¿Por qué no se debe dar agua al bebé hasta los 6 meses, incluso en países con mucho calor?

El dar agua a los bebés pequeños los pone en riesgo de diarrea y desnutrición. El agua puede estar contaminada y causar infecciones en el/la bebé. Dar agua puede causar que el/la bebé consuma menos leche materna o suspenda la lactancia temprano y en consecuencia se desnutra. Si las madres dan agua en lugar de la leche materna, ellas podrían disminuir su producción láctea.

La leche materna tiene más de 80 por ciento de agua, especialmente la primera leche que el/la bebe consume en cada mamada. Por tanto, si la madre siente que su bebe esta sediento/a, ella debe amamantarlo/a para así calmar la sed. Los bebés no necesitan agua adicional, ni siquiera en climas calientes. Esta es una de las razones por las que la Organización Mundial de la Salud recomienda que niños y niñas reciban lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida.

Se considera que un niño o niña recibe lactancia materna exclusiva si solo se le da leche materna, sin ninguna otra comida o líquido, ni siquiera agua, con la excepción de solución de rehidratación oral, gotas o jarabes de vitaminas, minerales o medicinas. Al amamantar la mamá le da a su bebé toda el agua que este/a necesita, al mismo tiempo evita darle agua insegura, protegiendo a su bebé contra la diarrea.

El agua es uno de esos elementos básicos que todo ser humano necesita para vivir y que ingerimos varias veces al día. Está tan presente en nuestras vidas que muchas personas creen que los bebés, como los adultos, necesitan beber agua a menudo.

La realidad es que razón no les falta, sólo que es algo a matizar. Los bebés necesitan beber agua, igual que los adultos (de hecho necesitan bastante más que los adultos), pero el agua que han de beber ha de ir siempre acompañada de nutrientes. De no ser así los bebés correrían serios riesgos de desnutrición, al llenar sus estómagos de agua (que no aporta nutrientes ni calorías) sin posibilidad de dar alimentos en diversos momentos del día por esto mismo.

Preguntando a qué me refiero con "agua con nutrientes", es muy simple: leche materna o, en su defecto, leche artificial. A continuación explicaremos cuándo se les puede empezar a ofrecer agua, así, a secas, y cuánta pueden llegar a necesitar.

Los bebés necesitan aproximadamente 700 ml de agua hasta el sexto mes de vida. Esta cantidad de agua proviene de la leche materna a demanda o de los biberones de leche artificial.

Los bebés comen a menudo. Los que toman leche materna lo hacen a veces cada hora y otras dejan pasar más tiempo, mientras que los que toman leche artificial lo hacen cada 2-3 horas, a veces más, a veces menos. Comen a menudo porque necesitan comer a menudo. Su estómago es muy pequeñito y la energía que consumen para vivir y para crecer es mucho mayor, en proporción, que la energía que nosotros necesitamos, básicamente porque nosotros no tenemos que crecer ni triplicar nuestro peso en un año.

Esto quiere decir que además de comer a menudo, necesitan que aquello que coman esté cargado de nutrientes y de energía (estómago pequeño = poca comida muy concentrada).

Los adultos al beber y eliminarla nos deshacemos de sodio y electrolitos, al  tomar y eliminar agua, los bebés estarían también deshaciéndose de sodio y electrolitos que su cuerpo requiere para funcionar.

Al producirse esta baja de sodio y electrolitos, ocurre la hiponatremia, los pequeños pueden sufrir convulsiones, inflamación cerebral, baja de temperatura corporal y otras consecuencias que pueden llegar a ser mortales o dejar efectos a largo plazo si es que no reciben tratamiento inmediato.

Otra razón para no darles agua a los menores de seis meses está en que el agua potable puede contener bacterias y virus que no se eliminan en el proceso de depuración y su sistema inmune aún inmaduro no tiene los anticuerpos para luchar contra ellos.

El agua entre los siete meses y el año

Los niños amamantados, por norma general, siguen mamando frecuentemente incluso cuando han comenzado la alimentación complementaria. Esto quiere decir que no suelen necesitar ningún aporte extra de agua, aunque tampoco pasaría nada si mientras comen alimentos que pudieran generar sed (sólo se me ocurren las galletas), se les ofrece un poco de agua por si la quieren tomar.

El agua entre el año y los tres años

En este periodo de tiempo los niños deberían tomar aproximadamente 1,3 litros de agua. Esta cantidad se obtiene sumando el agua que proviene de los alimentos y la que los niños beben. Digamos que haciendo la resta un niño de estas edades debería beber, más o menos, unos 0,9 litros/día, que equivalen a unos cuatro vasos de agua.

De igual modo que los adultos sanos no tenemos ni idea de cuánta agua tomamos a diario, no es necesario saber cuánta agua deben tomar nuestros hijos porque la naturaleza ideó un sistema muy eficaz y seguro que nos obliga a tomar agua de vez en cuando: la sed.

Los niños también tienen sed, así que si respetamos su sed, ellos mismos beberán el agua que necesitan. Si son bebés y no piden agua, se les ofrece y que sean ellos los que traguen o los que directamente la rechacen.

Algunos especialistas también recomiendan evitar el uso de fórmulas muy diluidas y bebidas pediátricas con electrolitos, esto para evitar la hiperhidratación la cual es peligrosa para un bebe.

''Tener un hijo es una responsabilidad muy grande, es una vida la que está en nuestras manos y la obligación más grande que tenemos con ellos es la labor de mantenernos informados y al día, por su salud y bienestar, no arriesguemos la salud y vida de nuestros hijos y mucho menos con los ojos vendados.''

 

 

 

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Viernes, 25 Mayo 2018 21:14

Destete Respetuoso

Hay muchas situaciones en las que se puede decidir finalizar la lactancia materna: ¿Cómo hacerlo de forma respetuosa?

 

Hablar de destete respetuoso tiene tres vertientes:

Respetar la decisión de las dos únicas personas implicadas en ello: La madre y el lactante.

 

Hoy en día se hace mucha divulgación de apoyo a la lactancia. Tanta que a veces olvidamos que hay casos en los cuales una madre escoge o necesita no darla. No debe sentirse culpable por ello, y nadie tiene derecho a juzgarla. También hay casos en que los niños no van bien con lactancia materna. Muchos de esos casos son solucionables, pero otros no. Por eso el momento del destete es cuando la madre o el niño lo deciden o hay un problema que no somos capaces de solucionar y afecta seriamente al bienestar de ambos. La opinión de los demás sobra. No hay una edad definida para el destete. Decir que por encima de cierta edad la lactancia es perjudicial o inútil es Mentira.

 

Respetar el ritmo de destete que cada niño necesite.

