Miércoles, 13 Julio 2016 22:11

La "Hora sagrada" después del parto..

Después de dar a luz hay una “hora sagrada” que los expertos recomiendan pero rara vez se cumple.

¿Qué prisas hay de limpiar, aplicar vacunas o medir al bebé nada más nacer?. Aunque también son procedimientos necesarios, ya habrá tiempo para esas prácticas rutinarias si el parto viene sin complicaciones, pues parece que el contacto “piel con piel” durante la primera hora de vida es fundamental, tanto para el bebé como para la madre.

Este es el argumento de la Doctora Constanza Soto Conti, médica de planta del Hospital Materno Infantil argentino Ramón Sardá, quien asegura que este ritual tiene un montón de beneficios:

“El contacto piel a piel entre la madre y su hijo estabiliza la respiración y la oxigenación del bebé, mantiene sus niveles de glucemia, estabiliza la presión arterial, reduce las hormonas del estrés, disminuye el llanto, incrementa el estado de alerta tranquila, promueve el inicio precoz de la lactancia materna y mantiene la temperatura, reduciendo el riesgo de hipotermia”.

En esos momentos se establece lo que se conoce como impronta afectiva, que favorece el vínculo entre ambos y la instauración de la lactancia materna. La lactancia precoz, iniciada durante la primera hora de vida del pequeño, es clave para una lactancia exitosa.

Durante las horas posteriores al nacimiento, se crea una especie de vínculo de sinergía entre ambos a través de las hormonas liberadas por la madre. Esta experimenta una descarga de oxitocina, por la que el bebé se muestra especialmente receptivo. Tanto que si se le coloca desnudo sobre el pecho de su progenitora, este repta -guiado por el olor- hasta encontrar el pecho y alimentarse.

Además, el contacto piel con piel resulta tan beneficioso que la propia Doctora Soto Conti, denomina a este tiempo “hora sagrada”. Y es que al parecer, sus efectos no son únicamente inmediatos, sino que también podrían ser a largo plazo:

“Esos minutos iniciales son un período sensible durante el cual, el estrecho contacto entre la madre y el recién nacido sano puede tener efectos positivos de largo plazo, como una mayor seguridad y mejor tolerancia a la angustia de la separación“.

El Doctor Miguel Larguía, presidente de la fundación que lleva su nombre y ex director de la Unidad de Neonatología del Hospital Ramón Sardá, apoya completamente esta idea, argumentando:

“Durante 9 meses él bebe no tiene hambre, no tiene sed, no tiene calor ni frío… Latransición al mundo de estímulos que el bebé experimenta al nacer, debería ser de forma progresiva. Respetar «la hora sagrada» es entregar el bebé sano a la madre para que lo apoye sobre su pecho, piel con piel. Un procedimiento que también se puede llevar a cabo en los partos por cesárea y es probable que, en un futuro, podamos incluir prematuros, cuando no exista riesgo de hipotermia por falta de regulación de la temperatura corporal.”

Como les comentaba, no es necesario bañar, medir, pesar, vacunar y tomarle la temperatura al bebé inmediatamente después de nacer, siempre y cuando el parto no ha tenido complicaciones. También es importante posponer el pinzamiento del cordón umbilical hasta que deje de latir. Según Larguía:

“Parte de la sangre del bebé está en la placenta. Antes se creía que para permitir que ingresara en su organismo y prevenir la anemia había que sostenerlo a la altura del útero de la madre. El médico sostenía al bebé, el cual estaba aterrado por su primera toma de contacto con la gravedad, ya que dentro del vientre materno permanecía en ingravidez. Hoy sabemos que, impulsada por las contracciones del útero, la sangre fluye perfectamente si lo ponemos sobre el pecho de su madre.

“Estamos acostumbrados a hacer, pero en ese momento tenemos que resignarnos a «no hacer». Hay que devolver los derechos que no deberíamos haberles quitado a las madres en las instituciones.”

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Si ha tenido a un bebé cerca, es muy probable que haya escuchado comentarios terroríficos que hablan de una “mala costumbre a los brazos” que puede adquirir el pequeño si usted o cualquiera empieza a llevarlo el brazos mucho tiempo.

Lo extraño es que la petición de brazos parece como una enfermedad con la que todos los bebés nacen; si no lo cree, haga la prueba y cárguelo cuando esté llorando, que si no tiene hambre, seguramente se calmará apenas lo alce.

Pues más allá de esa llamada “mala costumbre”, en realidad los brazos y el contacto son una necesidad básica de todo ser humano al nacer.

