El Colecho.

¿Qué es y cómo se practica?

El colecho o cama familiar es una práctica en la que bebés o niños pequeños duermen con uno o los dos progenitores. Es una práctica normal en muchas partes del mundo. El colecho puede ser practicado en la misma cama, en camas continuas o, cama y cuna unidas. De igual modo pueden ser incluidos los hermanos mayores, A veces estamos a punto de mandar a nuestro hijo mayor a su propia cama pero llega un nuevo integrante y lo ideal es no apresurar las cosas ya que podría sentirse desplazado, siempre preguntándole lo que le gustaría hacer y si se siente listo para pasar aotra habitación, todo eso sin usar de referencia que la llegada de un nuevo bebe es un motivo, y dejando la opción para que pueda volver a colechar con ustedes cuando lo decida.

Beneficios:

Se defiende la práctica del colecho por una serie de aspectos:

Favorece el establecimiento y mantenimiento de la lactancia materna y facilita las tomas nocturnas. El contacto piel con piel tras el nacimiento favorece la liberación de oxitocina, lo cual se relaciona con la disminución de ansiedad y estrés. La oxitocina se relaciona con el amamantamiento, no solamente para producir eyección de leche, sinotambién como se ha comprobado en su medición en saliva, mostrando niveles altos antes de cada tetada, disminución al inicio de la misma y aumento a los 30 minutos. Este aumento tardío de los niveles de oxitocina iría dirigido a proporcionar sensación de placidez y reforzar en la madre su actitud afectiva hacia el niño.

Aumenta los episodios de sueño REM, lo que disminuye o corrige episodios de apnea del sueño, peligrosos para el bebé. 

Reduce el riesgo de que el bebé sufra hipoglucemia.

Disminuye la frecuencia y duración del llanto del bebé.

El bebé se duerme más fácilmente, incluso en los despertares nocturnos.

Sincroniza los ciclos de sueño de la madre y el bebé.

Potencia el vínculo afectivo entre padres e hijos.

Destinas el dinero de la cuna a algo mas valioso, hasta que sea necesario.

Disminuye el riesgo de muerte súbita (SMSL). James McKenna antropólogo de la universidad de Pomona ha estudiado el SMSL en diversas culturas concluyendo que el riesgo es hasta diez veces mayor en las que niños no comparten la cama con los padres.

Inconvenientes

Se ha indicado diversas razones para no realizar el colecho:

Se recomienda que las madres y padres fumadores no duerman con bebés de menos de tres meses por aumentar el riesgo de muerte súbita. Los recién nacidos que duermen con sus padres sufren lo que se conoce como humo de tercera mano, esto es debido a que las partículas de la nicotina se impregnan en la ropa cabello y sabanas, los bebés, son más sensibles a los efectos tóxicos, y esto causa que el bebé exhale metabolitos de nicotina. Un estudio acaba de revelar que dormir con padres fumadores triplica el nivel de nicotina en el bebé.

Existen riesgos de asfixia, especialmente en bebés que no son amamantados, muchos de estos casos son relacionados al sobreabrigamiento del bebé, uso de almohadas, colocar al bebe boca abajo o con juguetes alrededor.

Se recomienda que padres bajo efectos de drogas o con obesidad mórbida no compartan la cama, sobre todo con bebés. Además es recomendable no dormirse con el bebé en el sillón o el sofá.

En el caso de bebés prematuros y/o de un peso inferior a 2.500 gramos se incrementan los riesgos del colecho, ya que él bebe es muy pequeño en comparación con nosotros.

Algunos padres duermen peor cuando duermen con un bebé, sobre todo por los mecanismos de alarma. Cuando tenemos un ser indefenso a un lado no alcanzamos un sueño profundo, estamos pendientes de si respira o no, de si necesita algo o si tiene hambre, y cualquier movimiento nos despierta, lo que termina en un descanso inadecuado para mamá, este es uno de los motivos por los cuales nosotras las mamás siempre estamos cansadas aunque durmamos todo el dia con el bebé, y nunca es suficiente.

Asociación estrecha de sueño y presencia de los padres, lo que puede dificultar conciliar el sueño del niño en siestas y a la hora de irse a dormir sin los padres, ya que se acostumbran a una rutina y asocian el olor, el ritmo cardiaco de la madre con la hora de ir a dormir, lo que causaría que necesitara a su mama para dormir las siestas durante el día.

La vida en pareja reciente mucho el colecho ya que aparta un poco a los padres, sin embargo es una labor de ambos trabajar para que su relación se fortalezca, la llegada de un hijo siempre causa desacuerdos, pero hablar y llegar a soluciones es fundamental para una sana convivencia con el nuevo integrante de la familia.