Cuando la decisión de no tomar más el pecho surge del niño la cosa es más fácil y es lo ideal. Puede ocurrir de forma progresiva (lo más habitual) o de golpe (mucho más raro). Si ocurre de golpe el problema suele ser para la madre (¿qué hago ahora con esa leche y cómo reduzco la producción sin molestias?). Pero hay casos en los que aunque el niño no quiera dejar el pecho la madre necesita que ocurra (no voy a entrar en concretar cuales, de nuevo respeto, es la madre la única cualificada para decidirlo). En estos casos hay dos opciones: El tratamiento hormonal para detener la producción de forma radical o la retirada paulatina. Yo recomiendo la segunda siempre que sea posible (a veces por motivos de salud de la madre es necesario una eliminación rápida). Al final hablaré de esa retirada paulatina: No ofrecer, no negar.

 

 

 

Respetar al cuerpo de la madre para evitar problemas habituales.

Cuando se usa medicación para retirar la lactancia de golpe pueden surgir problemas. Evidentemente el pecho no deja de producir en 10 minutos y la adaptación rápida de un pecho productivo a uno improductivo puede llevar a veces a ingurgitaciones, mastitis… Cualquier cambio de adaptación del cuerpo es siempre mejor si se hace de forma gradual. Hay casos en los que por motivos de salud de la madre importantes no tenemos ese tiempo y entonces usamos la medicación. Pero siempre que se pueda es mejor la retirada paulatina.

¿Has pensado en dejar el pecho porque no duermes?

Sólo un apunte más: De los motivos por los que muchas madres me cuentan que quieren dejar la lactancia, el más frecuente es que el bebé pide con tanta frecuencia el pecho de noche que hace imposible el descanso. Suele ocurrir a partir de los 5-6 meses. Cuando los patrones de sueño se definen. Para muchos niños el ritual de sueño es precisamente tomar el pecho. Cuando esto ocurre existe la alternativa de cambiar el ritual de sueño y mantener el pecho con tan sólo un destete nocturno.

No ofrecer, no negar

Sea cual sea el motivo por el que finalmente hemos decidido dejar de dar el pecho a un niño que lo tomaba ya de forma estable, la mejor opción que conozco para el destete es ésta:

  1. Si tu hijo te pide el pecho dáselo. Evitas así que se sienta rechazado.
  2. Pero si no lo pide no se lo ofrezcas. Lo que en la práctica supone que las tomas se van espaciando y el pecho va a producir cada vez menos hasta que llegue un momento en que ya no dé leche.

Este proceso puede durar a veces varios meses. Lo normal es que sea de unas semanas. Será más corto cuanto más preparado estuviese el niño para prescindir del pecho, tanto desde el punto de vista afectivo como el nutricional. Y les recomiendo que no lo forcen.

Desde el punto de vista afectivo, al tiempo que ofreces menos el pecho, aumenta tus otras muestras de afecto. E intenta cuando le das el pecho no hacerlo con quejas o mal humor. Esto es importante para que el niño no viva el destete como un rechazo.

Esta decisión es reversible en cualquier momento si el niño sigue aceptando el pecho. Basta con aumentar la frecuencia de las tomas que le ofrecemos para de nuevo volver a tener leche suficiente.

 

Fuente: http://www.mipediatraonline.com

 
 
 
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Hace unas semanas explicábamos la recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. A partir de ese momento y hasta el año la leche debería seguir siendo el principal alimento con la complementación de otros nutrientes.

Desde los 12 meses la leche materna sigue siendo un alimento incomparable en la dieta de los niños y por eso la recomendación de la OMS y de la mayoría de asociaciones y organismos relacionados con la salud es la de continuar con la lactancia materna hasta los dos años o más o hasta que la madre y el hijo lo deseen.

Hay poca información científica relativa al amamantamiento en la edad comprendida entre los 12 y los 24 meses y en adelante pues son pocos los niños que llegan a esas edades siendo amamantados, sin embargo la información disponible indica que incluso después de los dos años de edad la leche materna sigue siendo un excelente aporte de calorías y nutrientes.

El periodo que comprende entre el nacimiento y los dos años de edad es vital para el desarrollo, el crecimiento y la salud de una persona. A continuación explicaremos por qué no se recomienda suprimir la leche materna durante este periodo crítico. 

La leche materna sigue siendo el mejor alimento

La leche materna tiene un contenido de grasa relativamente alto comparada con la mayoría de los alimentos complementarios. Es una fuente clave de energía y ácidos grasos esenciales, que tienen una relación directa con el desarrollo cerebral de los niños y sigue siendo el alimento más completo desde el punto de vista nutricional.

La leche materna se adapta a la edad del niño que la toma. Esto quiere decir que a medida que el niño crece la leche aporta más calorías.

Aporta beneficios psicológicos y un mejor desarrollo cognitivo

Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).

A pesar de los muchos prejuicios populares en torno a amamantar a niños mayorcitos (aunque quizá habría que definir qué es un niño mayorcito, pues hay personas que consideran que mayorcito para mamar es un niño de 4 meses y hay otras para las que no lo es hasta pasados los 12-15 meses), no existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social.

Lawrence Gartner, presidente del grupo de trabajo de lactancia de la AAP(Asociación Americana de Pediatría) explicó en la última declaración que se ha hecho al respecto, que data de 1997, que “la Academia no ha establecido un límite(para la lactancia). Hay niños que son amamantados hasta los 4,5 o 6 años. Esto puede ser poco frecuente, pero no perjudicial”.

Fergusson y colaboradores mostraron en 1999 que los niños de 15 a 18 años que habían sido amamantados durante más tiempo presentaban mejores niveles de apego a sus padres y consideraban a sus madres menos sobreprotectoras, pero que se ocupaban más de su cuidado, si se les comparaba con jóvenes que hubieran sido alimentados con leche de fórmula.

Angelsen N y colaboradores concluyeron en 2001 que un mayor tiempo de lactancia materna beneficiaba el desarrollo cognitivo de los bebés. Para este estudio compararon a niños que no habían llegado a los 3 meses de lactancia materna, a los que se quedaron entre los 3 y los 6 y a los que fueron amamantados 6 meses o más. El resultado fue que aquellos que fueron amamantados más tiempo obtenían mejores puntuaciones en los tests cognitivos realizados a los 13 meses y a los 5 años.

Continúa ofreciendo protección inmunitaria

 

El sistema inmunológico de un niño madura definitivamente en una edad comprendida entre los 2 y los 6 años de edad. La leche materna es una fuente incomparable de defensas (de hecho la concentración de células inmunológicas en la leche aumenta en el segundo año) por lo que el niño amamantado seguirá beneficiándose del aporte de defensas materno mientras su propio sistema acaba de madurar.

Esto se hace evidente en situación de enfermedad cuando el apetito de los niños por otros alimentos desciende pero la ingesta de leche materna se mantiene. En patologías gastrointestinales sobretodo, supone el mejor recurso de alimentación e hidratación, mejorando la recuperación de los niños.

Se ha constatado también que cuando un niño es vacunado la lactancia materna aumenta la respuesta inmunológica, estimulando aún más el sistema inmunitario del lactante.

La lactancia materna hasta al menos los dos años, y esta es una de las razones más importantes para esta recomendación, protege ante la diabetes tipo 1.

Numerosos estudios sugieren la relación entre la diabetes tipo 1 y la introducción antes del primer año de vida de productos que contienen proteínas de leche de vaca intactas (derivados de la leche no adaptados).