Ésto se debe a un proceso llamado exterogestación, en el que el bebé, debe permanecer en un entorno similar al que tenía mientras estaba en el útero al menos durante los siguientes nueve meses, hasta que aprende a desplazarse por sí solo.

Hasta que camine
Desde “recién hasta los nueve meses el bebé humano alcanza el desarrollo al que otros mamíferos acceden a los pocos días de nacer. En este sentido, podemos compararnos con las hembras canguros, que llevan a sus crías durante un periodo intraútero y luego otro periodo similar extraútero, completando el desarrollo que necesita el bebé para lograr los primeros signos de autonomía”, señala la psicóloga Laura Gutman, en su libro La maternidad y el encuentro con la propia sombra.

Y claro, si usted compara a un ser humano al nacer con otra cría animal como el ternero o el perro, se da cuenta de que ellos en muy poco tiempo se mueven y son independientes, mientras el hombre, en su misma complejidad nace siendo totalmente dependiente y se gastará buen tiempo en alcanzar su independencia en cuestiones de movilidad y mucho más en el plano emocional, confirmando que nace antes de tiempo, aunque el parto haya sido a término.

“Por ese nacimiento antes de tiempo, lo que dispone la naturaleza para seguir gestándonos fuera del útero, es como un segundo útero conformado por el pecho (lactancia) y los brazos de la madre o de un cuidador- no necesariamente de ella-; así que lo que necesita un bebé es contacto con otro ser humano para que le ayude a regular su temperatura corporal, su ritmo cardíaco se haga más normal, respire mejor, se sienta más seguro y protegido”, explica Lorena Beltrán Villamil, estudiosa del tema y confeccionista de portabebés.

Método de las UCI neonatales
Un bebé no se malacostumbra a los brazos, sino que los necesita para alcanzar un óptimo desarrollo físico y emocional.

“Ningún bebé necesita ser independiente antes de serlo porque para serlo y actuar como un adulto se debe ser un adulto; los seres humanos somos altriciales, es decir que, necesitamos de cuidado y contacto constantes para poder sobrevivir, a diferencia de otras especies como los peces que dejan los huevos, luego los otros peces nacen y se alimentan ellos solos; un ejemplo como este da Rosa Jové en una de sus conferencias, donde dice que si dejamos en un criadero de pescados comida, ellos cuando nazcan los comerán, mientras en un cuarto con bebés no podemos hacer eso de dejar comida para que ellos mismos se alimenten”, señala Lorena Beltrán.

Un ser altricial es totalmente dependiente, vulnerable, que no puede hacer nada por sí mismo porque ni su cerebro ni su cuerpo están preparados para ello.

Este método de ayudar a desarrollar a los bebés a través del contacto constante es más conocido como método canguro y se usa mucho en las UCI neonatales, con los niños nacidos antes de término o con bajo peso.

Pero si se analiza mejor, aunque estos tengan mayores necesidades, todos requieren de contacto constante, pues si de bajo peso se trata, todos los bebés pierden peso al nacer y son extremadamente susceptibles a cualquier enfermedad. Así lo expresa Beltrán Villamil, quien además es una de las moderadoras y directora del grupo en Facebook de apoyo a la lactancia materna, Amamantar.

“No sólo sirve para ellos sino para todos los bebés, les brinda tranquilidad, favorece su desarrollo emocional, neurológico y físico, mejora su aumento de peso. Un bebé que no recibe los brazos, el calor y el afecto que necesita, es un bebé más ansioso, estresado, con niveles de cortisol alto”, dice.

¿Y si lo deja llorar?
Y de los mismos autores de “se malacostumbran a los brazos”, nace “déjelo llorar”.

Ésta parece ser la mejor manera de acostumbrarlos “bien”.

El llanto es la mejor señal de que su bebé necesita algo y es su única manera de comunicarse, de decir que algo le hace falta y que no siempre será comida, a diferencia de lo que muchos creen.

“Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que ‘lo normal’ es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad. Si usted le deja llorar, le está enseñando a que sus necesidades no son realmente importantes, y que otras personas ‘más sabias y poderosas’ que él, pueden decidir mejor que él mismo lo que le conviene y lo que no. Se hace más dependiente, porque depende de los caprichos de los demás y no se cree lo suficientemente importante para merecer que le hagan caso”, puntualiza el pediatra Carlos González, en su libro Bésame mucho.

Dejarle llorar es un comportamiento que afectará incluso sus relaciones en el futuro.