En 2011, el sudafricano Nils Bergman, pediatra de la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, recomendó que los niños duerman en la misma cama junto con su madre hasta los 3 años de edad. Basaba sus afirmaciones en un estudio en el que había analizado los patrones de sueño de 16 niños. No solo observó que los ciclos del sueño se interrumpían con mayor frecuencia en los bebés que dormían separados de sus madres, sino que además comprobó en ellos unos niveles de estrés hasta tres veces más altos que en los niños que dormían sobre el pecho de sus madres.

El pediatra Carlos González, por su parte, autor de libros como Bésame mucho: cómo criar a tus hijos con amor y Comer, amar, mamar, sostiene que así como, por motivos evolutivos, es normal que los bebés lloren cuando se quedan solos también es "normal" que duerman acompañados de su madre o de sus padres. ¿Hasta cuándo? González responde que los niños "hacia los 3 o 4 años aceptan dormir solos si se les pide educadamente". Pero aclara que no es una recomendación: "Cada familia hará lo que crea conveniente", puntualiza.

Más allá de estas opiniones, la mayoría de expertos en el tema coinciden en que no hay un momento específico que se pueda indicar que es tiempo de concluir con el colecho. No es algo que dependa de la edad del niño, como el final de la lactancia o de los despertares nocturnos, sino con una suma de elementos en cada situación particular.

La Psicóloga Mónica Serrano, especialista en maternidad y crianza con apego explica: "El niño debe comenzar a dormir solo cuando esté preparado para ello", . En esta línea, apunta que "el sueño es un proceso evolutivo, en el que están implicados factores fisiológicos, emocionales, sociales y culturales", y que conviene tener en cuenta todos estos aspectos al momento de tomar la decisión. Hay que considerar, por ejemplo, que la capacidad de entender y expresarse a través del lenguaje hará más fácil que el niño comience a dormir solo. Todo esto desde la base del respeto al niño y nuestro propio bienestar como padres.

En un sentido, el final del colecho se puede comparar con el final de la lactancia materna, como sugiere la psicóloga Mariela Cacciola, también especializada en crianza respetuosa. Es posible dejar de colechar de un modo "natural", cuando el propio niño manifiesta su deseo de empezar a dormir en su propio cuarto, al igual que cuando expresa, a su manera, que ya no quiere ser amamantado.

Y también se puede optar por acabar con el colecho de un modo "respetuoso", cuando la madre, el padre o ambos miembros de la pareja lo consideren necesario para el niño o para ellos mismos. "Así como la decisión de colechar tiene que ser una decisión familiar, modificar esa situación debe serlo también", señala Cacciola, y "por lo tanto es necesario respetar los deseos de todos". 

''Nuestros bebés nos necesitan muy cerca, recuerda que los llevamos 9 meses dentro de nosotras, ¡tenernos cerca para dormir es todo lo que conocen!''

 

¿Y tú vas a intentarlo?

 

Publicado en Blog

Hace unas semanas explicábamos la recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. A partir de ese momento y hasta el año la leche debería seguir siendo el principal alimento con la complementación de otros nutrientes.

Desde los 12 meses la leche materna sigue siendo un alimento incomparable en la dieta de los niños y por eso la recomendación de la OMS y de la mayoría de asociaciones y organismos relacionados con la salud es la de continuar con la lactancia materna hasta los dos años o más o hasta que la madre y el hijo lo deseen.

Hay poca información científica relativa al amamantamiento en la edad comprendida entre los 12 y los 24 meses y en adelante pues son pocos los niños que llegan a esas edades siendo amamantados, sin embargo la información disponible indica que incluso después de los dos años de edad la leche materna sigue siendo un excelente aporte de calorías y nutrientes.

El periodo que comprende entre el nacimiento y los dos años de edad es vital para el desarrollo, el crecimiento y la salud de una persona. A continuación explicaremos por qué no se recomienda suprimir la leche materna durante este periodo crítico. 

La leche materna sigue siendo el mejor alimento

La leche materna tiene un contenido de grasa relativamente alto comparada con la mayoría de los alimentos complementarios. Es una fuente clave de energía y ácidos grasos esenciales, que tienen una relación directa con el desarrollo cerebral de los niños y sigue siendo el alimento más completo desde el punto de vista nutricional.

La leche materna se adapta a la edad del niño que la toma. Esto quiere decir que a medida que el niño crece la leche aporta más calorías.

Aporta beneficios psicológicos y un mejor desarrollo cognitivo

Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).