Es un factor de protección frente a la obesidad infantil

Los niños amamantados son generalmente más delgados y se ha observado que parece ser un factor protector de la obesidad.

A mayor duración de la lactancia, menor riesgo de obesidad y sobrepeso. Se ha demostrado una prevalencia de obesidad a los 5-6 años de edad del 4,5% en niños no amamantados, del 3,8% en los amamantados durante 2 meses, del 2,3% de 3 a 5 meses, del 1,7% los amamantados entre 6 y 12 meses y del 0,8% en aquellos con lactancias superiores al año de edad.

A más tiempo amamantando, mayores beneficios para la madre

Ya hemos hablado en Bebés y más de los numerosos beneficios de la lactancia para la madre. Cuanto más tiempo amamante una mujer, mayores son los beneficios.

La lactancia a demanda retrasa la menstruación en muchas mujeres. Las necesidades de hierro en la dieta materna se reducen a la mitad. Esto hace, además, que el momento de fertilidad se atrase.

Disminuye el riesgo de fracturas por osteoporosis en la edad anciana. Se desconoce la causa pero se ha evidenciado en estudios con personas de edad avanzada que aquellas mujeres que dieron de mamar más tiempo padecen en la actualidad menos fracturas.

Reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios. Por cada 12 meses de aumento de la duración media de lactancia materna en las poblaciones de los países desarrollados se podrían evitar más de 50.000 casos de cáncer. Esto equivale a un 4,6% de disminución de riesgo para una mujer por cada 12 meses que da el pecho.

Como veis los beneficios conocidos tanto para la mamá como para el bebé son numerosos. Según demuestran los estudios antropológicos la edad natural del destete es entre los dos y los siete años y cada vez hay más niños que son amamantados hasta edades avanzadas (los 4,5 o 6 que comentó el presidente de la AAP hace más de diez años).

¿Hasta cuándo dar de mamar a un niño? A pesar de todo lo explicado la respuesta es clara: hasta cuando la madre y el niño quieran.

 

fuente: bebesymas.com

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Amamantar en público es un acto que sigue recibiendo críticas por parte de algunas personas tanto si se hace en la calle como si se hace en recintos cerrados como museos, bares, restaurantes, piscinas, etc. Esto hace que muchas mujeres duden si dar el pecho a sus bebés o hijos cuando saben que alguien podría molestarse y que en muchos casos busquen un lugar íntimo para hacerlo, o que se cubran para amamantar.

Sin embargo, hay cuatro razones por las que el mundo necesita que las madres den el pecho en público, sin tapar al bebé, y ahora las vamos a explicar:

1. Porque los bebés tienen derecho a ser alimentados cuando lo necesiten

Un bebé que toma el pecho de manera exclusiva no tiene otro alimento que tomar, y no lo tiene porque la lactancia exclusiva es lo mejor que puede recibir los primeros 6 meses de vida. Pasado este tiempo sí puede empezar a comer otras cosas, pero la lactancia para el bebé no es sólo alimento, y en situaciones de aglomeración, de desconfianza, de ansiedad, pedirá también pecho para acurrucarse en los brazos de su madre, mamar un poco y recobrar la calma.

Con esto quiero decir que un bebé tiene derecho a mamar allí donde esté, cuando lo requiera, ya sea por hambre, ya sea porque necesita un poco de calma y tranquilidad.

Hay quien invita a las mujeres a hacerlo en un lavabo, en un rincón o en una zona alejada del resto de personas para que esté "más cómoda" o para que "no moleste". Esto es una discriminación por ser madre lactante y nadie debería permitir semejante trato.

Diferente es que la madre sí quiera estar en intimidad, pero una cosa es que sea una opción de la madre y otra que te obliguen a hacerlo. Es como las salas de lactancia: se crearon por si las madres que amamantan en un sitio determinado quieren hacer uso de ellas para alimentar a su bebé, no para esconder a todas las madres ahí dentro para que los demás no las vean.

 

El bebé no tiene por qué esperar a que su madre busque y encuentre un lugar para dar el pecho, así que una madre debería poder amamantar a su bebé allí donde estuviera, porque lo último que debe sentir una mujer, al ser madre, es que tiene que esconderse de la sociedad por serlo.

 

 

2. Porque los niños tienen que aprender qué es la lactancia

Sentarte en un parque con un bebé para darle el pecho es una de las cosas más agradecidas que puede hacerse. Sí, es cierto que puede venir algún energúmeno o alguna loca a decir algún improperio, pero no es lo más habitual. Sin embargo, sí puede suceder que uno o varios niños empiecen a acercarse para preguntarle a la mujer por el bebé y por ese extraño acto que están llevando a cabo.

"¡Eh mira, ese bebé está chupando la teta de su madre!". Y se acercan, y le preguntan a la mamá qué hace el bebé, por qué le chupa la teta, y la madre, con la paciencia que caracteriza a las nuevas madres, les va respondiendo las dudas a cada una: "está comiendo", "porque tenía hambre", "sí, le gusta mucho", "sí, a mí también me gusta mucho", "no, no me muerde porque no tiene dientes", "no me muerde, aunque sí tiene dientes", "claro, pero es que él no puede comer bocadillos como vosotros y toma teta", "sí, sale leche", "sí, está calentita", etc.

Seguro que algún niño sabrá de qué va eso, porque tiene algún hermano pequeño que también mama o porque recuerda que hace no mucho también mamaba, y podrá ayudar a la madre a dar las explicaciones a los otros niños. Pero no hay mejor forma de normalizar la lactancia y de enseñar a respetar el acto del amamantamiento que permitir que los niños vean a bebés siendo amamantados y que sepan en qué consiste. Difícilmente estos niños lleguen nunca a ver raro o censurable el que una mujer, en el futuro, dé el pecho a su bebé.

 

 

3. Porque los hombres tienen que entender que alimentar es otra función del pecho

No conozco a ningún hombre que se escandalice viendo los anuncios de mujeres en bañador por toda la ciudad, ni conozco a ningún hombre que se escandalice cuando ve a mujeres vestidas con poca ropa por la calle, o haciendo topless en la playa. Seguro que hay alguno, pero personalmente nunca he oído que esto haya sucedido. Sin embargo, sí he visto y oído a hombres quejándose porque algunas mujeres amamantaban a sus bebés en su presencia.

Esto es porque tienen muy clara la función erótica de los senos de la mujer, pero no tanto la función como órgano. Dentro de cada pecho (lo explico por si alguno aún no lo sabe) hay una glándula mamaria que después del parto se encarga de producir un tejido líquido vivo al que llamamos leche materna que hace de transferencia de nutrientes y sustancias de la madre al bebé (bacterias probióticas y prebióticas, enzimas, hormonas, células inmunitarias y un largo etcétera) para facilitar su crecimiento, desarrollo y supervivencia al nacer.

Ambas funciones, la erótica y la orgánica, suponen una exposición relativa del pecho femenino pero a muchos hombres les agrada en el primer caso, cuando sienten que su visión va dirigida a ellos, y les molesta en el segundo caso, cuando saben que no va a dirigida a ellos.

