sentido de dimensión y gravedad al cargar con tremenda panza, sumado a la dulce espera (que mucho desespera en el último mes) el  tiempo se nos hizo eterno.

Alguna vez había visto información acerca de los partos en agua y en libertad de movimiento (partos humanizados) pero pensaba que eso era una idealización, algo que no estaba dentro de mis posibilidades (no era para mujeres reales y no conocía a nadie que hubiese tenido una experiencia así de placentera como planteaban). Llegando a la semana 30 algo en mi interior me decía que  ahondara en el tema, fui a consultar con el único médico en mi ciudad que acompaña nacimientos por agua, el médico me comento que necesitaba una doula y un curso de preparación para poder parir por agua.  Pensando que valía la pena intentarlo contacte a mi doula y comenzamos con el curso psicoprofiláctico.

En nuestro primer encuentro con la doula, le dije que quería que el día del nacimiento de mi hijo fuera recordado como el mejor día de mi vida, no quería repetir historias terroríficas y llenas de violencia obstétrica, quería sentirme diferente, poder recibir en un ambiente tranquilo y lleno de amor a mi bebé. La idea del parto era nueva para mí, lo que sabía lo había visto en la tele y por las muchas experiencias traumáticas de las mujeres en mi familia, así que la idea me emocionaba y  me aterraba al mismo tiempo.

Lleve todo el seguimiento de mi embarazo con mi ginecólogo de cabecera, el cual está a favor de los partos vaginales (inclusive tiene bajos índices de cesáreas) pero sin miramientos ejecuta maniobras para ‘ayudar’ a que el parto avance. El encontraba ‘gracioso’ eso del parto humanizado, ya que no le veía el caso a sufrir tanto dolor, de ‘cajón’ hacia uso de oxitocina y epidural; la interpretación de la pelvimetría decía que yo tenía 50% de posibilidad de tener un parto vaginal,  dijo que era una moneda al aire me ‘otorgaría’ dos horas para pujar y si no salía él bebé me hacia la episiotomía o seria cesárea. Le lleve mi plan de parto y la carta de alojamiento conjunto y nunca hizo comentarios al respecto. En la última cita con este médico a la semana 38, le expresé que no quería sueros, ni oxitocina sintética o anestesia dijo que a la hora de la hora veríamos que sucedía. Este ginecólogo no se oponía a que mi esposo y mi doula estuviesen conmigo o a que llevara a un pediatra de mi elección, pero dejo en claro que él tenía que hacer su trabajo. Hable con una doula que había asistido a parto con este  médico y ella me narro como era en los partos e incluso me dijo que si mi intención era tener libertad al momento de parir entonces cambiara de médico. Agradezco tanto su honestidad pues eso me dio certeza para cambiarme.

Esa misma noche tomamos la decisión de ya no regresar con ese medico;  habíamos puesto tanto empeño en todos los preparativos del nacimiento que si teníamos un parto donde nuestras decisiones fueran ignoradas me iba a sentir muy decepcionada. No era eso lo que quería, no podía ser de esa manera, yo quería un parto libre y a mi propio ritmo.

A la semana 39 me cambie al médico humanizado le lleve mis expediente y mi plan de parto y alojamiento conjunto. Para mi sorpresa me dio el mismo diagnostico 50-50 de probabilidad, pero me dijo que estuviera tranquila pues mi bebé sabia como nacer.  A la semana 40 con 4 días fui a consulta, ya tenía dos centímetros de dilatación por lo que me mando a descansar pues el bebé seguro nacía amaneciendo. Me pase la mañana haciendo estiramientos con mi pelota, sentía leves las contracciones como pequeños espasmos; pase un día de lo más tranquilo y normal, hasta ese momento las contracciones eran seguidas pero controladas pensaba que era fácil, me repetía: puedo hacerlo, estoy preparada… así se nos fue el día en optimismo y tranquilidad.

Llegamos con cosas listas al hospital a las 5 de la tarde, seguía igual de dilatación pero  la bolsa ya estaba muy tensa. Me dijo que a las 7 pediría cuarto para que subiera a relajarme, ese era un magnifico plan. Había mcuha lluvia por lo que no pudimos alejarnos del hospital; de repente empecé a sentir contracciones seguidas y dolorosas. Regresamos al consultorio, el doctor midió las contracciones, la lectura mostraba intensidad y frecuencia pero todavía no me sentía tan mal, hacia respiraciones profundas. Me comenzaba a decir que no hiciera movimientos bruscos cuando sentí un dolor impresionante y líquido recorrer mi espalda, esa contracción había roto la bolsa; ya no me podía parar me temblaban las piernas, me agarre de la pared y como pude salimos para la recepción. Los minutos ahí fueron de locura, los asistentes médicos y enfermeros con sus inoportunas preguntas y protocolos pero ya comenzaba a perderme en mí, en un instante me encontraba sobre el suelo apoyada en cuatro puntos tratando de respirar profundo y concentrarme, la inoportuna recepcionista pidiéndome firmas (mi esposo había ido por las cosas al coche), yo quería asesinar al que se me pusiera enfrente.

No podía articular ni media palabra, llegamos al cuarto y me metí a bañar con agua caliente, me puse mi traje y la bata; solo quería estar acostada y que nadie me dirigiera la palabra. Conforme el dolor aumentaba en frecuencia pensaba que la situación me sobrepasaba, mi esposo atento dándome agua, tomando mi mano en silencio. Cuando llego mi doula y comenzó hacerme masajes y cantar conmigo se controló la situación. Avanzo a 8 cm de dilatación, me sentía morir, quería que alguien me ayudara con algo, pero agarre la mano de mi doula y le pregunte: ¿verdad que si puedo? ella me miro tierna y firme, me dijo claro que puedes, tú sabes cómo hacerlo.

Nos fuimos a la tina, bendita agua que alivio las dolorosas contracciones. Deje de sentirlas tan intensas y dolorosas, me concentre. Mi esposo conmigo remojado acariciándome, echándome agua, me paraba, me sentaba, me agachaba, lo abrazaba, nos besamos, nos paramos y  bailamos…  fue mágico. Ese era el momento que tanto había soñado, mi bebé siendo recibido en amor, tal como lo engendramos. Una contracción nos ‘agarró’ parados y el me contuvo, prácticamente estábamos los dos pujando, el ambiente era empático. Mi  doula atenta contando y respirando con nosotros. Pasaban los minutos (que yo sentía horas) y ya me estaba desgastando, las fuerzas se agotaban, empecé a dejar pasar las contracciones. El médico me animaba, me pido que sintiera su cabeza que ya había coronado entre mis piernas. Era real, mi bebé iba saliendo, no podía creerlo, ya estaba sucediendo, cada contracción me acercaba a conocerlo. Lo sentía saliendo, sentía que me iba a quebrar,  fue un alivio total cuando pude expulsarlo. Al tomarlo entre mis manos no sabía que hacer estaba asuntada, contenta y aliviada con un torrente de emociones que corrían por mi ser,  ahí estábamos pegados los tres. Esperaron unos minutos y cortaron por mi esposo el cordón, me sacaron de la tina y él bebe se fue con su papá, siempre en el calor de su pecho, en contacto piel a piel. Mientras me limpiaban y suturaban unos pequeños desgarros, cuando lo pusieron sobre mí como busco instintivamente el pecho fue increíble tenerlo ahí. Nos trasladaron al cuarto y ahí estábamos listos los tres, pasando nuestra primera noche juntos, tal como siempre soñé. 

Por: Hadit Cabrera

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