A pesar de los muchos prejuicios populares en torno a amamantar a niños mayorcitos (aunque quizá habría que definir qué es un niño mayorcito, pues hay personas que consideran que mayorcito para mamar es un niño de 4 meses y hay otras para las que no lo es hasta pasados los 12-15 meses), no existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social.

Lawrence Gartner, presidente del grupo de trabajo de lactancia de la AAP(Asociación Americana de Pediatría) explicó en la última declaración que se ha hecho al respecto, que data de 1997, que “la Academia no ha establecido un límite(para la lactancia). Hay niños que son amamantados hasta los 4,5 o 6 años. Esto puede ser poco frecuente, pero no perjudicial”.

Fergusson y colaboradores mostraron en 1999 que los niños de 15 a 18 años que habían sido amamantados durante más tiempo presentaban mejores niveles de apego a sus padres y consideraban a sus madres menos sobreprotectoras, pero que se ocupaban más de su cuidado, si se les comparaba con jóvenes que hubieran sido alimentados con leche de fórmula.

Angelsen N y colaboradores concluyeron en 2001 que un mayor tiempo de lactancia materna beneficiaba el desarrollo cognitivo de los bebés. Para este estudio compararon a niños que no habían llegado a los 3 meses de lactancia materna, a los que se quedaron entre los 3 y los 6 y a los que fueron amamantados 6 meses o más. El resultado fue que aquellos que fueron amamantados más tiempo obtenían mejores puntuaciones en los tests cognitivos realizados a los 13 meses y a los 5 años.

Continúa ofreciendo protección inmunitaria

 

El sistema inmunológico de un niño madura definitivamente en una edad comprendida entre los 2 y los 6 años de edad. La leche materna es una fuente incomparable de defensas (de hecho la concentración de células inmunológicas en la leche aumenta en el segundo año) por lo que el niño amamantado seguirá beneficiándose del aporte de defensas materno mientras su propio sistema acaba de madurar.

Esto se hace evidente en situación de enfermedad cuando el apetito de los niños por otros alimentos desciende pero la ingesta de leche materna se mantiene. En patologías gastrointestinales sobretodo, supone el mejor recurso de alimentación e hidratación, mejorando la recuperación de los niños.

Se ha constatado también que cuando un niño es vacunado la lactancia materna aumenta la respuesta inmunológica, estimulando aún más el sistema inmunitario del lactante.

La lactancia materna hasta al menos los dos años, y esta es una de las razones más importantes para esta recomendación, protege ante la diabetes tipo 1.

Numerosos estudios sugieren la relación entre la diabetes tipo 1 y la introducción antes del primer año de vida de productos que contienen proteínas de leche de vaca intactas (derivados de la leche no adaptados).

Es un factor de protección frente a la obesidad infantil

Los niños amamantados son generalmente más delgados y se ha observado que parece ser un factor protector de la obesidad.

A mayor duración de la lactancia, menor riesgo de obesidad y sobrepeso. Se ha demostrado una prevalencia de obesidad a los 5-6 años de edad del 4,5% en niños no amamantados, del 3,8% en los amamantados durante 2 meses, del 2,3% de 3 a 5 meses, del 1,7% los amamantados entre 6 y 12 meses y del 0,8% en aquellos con lactancias superiores al año de edad.

A más tiempo amamantando, mayores beneficios para la madre

Ya hemos hablado en Bebés y más de los numerosos beneficios de la lactancia para la madre. Cuanto más tiempo amamante una mujer, mayores son los beneficios.

La lactancia a demanda retrasa la menstruación en muchas mujeres. Las necesidades de hierro en la dieta materna se reducen a la mitad. Esto hace, además, que el momento de fertilidad se atrase.

Disminuye el riesgo de fracturas por osteoporosis en la edad anciana. Se desconoce la causa pero se ha evidenciado en estudios con personas de edad avanzada que aquellas mujeres que dieron de mamar más tiempo padecen en la actualidad menos fracturas.

Reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios. Por cada 12 meses de aumento de la duración media de lactancia materna en las poblaciones de los países desarrollados se podrían evitar más de 50.000 casos de cáncer. Esto equivale a un 4,6% de disminución de riesgo para una mujer por cada 12 meses que da el pecho.

Como veis los beneficios conocidos tanto para la mamá como para el bebé son numerosos. Según demuestran los estudios antropológicos la edad natural del destete es entre los dos y los siete años y cada vez hay más niños que son amamantados hasta edades avanzadas (los 4,5 o 6 que comentó el presidente de la AAP hace más de diez años).

¿Hasta cuándo dar de mamar a un niño? A pesar de todo lo explicado la respuesta es clara: hasta cuando la madre y el niño quieran.

 

fuente: bebesymas.com

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