Esconderse es una manera de dar la razón a estos hombres, y no hacerlo es una manera de decirles que abran la mente y hagan un saltito en la evolución, que si hemos podido dejar atrás al hombre de cromañón, no debería costarnos tanto entender esto.

 

 

4. Porque las mujeres aprenden a amamantar a los bebés viendo a otras mujeres amamantar

Hace unos años, en un zoológico de Ohio, nació una gorila que se crió en cautiverio. Ya adulta, se quedó embarazada y tuvo una cría de gorila. Como madre, cuidó a su cría del mejor modo que supo, pero no fue suficiente porque no supo cómo amamantarla. Nunca había visto a ninguna gorila dar el pecho y no tenía ninguna noción de que pudiera ser ella quien alimentara a su cría. Su bebé gorila murió.

Cuando se quedó de nuevo embarazada el cuidador de la gorila pensó que tenía que hacer algo para enseñarla a dar el pecho, así que llamó a la Liga de la Leche: varias madres lactantes fueron voluntariamente al zoológico para amamantar delante de la gorila embarazada, con el fin de mostrarle cómo se alimentaba a un bebé recién nacido. Al principio no les hizo mucho caso, pero a medida que se acercaba el momento del parto empezó a mostrarse más interesada en lo que esas mujeres hacían.

No fue suficiente: cuando nació su segunda cría la madre empezó a enloquecer porque, de nuevo, no sabía qué tenía que hacer. El cuidador llamó rápidamente a la Liga de la Leche de nuevo y una madre voluntaria corrió al zoo para ayudarla. Lentamente, fue haciendo paso a paso lo que la mamá gorila debía hacer para alimentar a su cría: primero puso al bebé contra su pecho y lo puso en la posición idónea para que pudiera empezar a mamar, en su brazo izquierdo; cogió su pecho con la mano derecha y orientó el pezón de manera que le rozara los labios para provocar el reflejo de búsqueda y abriera la boca. Una vez la boca estaba bien abierta, acercó al bebé hacia su pecho con un rápido movimiento del brazo y este empezó a mamar. La gorila miraba lo que ella hacía y empezó a imitar los movimientos paso a paso, hasta que con un suspiro de alivio, bajó la mirada y vio que su bebé gorila estaba chupando de su pecho y, por fin, ella estaba logrando calmarlo y alimentarlo.

Esta historia es conocida en La Liga de la Leche y se comparte a menudo cuando se quiere explicar que los bebés nacen sabiendo mamar, pero las madres no nacen sabiendo amamantar. A dar el pecho se aprende, y aunque toda mujer sabe que amamantar consiste en poner el pecho de la madre en la boca del bebé, es necesario saber mucho más.

La cultura del amamantamiento ha existido desde el principio de nuestra especie. En cuanto empezaron a formarse los primeros poblados las mujeres empezaron a transmitir esa información de unas a otras, y luego entre generaciones. Así, las mujeres aprendían de sus amigas, hermanas y conocidas, y de sus madres, tías y abuelas, que explicaban cómo es amamantar, qué se siente, cuán normal es que duela o no duela, cómo solucionar los problemas, etc. Al llegar la revolución de la leche artificial y el biberón, las mujeres empezaron a creer que no eran capaces de amamantar, empezaron a creer que la leche artificial era mejor (así se promocionaba) y el saber pasó a los profesionales de salud, que lejos de ayudar, porque tampoco sabían mucho, confirmaban las sospechas: "así es, señora, su hijo pasa hambre, dele biberón".

Esas señoras son ahora nuestras madres, y aunque muchas sí amamantaron y saben de ello, muchas otras no lo hicieron, o lo hicieron poco, y no pueden ayudar a las mujeres de hoy en día a amamantar a sus bebés.

Por eso las mujeres que están embarazadas tienen que poder ver a otras mujeres amamantar: en los grupos de apoyo (ideal si quieres dar el pecho a tu bebé y conocer los problemas y soluciones que pueden suceder), en el parque, en la calle, en la cola del supermercado, en el banco, en la parada del bus, en el metro, en el museo, en el bar más cutre y en el restaurante de más lujo,...

El mundo debe convertirse en un lugar "breastfeeding friendly", o sea, amigo de la lactancia materna, porque los bebés lo agradecerán, sus madres también, y a la vez toda aquella persona que aún tiene mucho que aprender acerca de la sustancia que ha permitido que hoy en día exista la humanidad.

 

 

Fuente por: https://www.bebesymas.com

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Son la pesadilla de todo padre y madre, tan solo imaginar que nuestros hijos sufren un accidente es para echarse a temblar. Y, sin embargo, esto es lo último que deberíamos hacer en caso de un accidente infantil. Con una buena preparación en primeros auxilios podemos salvar la vida de nuestro hijo, pero, ¿estamos preparados para ello?

¿No deberíamos los padres tener una mejor formación en la atención de primeros auxilios?

Y esto es lo que creo que deberíamos reivindicar, una oferta de formación en primeros auxilios para padres, para saber actuar en caso de atragantamiento, de quemaduras, de fracturas... y en definitiva de cualquier accidente doméstico. No recuerdo que en las clases de preparación al parto o en los hospitales de la zona se ofrezca algún tipo de preparación al respecto, por lo que nosotros les ofrecemos este pequeño taller básico de primeros auxilios para bebés y niños.

Todas las personas que cuidan niños o trabajan con ellos deberían tener unas nociones básicas de primeros auxilios: la realización del boca a boca, o del masaje cardiaco para reanimación, la liberación de vías respiratorias obstruidas, curas básicas... De este modo ganamos un valioso tiempo antes de que lleguen los servicios de urgencia.

 

Además, aunque cruzamos los dedos para no vernos en una situación similar, no hemos de confiarnos y pensar que los accidentes infantiles son extraños o minoritarios, que solo les pasan a otros, ya que, por el contrario, son muy frecuentes y provocan muchas lesiones y muertes cada año.

En cualquier caso, recordemos que ante una situación de accidente o daño de nuestros hijos hemos de mantener la calma, proteger al niño y avisar al 911. Si, hasta que lleguen los servicios de emergencia, podemos efectuar las maniobras de primeros auxilios, mejor que mejor. Y es que, en muchos casos, un minuto puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para un niño accidentado.

 

Idea por: https://www.bebesymas.com

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Lunes, 22 Agosto 2016 16:38

Crónica de una madre que trabaja.

 

Es la tercera vez que me llaman al trabajo ya es medio día y el bebé no ha querido probar bocado, me preocupa que pueda estar enfermo o sintiéndose mal. Entra la cuarta llamada, ahora dicen que no quiere leche; cayendo en ansiedad le marco al pediatra le comento lo que la abuela ha reportado; el medico con toda calma pide que le dé síntomas específicos como fiebre, número de evacuaciones, enrojecimientos, muestras de dolor, cambios de ánimo… quedo pasmada pues hace unos minutos por video llamada le he visto sonreír y mono silabear tan lindo como siempre hablamos.