“Un niño que ha sido exigido para soportar grandes separaciones siendo muy pequeño tendrá mayor tendencia a permanecer en relaciones fusionales mucho más tiempo. En la adultez se convierten en relaciones posesivas, hartas, basadas en los celos y la desconfianza, que en realidad no son otra cosa que un grito desesperado para no quedarse eternamente solo”, añade la psicóloga Gutman.

Si su problema es que se cansa de los brazos o necesita hacer oficios en casa, como todas las madres, opte por el porteo; el portabebés es la mejor solución, ese mismo que usted ha visto que cargan las indias y las africanas, y que al contrario de ser una moda, es más antiguo que los cochesy lo más cómodo para su bebé.

Tipos de portabebés
Su portabebé debe solucionar y no generar más problemas. No compre cualquiera y compare:

  • Convencional: el panel cubre sólo los genitales y las piernas van colgando; es rígido en la espalda; suele tener tirantes muy delgados que llevan al porteador hacia adelante porque el punto de equilibro se desplaza; el bebé va colgando y más abajo del ombligo; da la posibilidad de poner al bebé viendo hacia el frente lo cual no es recomendado porque pierde la curvatura de la espalda y puede recibir exterma estimulación sin mayor contacto ni refugio.
  • Ergonómico: el panel va de corva a corva, para que la rodilla suba lo suficiente; el ajuste en la espalda no le obliga a perder su curvatura; el peso se reparte en espalda, caderas y hombros del porteador; el bebé va sobre el ombligo y está tan cerca que se le puede dar un beso sin estirarse.* Fuente: Lorena Beltrán, confeccionista de portabebés.

Beneficios de portear

Existen muchos portabebés ergonómicos como fulares, bandoleras, mei tai y mochilas ergonómicas, entre otros. Los beneficios de su uso son:

  • Bebés que lloran menos y por ende, están menos expuestos al cortisol que produce el estrés y el llanto.
  • Bebés con ritmos cardiacos estables.
  • Bebés con mejores tiempos de sueño.
  • Menos riesgo de reflujo.
  • Bebés más tranquilos.
  • Manos libres al porteador.
  • Menos frustración por no poder antender al bebé.
  • Beneficia la lactancia por el contacto cercano entre madre y bebé, aunque lo puede hacer cualquier persona, padre, tías, abuelas.
  • Vínculos más estrechos con el bebé y respuestas más anticipadas a sus necesidades.
  • Menos peso y facilidad de movilizar al bebé.

 

POR: http://www.eluniversal.com.co/VIVIANA MARTÍNEZ PÉREZ

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Martes, 12 Julio 2016 17:27

El lado obscuro de la Lactancia

“Ojalá tengas leche”, “Espero que no te duela tanto como a mí”,  “Yo lo que más quería era amamantar a mi bebé, pero no se pudo”.

Muchas gestantes reciben ese iniciático baño frío.  El duchazo de la duda respecto de su cuerpo y su capacidad de amamantar a su bebé una vez llegue a sus brazos.  Algunas lo escuchan después del parto, en ese momento tan delicado y hermoso como vulnerable; acaban de reunirse con este pequeño ser y parece que antes que puedan dar el primer paso, las inseguridades les hacen una zancadilla.  La primera de muchas que vendrán.

La lactancia esta rodeadísima de mitos.  Resulta tan impresionante analizarlos, que me pregunto cómo es posible que hayan llegado tan lejos, cómo transitan de boca en boca, por años de años.  ¿Cómo puede ser que tantos mitos, el grueso de ellos realmente absurdos, perduren y tengan tanta fuerza?  Y luego me respondo, sin mucha dificultad: gracias al miedo.  Hay pocas cosas que movilizan tanto como el miedo.  Si le sumamos a eso el desconocimiento, ya está, tenemos un flamante mito.  ¿O no les parece aterrador que una pequeña vida recién llegada dependa al 100% de nuestra leche y ésta no se produzca nunca o de un momento a otro, como si de una maldición se tratase, deje de salir?  Aterrador.

En este post, me adentraré en los mitos, desactualizaciones, malas prácticas, malos consejos y falta de información que, tristemente, enmarcan tantas historias de lactancias frustradas. Como referí, es un universo casi infinito.  Para escribir esta columna, me ayudé de las experiencias de muchas mujeres pidiéndoles que me mencionaran los mitos más locos, absurdos y reiterados que les haya tocado escuchar y estuve una hora leyendo sus comentarios.  UNA HORA.
Debido a lo complejo que es recopilar esa cantidad de información, me permitiré editar esta entrada cada vez que me tope con otro mito que amerite ser expuesto y derribado.  Y bueno, aquí vamos…

– “La leche, luego de los 6 meses/el año, es agua/suero y ya no alimenta”

Un tajante no.  La leche es leche siempre.  Al comienzo es calostro (leche también) pero cargada de los nutrientes que necesita un recién nacido.  Luego de esto producimos leche de transición, algo así como mitad calostro mitad leche madura, para luego comenzar a producir leche madura.  La leche materna está viva, y cambia según las necesidades de la cría: a veces tiene más grasas, otras más proteínas, etc.  Con el paso del tiempo, cuando los bebés crecen, cada vez necesitan más calorías, por lo que nuestra leche, muy al contrario de lo que predica el mito, lejos de transformarse en agua, se torna cada vez más grasa.

