Martes, 02 Agosto 2016 01:09

Soy primeriza vs. soy madre reciente.

 

Primero que todo debo confesar que el término “primeriza” me hace querer golpearme la cabeza, tal parece que se trata de un argumento para la ignorancia en el papel de madre, lo triste es que muchas veces somos las mismas mujeres las que nos creemos esta etiqueta de tal forma que comenzamos a usarla como escudo cuando tenemos dudas o no sabemos qué hacer. Y esto es completamente normal ya ninguna madre, sea número de hijo que sea, se puede considerar realmente experta pues siempre hay algo que aprender y cada hijo (y embarazo es distinto). No se me hace justo que nos infantilicen haciéndonos sentir que no somos aptas para hacernos cargo de nuestros hijos. 

Estoy a favor de buscar información que nos permita tomar decisiones correctas, pedir ayuda y preguntar las veces que sea necesario. El desconocimiento nos lleva a creernos mitos que lejos de ayudar pueden perjudicar mucho el desarrollo de nuestra maternidad y crianza como padres. Pero informarse no lo es todo, necesitamos comenzar por conectarnos con nuestros instintos, esa corazonada o sexto sentido que nos da confianza para hacer las cosas y nos lleva hacer lo mejor para nuestros hijos. Volver a la naturaleza mamífera.

Tal vez pienses que no sabes nada de cómo cuidar y criar a un bebé, pero estás diseñada para hacerlo solo necesitas conectarte con tu instinto. Imagina esto, si nadie nunca tú hubiera dicho que con lo mucho que lo cargas los vas a enmadrar o mal acostumbrar y escucharas llorar a tu bebé ¿qué es lo que harías? Acaso no querrías consolarlo, no estarías dispuesto a mantenerlo cerca, olerlo, acariciarlo, tomándolo en brazo para confortarlo.  Una madre reciente o unos padres recientes deben tener el tiempo y espacio necesarios para poder vincularse con su hijo.

No existe un solo modelo de crianza, pero si debemos de cuidar de aplicar estrategias que estén basadas en el amor y respeto hacia nuestros hijos. Comprendamos que son otras personas, con otro carácter y otros gustos; que nuestro deber como padres es guiarlos por la vida, ir educándolos  (no amaestrarlos). Criemos desde el amor y empatía así no podremos equivocarnos.

 

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Me había acostado muy tarde y me había levantado muy temprano, pero un rato después de que sonara el despertador. Mi marido estaba de viaje, La Mayor no se despertaba, La Menor se quejaba porque ella ya estaba levantada y la hermana no. Se habían acabado los cereales para el desayuno. Una que me recuerda que ese día tenía que llevar “algo para compartir en la merienda escolar” y la otra que reclama porque no tiene el uniforme planchado mientras se disculpa por no haberse fijado el día anterior. Pero no tiene y quiere. Trenzas desparejas, la chiquita derrama el yogur, levanto la voz... no soy la madre más comprensiva del mundo ahora mismo.

Salimos corriendo aunque ya sabemos que las dos van a tener media falta en la libreta. Se pelean por la elección del dial de la radio en el auto, pego otro grito, apago y quedamos las tres en un silencio tenso divino para empezar el día. La chiquita se olvidó la vincha que le sostiene el flequillo crecido pero no hay problema, levanta una del piso del auto, que descansa entre otras muchas cosas que, evidentemente, guardan ahí. Beso, abrazo, amenazas y recomendaciones, todo mezclado. Las dejo y tengo que volver a pasar por casa, porque, pura empatía, también voy a llegar tarde a la primera reunión laboral del día: olvidé mi celular y el esmalte con el que tengo que remendar mi manicura, esa que me había prometido renovar durante el fin de semana y no hice. Y yo que soñaba con esos cinco minutos entre el colegio y la oficina para un lujo añorado: tomar un café sola y en paz.

Esta descripción no me da orgullo, tengo material de sobra para el manual de “La maternidad mal entendida” y todavía no son ni las nueve de la mañana.

Es que, incluso en los días bellos, muchas cosas que antes de ser madre eran sencillas ahora son una odisea. Ir al supermercado y tardar solo una hora, terminar de leer un libro, darme un baño de inmersión, teñirme el pelo, acordar una salida con amigas, dormir hasta tarde los domingos, terminar una conversación con mi marido. Sé que cada vez que me doy vuelta será para pedirle a alguien que se ate los cordones, ordene el cuarto, se saque el dedo de la nariz o baje el volumen.

Pequeñas cosas cotidianas como no poder hacer pis sin que nadie te hable o tener que levantarte siempre al alba te revolucionan la vida en su totalidad.

La idea del desborde como sinónimo de maternidad me resulta molesta. Para el caso, conozco muchos desbordados sin hijos. Pero eso no significa que no haya días en los que me desmadre y sea todas las madres que no quiero ser: La apurada, la nerviosa, la incomprensiva, la gritona, la dictadora…

Pero el problema es pensar que todo esto debe ser sencillo. ¿Quién dijo que lo era?En realidad, tengo una profesión con muchas responsabilidades y desarrollo actividades complejas. Sin embargo, lo más difícil que hago todos los días de mi vida es educar y acompañar a mis hijas. Tomar decisiones. Aprender. Investigar. Contener. Consolar. Transmitir. Dar el ejemplo.

Acá no se trata de soltar (tan de moda), sino de aceptar. Aceptar lejos de la resignación y cerca de la liberación. Lejos de la queja, cerca del agradecimiento.

Aceptar que hay muchas cosas de mis días que son una lucha y que no debo ganar siempre. Aceptar que cuando La Menor deje de derramar a diario algo en la mesa, La Mayor empezará a salir de noche y nosotros, los padres, seguiremos sufriendo.

Y sobre todo aceptar que no tiene por qué ser fácil y que dejar de luchar contra la perfección imposible es un gran comienzo para ser más felices. Porque la maternidad tiene todo esto, pero justamente la compensación es superadora. No cambio a mis hijas por un auto limpio o por una casa ordenada ni en el peor día.

Enojarnos con nuestros nenes solo porque lo son es tan inútil como enojarnos con nosotras por intentar ser mejores madres y que no siempre nos resulte.

Aceptar, amigas, es el primer paso para disfrutar. Y vale la pena.

 

Por: Beta Suarez (http://www.disneybabble.com/)

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