Vuelvo al teléfono con la abuela y le pido que guarde la calma e intento ser yo primero la que lo haga, le digo que el pediatra ha dicho que es normal y si no presenta síntomas no hay de qué preocuparse, que sigan ofreciendo lechita de mamá a demanda.

Tengo que volver a mis rutinas laborales, concentrarme dejando de lado la preocupación  por mi hijo, mi digo a mi misma respira y mantén la calma.

 Papá sale más temprano del trabajo y ha llegado a la casa, me pasa el informe por whatsapp de lo que ha hecho el retoño en ese rato, sigue como ‘rápido y furioso’ gateando por toda la casa, ha comido dos (si han leído bien dos) cucharadas de ese puré misterioso que prepara la abuela, un cuarto de plátano y dos pedazos de sandía, ha tomado unas seis onzas de leche a lo largo del día (lo que pasa es que no ha terminado con toda la leche del vaso), por fin respiro aliviada ¿pero es qué eso ha sido para las abuelas “no ha comido nada”? aun así le pido que le cheque la temperatura cada tanto.

Son las siete de la noche que día tan cansado, el retoño me saluda con efusividad, ya empieza a balbucear “mamá”, pero rápido pide a gritos de emoción su tetita como loco enamorado. Sé que no cenará nada, solo quiere estar acostado a mi lado, le sonrió, pregunto cómo ha estado, el retoño “sintoniza la teta” mientras tanto, le acarició, lo beso, no puedo creer cuanto le he extrañado.

Al fin ha caído rendido y me da tregua para un baño. Pido el reporte oficial a la abuela, que aun en tono de preocupación me dice que eso no puede ser normal, que él siempre come “más”. Sospecho que ha sido cuestión de humor, no le apetecía esa comida, tal vez fue ese molesto diente que no termina de asomar, a lo mejor estaba demasiado entretenido y solo quería jalarle la cola al gato.

Entrada la noche se pone más “demandante”, ha hecho tomas tan largas que me pareció estar pegados  de diez a seis, supongo que tenía que ponerse al día.

Amanece, un nuevo día y la misma rutina, dejo su ración de leche y meriendas. Él me dice adiós  agitando los brazos completos, sonríe y se entretiene viendo los arboles bailar con el viento, me voy a la oficina. Ya pasa medio día y no he recibido ni una llamada, creo que hoy todo está en calma…

 

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Jueves, 04 Agosto 2016 23:51

Alimentación complementaria en bebés

Cómo pasar en los bebés de la leche como único alimento a una alimentación completa. ¿Cuáles son los límites reales a tener en cuenta?

Posiblemente si son unos padres de un bebé de 4-6 meses estarán un poco perdidos. ¿Cuándo tenía que comer y qué cantidad? eran sus dudas esenciales desde que nació su hijo.

Pero a estas alturas posiblemente los estén “bombardeando”: ¿Cuándo vas a empezar a darle otras cosas? Yo con su edad ya le daba… La leche ya no le alimenta…

La cuestión es que cuando os decidís a buscar información encuentras muchas contradictorias.

De hecho, en esta misma web hay mucha información sobre el tema, y ahora me he decidido a añadir esto porque pienso que ni siquiera yo he sido lo bastante claro hasta ahora.

Intentaré que este artículo lo sea. Y sobre todo desterrar mitos y centrarnos en lo que de verdad está justificado.

 

Ideas claras para empezar la alimentación complementaria:

Se llama complementaria porque hasta el año la leche sigue siendo lo esencial. De hecho hay niños que siguen tomando sólo leche hasta casi el año y sin problemas. Eso significa que es importante que lo tomes con naturalidad. Si un bebé con menos de un año no acepta muy bien una toma de comida, le ofrecemos leche y listo.

Un objetivo es que para aproximadamente los 2 años el niño coma casi de todo. Hay tiempo y no es cuestión de ganar la batalla hoy. De hecho como diré en el punto 3, verlo como una batalla es generar problemas.

El otro objetivo es que la relación del bebé con la comida sea buena. La forma en la que el bebé empieza a relacionarse con la comida en estos primeros años puede marcar mucho tiempo su actitud ante la alimentación. Pelear, por ejemplo, para que “se acabe la comida” es la mejor forma de que la próxima vez que te vea aparecer con ella te ponga mala cara antes de empezar.

 

Cuándo empezar con la alimentación complementaria.

Las recomendaciones en las que hay consenso dicen que si no hay una causa real para hacerlo en otro momento, se consigue reducir la incidencia de alergias alimentarias si hasta los 6 meses toma sólo leche y desde esa edad no tardamos en introducir una alimentación completa (con ciertas limitaciones que explico más abajo).

 

Motivos no justificados pero muy frecuentes para hacerlo antes:

·         Empezar con zumos de fruta porque está estreñido. Para empezar, la mayoría de los casos de estreñimiento en lactantes no lo son. Son lo que se llama pseudo-estreñimiento del lactante. Y en el estreñimiento, el zumo no es solución, sino la fruta completa con su fibra. Además de que los zumos no me gustan un pelo.

·         Darle cereales en la cena para que duerma mejor. Es muy frecuente que empiecen a plantearse esto los padres cuando entre los 5 y 7 meses cambia el patrón de sueño de los niños. Pero el hecho de que empiecen a despertarse más no tiene nada que ver con el hambre. Si fuese cuestión de eso bastaría con darle más cantidad de leche.

·         Porque a los familiares se les ocurre que ya toca. Pues eso. Que entre las múltiples formas que algunos tienen de inmiscuirse en la forma en la que crías a tu hijo está el decirte cuándo hacer qué. Ya te darás cuenta de que hay quien siempre te dirá que lo haces mal. Si lo haces porque no debías y si no lo haces porque ya es hora…

 

¿En qué orden introducir los alimentos en la dieta de un bebé? Otra alternativa.

Hay tantas guías como pediatras. A modo de ejemplo, para los que prefieran tener una de esas guías en esta web tienes dos: Una para los niños que hacen lactancia materna y otra para los que hacen lactancia artificial.

Pero les aclaro que aunque presentan un orden “justificado”, en realidad hay muy pocos límites reales a lo que debe y cuándo debe introducirse en la alimentación.

Así que les voy a exponer un planteamiento alternativo a esas dos listas para los que escojan que va más con su forma de ser y especialmente con la del bebé.

Teniendo claro que el objetivo es que nuestro hijo acabe teniendo una alimentación lo más variada posible antes de los dos años y que su relación con la comida sea buena, ¿te gustaría que…?

·         ¿…Descubrir alimentos nuevos no sea una lucha sino algo incentivado por su propia curiosidad?

·         ¿…Respetar el ritmo al que él mismo se interesa por los alimentos mientras no haya una causa real para hacer otra cosa?

·         ¿…Que acabe comiendo de forma autónoma y al mismo tiempo tenga una dieta variada y disfrute de las comidas?

·        

Eso es lo que pretende una forma de alimentación llamada Baby Led Weaning. El problema es que la mayoría lo asocia simplemente con la “excentricidad” de alimentar a los bebés sin purés dejando que jueguen con la comida y lo pongan todo pringado para acabar por no comer casi nada.

