Lunes, 29 Enero 2018 18:33

¿Qué es una Doula?

Una "doula" es una persona que brinda apoyo emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. El cometido de las doulas es brindar apoyo y acompañamiento continuo a las mujeres durante los procesos de infertilidad, gestación, parto, duelo, crianza, adopción, maternidad y posparto.

 La doula no es personal sanitario, no es una matrona ni hace su trabajo, no atiende partos, no tacta, no manda tratamientos, no hace diagnósticos, no realiza terapias ni las recomienda. Las doulas hacemos trabajos diferentes, pero podemos complementarnos y trabajar juntos.

Como doula es conveniente estar informada y actualizada, puesto que tendrá que proporcionar información si la mujer lo solicita, para que ella decida de manera libre y consciente. La doula no recomienda, no lleva a la mujer a su terreno, no aconseja ni interviene. Jamás juzgará la decisión de la mujer. La acompaña y apoya.  A veces se comete el error de pensar que la doula sólo acompañará partos “naturales”, cuando se debe respetar la decisión de la mujer sea cual sea. La doula no interviene.

Hay estudios que han demostrado que el apoyo emocional de la doula a la familia tiene beneficios durante el parto, tales como reducción en un 50% de cesáreas, un 40% en uso de fórceps, un 60% del uso de epidural o que acorta en un 25% la duración de los partos.

A la hora de elegir una doula se pueden tener en cuenta cuestiones como la forma en la que trabaja, cuánto cobra, si tendrá disponibilidad para la fecha improbable de parto, su formación y cómo se siente la mujer con ella. El feeling es una cuestión esencial tanto para la familia como para la doula. Cada doula trabaja y cobra de una manera diferente y es algo que la mujer debe hablar con quien decida que la acompañe.

 

 

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Lunes, 11 Diciembre 2017 19:05

Nacimiento de Maximo

Esa mañana desperté y me vestí, tenía cita de seguimiento con el ginecólogo, al verme al espejo note que llevaba pues la misma ropa que el día del nacimiento de mi primogénito, sonreí pero decidí cambiarme de ropa, pensando que tal vez era un presagio pues llevaba tres días con suaves contracciones, que iban y venían pero no lograban progresar.

Desde el principio de mi embarazo supe (programe mentalmente) que tendría un parto rápido y de menor tiempo de gestación que con mi hijo mayor, quien nació a la semana 41; el ginecólogo desde la semana 34 observo que el pequeño ya estaba “en posición”, encajado y la bolsa un poco tensa. Así que de cierto modo pensamos que se podía adelantar, llegar a la semana 39 había sido una sorpresa.  Y efectivamente, en consulta el médico confirmo que en cualquier momento se desencadenaría el parto. Salí con sonrisa de oreja a oreja, feliz de que fuese a llegar el día tan esperado. 

Avise a todos en casa, y se mostraron incrédulos por la tranquilidad con la que llevaba las esporádicas contracciones. Trascurrió el día y seguimos todos la actividad normal, intentaba estar pendiente del progreso, pero esta vez fue difícil llevar el conteo exacto de contracciones; tal vez estaba más relajada aunque sabía que ya había llegado el momento.  Ya entrada la noche seguía el mismo ritmo, realice mis ejercicios con pelota, un poco de visualización y meditación, así como el uso de mis grandes aliados un cojín de semillas caliente y aromaterapia.  Avise a todos el equipo que estuvieran prevenidos y me dispuse a descansar.

 A las 5 de la mañana me despertó una contracción intensa, fui al baño y pude notar que tenía perdida de líquido, desperté a mi esposo y le pedí que llenara la tina. Avise a la doula y partera. Puse mi selección de música, calenté agua para mi te, me metí a bañar unos minutos, y ahí tuve mi un momento conmigo misma, después  abrazada a mi pelota me concentraba pensando en todas las afirmaciones de parto, las repetía sin parar: “esto no puede ser más fuerte que yo, porque viene de mí, cada contracciones es una menos, ya pasará”.

Las sabias manos de mi madre me daban masajes en la cadera y espalda a cada contracción, que ya podía sentir cada vez más intensas. Comencé a vocalizar, pero prácticamente me encontraba gimiendo, dejándome llevar, fluyendo con el sonido y la respiración. Llego mi doula, respiramos juntas, ella me ayudo a enfocarme y no perder esa concentración. Me sentía enajenada de lo que pasaba a mí alrededor, tenía movimiento libre, todos los presentes se limitaban a su papel, estaban presentes respetando mi autonomía.  Decidí cambiarme a la hamaca, acomodarme vertical  y descansada, ahí instintivamente sentí la necesidad de pujar, ya con el líquido también se observaba sangre.

No había pasado mucho tiempo y quise entrar al agua, aun la tina no estaba ni a medio llenar, sin embargo mi doula me echaba agua caliente sobre la panza y espalda, fue una analgesia casi instantánea. Calculo que pasaron dos contracciones y súbitamente me cambie de posición, me puse en cuatro puntos, voltee y exclame: -“el bebé está coronando”, y ante mi propia incredulidad, con mi mano derecha toque su cabeza que prácticamente ya se encontraba afuera, respiré y espere paciente a la siguiente contracción, bruscamente mi esposo entro también al agua para recibir al bebé. Ahí estaba, tan rápido, tan increíble lo tomamos entre los dos y lo puse en mi pecho. Pasamos al cuarto, todos emocionados,  la cara de asombro del hermano mayor al conocerlo, las abuelas emotivas y felices, mi esposo tranquilo y asimilando lo rápido que fue.

 El cordón se cortó hasta después de que expulse la placenta,  aproximadamente dos horas después de nacer es que el pediatra realizó los chequeos y mediciones pertinentes al bebé. Iniciamos la lactancia sin mayor dificultad. Por fin  mi niño estaba ahí, y yo feliz, cansada pero feliz, rodeada de gente que nos procura y nos ama, la oxitocina en el aire. Los dos felices y saludables.

 

Mi objetivo en la labor de parto se logró, me siento satisfecha de haber podido encarar el dolor, disfrutar de ese tiempo, sin que nadie me perturbara, y mucho menos me dirigiera. Sentirme verdadermente capaz y diseñada para logarlo, conectada con mi bebé y mi cuerpo. Encontrar al equipo que me permitiera tener seguridad y apoyo, y sobre todo respetase nuestras decisiones fue la base para estar tranquilos y seguros durante todo el proceso.

No quiero convencer a nadie que el parto en casa es la mejor opción, pero sí ser un referente de que parir es tan seguro, que incluso lo puedes hacer en tu propia casa. Solo re requiere la guía (médica y holística) y preparación adecuada, pero sobre todo echar fuera todo miedo, estando convencida que para ti es la mejor opción.

No podemos decir que todo salió tal como proyectamos, (un parto normal, por muy planeado nunca podrá ser controlado, pues es un proceso fisiológico que no sabremos como resultará, hasta que se va desarrollando), pero estamos satisfechos, felices que todo haya salido mejor de lo esperado. Cuando nos embarcamos en la idea de parir en casa, lo hicimos pensando en el bienestar de nuestros hijos, tanto del recién nacido como de mi hijo mayor, con quien a pesar de haber tenido un maravilloso parto en agua en hospital, quisimos ahora optar por la intimidad de nuestra casa, pues nuestra prioridad era estar juntos como familia y no ser separados ni un solo segundo. Mi sueño se había convertido en realidad, se cumplió mi deseo y respetaron nuestras decisiones en todo el proceso. 

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