En realidad consiste en hacer del niño el principal actor de la introducción de la alimentación, aprovechando dos cualidades propias de su edad: La curiosidad y la imitación.

Casi todos los padres que dan sus tomas regladas descubren antes o después que su hijo, que antes tomaba genial los potitos, pasa cada vez más de ellos y sin embargo empieza a fijarse por nuestra comida. El Baby Led Weaning lo que propone es: ¿Qué problema hay si empezamos por ahí, que es en realidad a donde queremos llegar? Pues eso, no parece muy absurdo. Especialmente cuando no hay un motivo para no hacerlo.

 

Para que esto funcione es esencial entender que mientras no tengamos un motivo claro para hacerlo de otro modo:

·         La cantidad de comida la marca el niño.

·         En cuanto a la variedad, nosotros ofrecemos variedad y el niño por curiosidad empieza a probar. La única forma en la que inducimos que pruebe alimentos nuevos es ofreciéndolos con más frecuencia.

 

Los únicos límites temporales en cuanto a variedad realmente justificados son:

No dar antes del año:

1.       Leche de vaca entera. Se suele asumir que a partir del año es cuando la mayoría de los bebés tienen un intestino suficientemente maduro para tomar leche entera. Darla antes puede generar intolerancias con más facilidad.

2.       Miel cruda. Los cereales con miel no tienen este problema. En la miel hay con frecuencia esporas de Clostridium botulini. Un germen que en niños pequeños es capaz de producir una intoxicación grave. Es más fácil cuando la flora intestinal no está aún muy madura y cualquier germen como éste tiene más facilidad de crecer. Y mientras la barrera que filtra todo lo que entra en el cerebro es más inmadura. Se considera que el límite a partir del que es seguro darla es en torno al año.

3.       Verduras de hoja verde. Son muy ricas en nitritos y pueden producir una intoxicación. También se considera como límite de seguridad el año de vida, recomendándose que no se tome antes.

No dar antes de los dos años:

1.       Pescado azul grande y marisco. Son animales que filtran mucha agua y su cuerpo es muy rico en grasa. En esa grasa se acumulan impurezas que por culpa de la contaminación de los mares pueden ser peligrosas. Especialmente los metales pesados son más peligrosos en los niños durante la primera fase del desarrollo cerebral. Se considera seguro darlos por encima de los 2 años.

2.       Huevo crudo. En el huevo puede haber salmonela. Pero en la mayoría de los casos está en escasa cantidad para producir una infección. Nuestro estómago es capaz de destruirla con su secreción ácida mientras no sean muchas las bacterias. Pero los niños pequeños producen menos ácido en su estómago, por lo que una cantidad menor de germen es capaz de producir la infección. De nuevo se habla de los 2 años como la edad segura para tomar merengue, pan mojado en la yema de un huevo frito, o en un huevo semi-cocido (pasado por agua), mayonesa, crema pastelera…

No antes de los 4 años:

1.       Frutos secos. Aquí el peligro es el atragantamiento. Los frutos secos son la causa más frecuente de muerte por atragantamiento en niños. Y lo son porque cuando nos atragantamos con otras cosas, como pan, galleta, patata frita (otros objetos sólidos que se trituran en fragmentos y pueden aspirarse hacia la vía respiratoria)… son alimentos que en medio húmedo se deshacen. Mientras que los fragmentos de frutos secos se hinchan, de modo que un trocito de 1 mm en el bronquio puede multiplicar su tamaño por 5 y hacer que el niño se ahogue.

 

Quitando estos alimentos, no hay ninguna justificación real para que cualquiera de los demás alimentos no pueda tomarlos un niño de más de 6 meses. Y de hecho se recomienda que para evitar alergias el huevo y el gluten se introduzcan lo antes posible, pero por encima de los 6 meses.

Lo que sí es recomendable es que aunque el orden sea marcado por las preferencias del niño, anotemos en algún lugar cuando empezó a tomar cada alimento nuevo. Porque estos datos pueden ayudarnos a identificar alergias si aparecen.

 

Sólido o puré en la alimentación complementaria

No es una elección excluyente. De hecho si me preguntas la opción que yo aconsejo es empezar las comidas poniendo al niño a comer con nosotros.

Ofrecer aquellos alimentos que no tengan un límite temporal de los justificados arriba y que sean en cuanto a masticabilidad* adecuados para él según el estado de sus dientes y su habilidad.

Tras comer lo que quiera en trocitos. Si estimamos que ha sido poco, podemos triturar la comida y ofrecerle triturado. Pero ojo, ofrecemos. Recuerden que la cantidad la marcaba él. Si nos parece que el resultado ha sido una toma muy escasa podemos ofrecer leche tras la comida. Pero de nuevo, ofrecemos.

Lo peor que puede pasar tras una comida escasa es que llegue con más hambre a la siguiente y acabe aprendiendo a regular su apetito para no pasar ese hambre. No es tan terrible y es algo que también forma parte de su desarrollo.

*Adecuado en cuanto a masticabilidad: Significa que evidentemente no podemos darle un trozo de bistec al punto a un niño sin dientes ni muelas. Pero incluso sin dientes, cualquier alimento que pueda deshacerse con facilidad con los dedos un bebé puede deshacerlo con la lengua y las encías.

Y también depende de su habilidad. Hay niños que vemos que con dos dientes arriba y dos abajo hacen maravillas, mientras que otros con casi toda la dentición tienen dificultades para masticar alimentos blandos.

Y recuerden que un niño puede siempre atragantarse. Por lo que nunca debe dejarse comiendo sólo sin vigilancia a un niño menor de 2-3 años.

 

Evitar malos hábitos alimenticios.

Evita los alimentos “de consumo”. Llamo así a aquellos alimentos que no existían hace 100 años y todos ricos en azúcar: Zumos con leche, yogur de sabores, bios, petit, yogures líquidos para subir las defensas, chuches en general, gusanitos en particular, ketchup….

No entretener a los niños (televisión, móvil, tablet…) para que coman. Que coma si tiene hambre, y si no, lo hará en la comida siguiente. Pero no lo conviertas en un comedor pasivo: Zombi embobado que engulle porque le das mientas está distraído en otra cosa.

No uses la comida como forma de entretenerlo. No le des el trozo de pan o la galleta cuando está aburrido, no quiere ir en el carro o llora sin más. Las necesidades afectivas se alivian con afecto, no con comida. Si sustituyes afecto por comida acabará teniendo un circuito inconsciente que le dirá: “La ansiedad se quita comiendo” = Obesidad.

No pelees con tu hijo para que coma un poco más. Sólo conseguirás hacer desagradable la comida y transformar la comida en lo que no es: Un elemento de juego, disputa o pieza de cambio para otros problemas.

 

Con esto creo que pueden abordar esta aventura. Todo lo demás que suele decirse es complicar lo que no tiene más ciencia. Hay mucho de tradición pasada de persona a persona en cuanto a cómo hacerlo que no tiene ninguna justificación. Los animo a que en nuestra comunidad de Facebook comente su experiencia y las recomendaciones que les han hecho en su caso.

 

Por:  Pediatra Jesús Garrido García

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Expertos señalan las terribles consecuencias que tendrá para los niños en el futuro.

Muchas madres creen que es útil dejar llorar a sus bebés para que no se mal acostumbren, para que no aprenden a pedir las cosas llorando o también como una forma de que se calmen y les de sueño.

Esta técnica es conocida como la espera progresiva y fue creada por el neurólogo y pediatra de la Universidad de Harvard en el hospital infantil de Boston (Estados Unidos), Richard Ferber.

Sin embargo, cuando un bebé llora sin que sus padres acudan en su ayuda tendrá consecuencias físicas y psíquicas, ya que es su forma de demostrar que tiene hambre, sueño o está sucio. Dejarlo llorar producirá estrés en el menor y en el largo plazo, problemas de crecimiento y aprendizaje.

Según señaló Karl Heinrich Brisch, jefe del servicio de medicina psicosomática del hospital infantil de la Universidad de Múnich, cuando a un niño lo dejan llorar “aprenden muy pronto a activar un programa de urgencia en su cerebro, muy similar al acto reflejo de la tanatosis observado en algunos animales que ven su vida amenazada, y que consiste en simular la muerte”, consignó Clarín.com.

En ese sentido, una opinión similar tiene la directora del Instituto de Pedagogía infantil de Baviera, Fabienne Becker-Stoll, quien precisa que “si se deja que los bebés lloren, éstos pueden quedarse traumatizados. Para ellos, la falta de reacción por parte de sus progenitores significa: ‘Puedes llorar todo el tiempo que quieras; nadie va a venir a ayudarte’. Y esto acaba frecuentemente en traumas afectivos, problemas de sueño, ansiedad, dependencia y síntomas depresivos”.

 

Por: http://www.facemama.com/

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Cada vez más padres se involucran desde el embarazo en la evolución física, cognitiva y emocional de sus hijos, ayudando y acompañando a la madre en cada proceso, vivenciando el desarrollo de este nuevo ser, apoyando y compartiendo cada momento hasta el nacimiento. Luego llega el bebé y la lactancia, es la madre la que tiene la capacidad de alimentar al recién nacido inmediatamente después del parto, por lo que es hacia ella a la que van dirigidas las charlas, cursos, orientación y apoyo en lactancia, dejando al padre muchas veces de lado si su pareja no sabe cómo explicarle lo que este proceso implica o qué y cómo él puede cooperar.

Sin embargo, un estudio científico ha comprobado que esta información y guía, debería ser dirigida e involucrar la participación de ambos padres, debido a que gracias a la cooperación y presencia del padre la lactancia se alarga y las mujeres se sienten más tranquilas y contenidas lactando, lo cual afecta significativamente la calidad de vida del hijo.

Pediatrics (Diario oficial de la Academia Americana de Pediatría) publicó recientemente los resultados de este estudio comparativo que se hizo entre dos grupos de padres por el Instituto de Tecnología de la Universidad de Ontario (Canadá). Con el desarrollo y resultado de éste se comprobó de forma cuantitativa que el apoyo y participación activa del padre, durante el proceso de lactancia materna, es fundamental para que ésta sea exitosa, tenga continuidad y exclusividad después de los tres meses de nacido el bebé.

Demostró que los padres al adquirir conocimientos y técnicas de cómo ayudar, y en qué se basa el apoyo/ayuda paterno, durante esta etapa se vuelven más conscientes de su capacidad cuando las madres entre el cansancio, la recuperación del parto y este nuevo hijo no son capaces de traspasar información para que ellos participen más y mejor de este hermoso proceso, donde un padre informado y entrenado es capaz de apoyar, aconsejar y ser el mejor aliado para la madre y el hijo lactante.

Esto abre una nueva puerta para aumentar la consciencia del apoyo masculino en la gran tarea de dar pecho, los que muchas veces se sienten relegados y sin saber cómo ayudar a sus parejas. A través de esta investigación, se observó cuánto más participativos se vuelven los padres cuando se sienten informados en comparación a los padres que poco sabían sobre lactancia.

La autora sostiene que “Las mujeres se van a casa rápido después del parto y mientras se recuperan del trabajo de parto y el nacimiento, tienen que aprender a amamantar, es por esto que considera que puede ser muy útil la participación de los hombres en ese aprendizaje, a través del conocimiento de cómo funciona la lactancia materna, cómo ubicar al bebé en el pecho para dar comodidad a la mujer y cómo saber si el bebé está comiendo y si es en la cantidad adecuada”

El estudio demostró que las mujeres que tenían parejas informadas que las apoyaban y compartían la pa/maternidad a través del apoyo en la lactancia, la compañía, la comunicación y la repartición de los cuidados del bebé y del hogar, eran más propensas a amamantar a sus bebés por más de tres meses.

Tu pareja salió con unas amigas y te dejó encargado de tu bebé por una noche. Acá te damos algunas sugerencias para que tengas en cuenta. ¿Vos qué recomendarías?

Además de ayudar físicamente con la lactancia como en la colocación en el pecho materno, Jennyfer Abbass-Dick (Phd), principal autora del estudio, concluyó que los padres pueden participar de la atención del bebé y las tareas del hogar, de escuchar las preocupaciones de las mujeres y acompañarlas mientras alimentan a sus hijos, ya que las madres contenidas por sus parejas tienen más potencial de perseverar en la lactancia a pesar del cansancio, la frustración y las inseguridades que conlleva el estado del puerperio.

 

¿Cómo se realizó el estudio?

El equipo organizó en dos grupos a 214 madres primerizas con sus parejas. Un grupo accedió a la orientación hospitalaria habitual sobre la lactancia materna y cualquier otra ayuda que pudieran obtener en su comunidad.

Las parejas del segundo grupo también se reunieron en el hospital durante 15 minutos con un especialista en la orientación hospitalaria que recibieron los padres del primer grupo, y a esto sumaron folletos instructivos, un video práctico explicativo y la dirección de un sitio online con información sobre las técnicas para amamantar, recursos en la comunidad y una guía de cómo los padres pueden colaborar.

Los investigadores les mandaron correos electrónicos a los hombres y las mujeres del segundo grupo mientras los bebés tenían una y tres semanas de vida. Cuando los bebés tenían dos semanas de vida, llamaban a los padres para recordarles los recursos de consulta disponibles y responder dudas.

El resultado arrojó una diferencia de prevalencia en la lactacia materna luego de los tres meses, ya que el 96% de las madres del segundo grupo seguía amamantando a los tres meses, comparado con el 88% de las mujeres del primer grupo control.

Los padres “entrenados” estaban más confiados en su capacidad de colaborar con la lactancia que los padres del grupo control inmediatamente después del parto y a las seis semanas de vida del bebé.

Más mujeres del segundo grupo que del primero dijeron que sus parejas las habían ayudado con la lactancia en las primeras seis semanas y que estaban satisfechas con esa colaboración.

Por lo tanto, se debe incentivar a los hombres a informarse, a tomar el rol preponderante que les corresponde como padres, y a que los centros médicos, doctores, matronas, doulas, asistentes de lactancia, etc, incluyan de forma activa en el aprendizaje a los padres en post de una lactancia prolongada, y no relegar esta responsabilidad sólo a la madre, como la única encargada de esta tarea, porque el padre puede y debe participar en función de la salud tanto de la madre como del hijo.

Debemos recordar que la lactancia materna, proporciona nutrientes esenciales y protección inmunológica al bebé, y que tanto para la salud de la madre como del hijo este es un proceso natural y fundamental, donde con la activa participación del padre se puede apuntar hacia la lactancia materna exclusiva, donde el bebé recibe los nutrientes esenciales para su desarrollo físico y emocional, ya que se sentirá amado, contenido y abrazado por sus dos progenitores, generando un apego saludable y consciente que servirá de bases para todo su vida. El papel del padre es principal, pues puede ofrecer un apoyo único, tanto a la madre como al niño, para configurar el llamado “triángulo de la lactancia”, triada fundamental donde el padre apoya, participa, acompaña y se responsabiliza de los cuidados de su hijo y su entorno lo más posible.

Este estudio científico que logró cuantificar el rol del padre en la lactancia, coincide con los documentos orientativos que hay sobre este tema entregados por la Alianza Mundial Pro Lactancia Materna (WABA por sus siglas en inglés) y la Liga de la Leche internacional, los que aseguran que el padre debe tener un rol importante y nada pasivo en la primera etapa de la alimentación de su hijo.

Estas asociaciones han editado un documento con diferentes orientaciones que los padres pueden seguir mientras el niño se alimenta de leche materna. Se trata de directrices, que no serán aplicables a todos los casos por igual.

Se podrían resumir en los siguientes puntos:

  • El padre puede responsabilizarse de más tareas domésticas.
  • Deberá encargarse de vigilar y cuidar a los hijos mayores mientras el bebé mama.
  • Puede responsabilizarse, junto a la madre, del baño y del cambio de pañales del pequeño.
  • Cargar el bebé en brazos o portearlo es una forma muy positiva de que padre e hijo estrechen lazos.
  • El apoyo emocional a la pareja es un factor de vital importancia.
  • El padre deberá solicitar las vacaciones necesarias para acompañar a la familia durante la lactancia tanto tiempo como pueda.

Para más información los futuros padres pueden consultar sobre el “Rol del padre en la lactancia” publicado por la Liga de la leche internacional.

Queridos padres con esto ya saben que aunque sea la madre la que se coloque al bebé en el pecho ustedes también son un pilar fundamental para este hermoso y vital proceso. Informarse, apoyar, ayudar y contener con pilares que sólo ustedes, con su energía masculina, pueden brindar para el bienestar y completud del triangulo de la lactancia. Y nosotras como madres debemos aprender a incluirlos, incentivarlos y aceptar esta ayuda fundamental para lograr una exitosa lactancia materna.

Abrazo a todos los pa/madres que comienza y viven la etapa de lactancia.

 

 

Por: PAMELA LABATUT HERNANDEZ 

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Miércoles, 13 Julio 2016 22:11

La "Hora sagrada" después del parto..

Después de dar a luz hay una “hora sagrada” que los expertos recomiendan pero rara vez se cumple.

¿Qué prisas hay de limpiar, aplicar vacunas o medir al bebé nada más nacer?. Aunque también son procedimientos necesarios, ya habrá tiempo para esas prácticas rutinarias si el parto viene sin complicaciones, pues parece que el contacto “piel con piel” durante la primera hora de vida es fundamental, tanto para el bebé como para la madre.

Este es el argumento de la Doctora Constanza Soto Conti, médica de planta del Hospital Materno Infantil argentino Ramón Sardá, quien asegura que este ritual tiene un montón de beneficios:

“El contacto piel a piel entre la madre y su hijo estabiliza la respiración y la oxigenación del bebé, mantiene sus niveles de glucemia, estabiliza la presión arterial, reduce las hormonas del estrés, disminuye el llanto, incrementa el estado de alerta tranquila, promueve el inicio precoz de la lactancia materna y mantiene la temperatura, reduciendo el riesgo de hipotermia”.

En esos momentos se establece lo que se conoce como impronta afectiva, que favorece el vínculo entre ambos y la instauración de la lactancia materna. La lactancia precoz, iniciada durante la primera hora de vida del pequeño, es clave para una lactancia exitosa.

Durante las horas posteriores al nacimiento, se crea una especie de vínculo de sinergía entre ambos a través de las hormonas liberadas por la madre. Esta experimenta una descarga de oxitocina, por la que el bebé se muestra especialmente receptivo. Tanto que si se le coloca desnudo sobre el pecho de su progenitora, este repta -guiado por el olor- hasta encontrar el pecho y alimentarse.

Además, el contacto piel con piel resulta tan beneficioso que la propia Doctora Soto Conti, denomina a este tiempo “hora sagrada”. Y es que al parecer, sus efectos no son únicamente inmediatos, sino que también podrían ser a largo plazo:

“Esos minutos iniciales son un período sensible durante el cual, el estrecho contacto entre la madre y el recién nacido sano puede tener efectos positivos de largo plazo, como una mayor seguridad y mejor tolerancia a la angustia de la separación“.

El Doctor Miguel Larguía, presidente de la fundación que lleva su nombre y ex director de la Unidad de Neonatología del Hospital Ramón Sardá, apoya completamente esta idea, argumentando:

“Durante 9 meses él bebe no tiene hambre, no tiene sed, no tiene calor ni frío… Latransición al mundo de estímulos que el bebé experimenta al nacer, debería ser de forma progresiva. Respetar «la hora sagrada» es entregar el bebé sano a la madre para que lo apoye sobre su pecho, piel con piel. Un procedimiento que también se puede llevar a cabo en los partos por cesárea y es probable que, en un futuro, podamos incluir prematuros, cuando no exista riesgo de hipotermia por falta de regulación de la temperatura corporal.”

Como les comentaba, no es necesario bañar, medir, pesar, vacunar y tomarle la temperatura al bebé inmediatamente después de nacer, siempre y cuando el parto no ha tenido complicaciones. También es importante posponer el pinzamiento del cordón umbilical hasta que deje de latir. Según Larguía:

“Parte de la sangre del bebé está en la placenta. Antes se creía que para permitir que ingresara en su organismo y prevenir la anemia había que sostenerlo a la altura del útero de la madre. El médico sostenía al bebé, el cual estaba aterrado por su primera toma de contacto con la gravedad, ya que dentro del vientre materno permanecía en ingravidez. Hoy sabemos que, impulsada por las contracciones del útero, la sangre fluye perfectamente si lo ponemos sobre el pecho de su madre.

“Estamos acostumbrados a hacer, pero en ese momento tenemos que resignarnos a «no hacer». Hay que devolver los derechos que no deberíamos haberles quitado a las madres en las instituciones.”

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