– “Durante el embarazo debes preparar tus pezones para amamantar”

Un clásico. Durante muchos años, muchas mujeres se han raspado, masajeado, tironeado, pellizcado, lubricado y enroscado los pezones para prepararse para una lactancia que asusta por lo terriblemente dolorosa que se supone que resultará de no hacerlo. Muchísimas mujeres, tan pronto se han enterado del embarazo de una amiga, apenas después de felicitarla, como una advertencia, sentencian “empieza a prepararte los pezones desde ya”. He visto tutoriales en youtube de mujeres en los que se pasan un cepillo de dientes por los pezones, hasta una virutilla vi una vez. NO, NO, NO. No necesitas torturarte manipulando tus pezones para amamantar nunca, ni antes del embarazo, ni durante, ni después. Deja tus pezones en paz. Manipular los pezones durante el embarazo pudiera incluso provocar contracciones o acelerar tu trabajo de parto. Así como tus ojos están preparados para ver, tus piernas para caminar, tu estómago para digerir, tus pezones lo están para amamantar desde el inicio, ¡para eso son!. La clave para una lactancia sin dolor es un buen acople al pecho, que el bebé posicione su boca tomando no solo el pezón sino también parte de la areola y succione con sus labios herméticamente cerrados, con la boca lo más abierta posible en forma de pescadito. No sé por que tantas se empeñan en prepararse los pezones para amamantar, cuando lo más importante es preparar la mente y el alma para la mayor entrega de amor de tu vida. Nuestros pezones vienen listos de fábrica.

– “Debes amamantar a tu bebé cada 3-4 horas, durante 10-15 minutos por pecho”.

Un clásico, que incluso médicos y matronas siguen difundiendo.  Esos tiempos son totalmente antojadizos.  El pecho se da SIEMPRE a libre demanda.  Eso es cada vez que lo estimemos, cada vez que el bebé llore, cuando creamos que tiene frío o calor, luego de que despierta de su siesta, para dormir, cuando no sepamos muy bien qué le pasa.  Primero que todo, el pecho no es sólo hambre, sino también sed, calor, amor, seguridad, cobijo.  Es mamá.  Al amor no se le limita ni se le ponen horarios.  Siempre que tu bebé quiera pecho lo tomará, si no, no lo tomará o lo soltará.  Debe ser tu bebé quien marque las pautas, siempre.  La única forma de saber que estamos alimentando apropiadamente a nuestro bebé es dejando que él/ella nos lo pueda indicar con sus signos de saciedad, es decir, rechazando o soltando por sí solo el pecho.  Hay bebés que solo con un pecho quedan satisfechos, mientras otros necesitan de los dos.  En días de calor los bebés necesitan tomar muchas más veces, tomas cortas, para hidratarse.  Cuando están enfermos o por enfermarse, tienden a tomar mucho más seguido. Cuando tienen fiebre, necesitan tomar más frecuentemente.  Cuando están muy divertidos, a veces olvidan el pecho por horas.  Es tan relativo, que lo único que nos puede guiar son ellos mismos, así que ¡chao horarios!  No sirven de nada, perjudican tu producción y además, esclavizan un montón.  Mientras antes dejes de mirar el reloj, antes comenzarás a disfrutar de tu lactancia.

– “Lo que comes puede hinchar/provocar cólicos a tu bebé”

La leche se compone de muchas cosas, pero algo que nunca encontraremos en ella es gas. Los gases nunca pasan a la leche.  Sólo lo que pasa a la sangre pasa a la leche, es decir, nutrientes y tóxicos.  Los sistemas digestivos de la madre y su bebé son distintos e independientes, por lo que si una comida nos resulta flatulenta, es un fenómeno que ocurre en nuestros intestinos, y los gases, al no poder pasar a la sangre, tampoco lo harán a la leche. ¡Así que podemos comer de todo!  Incluyendo legumbres, repollo, bebidas, agua con gas, palta, chocolate, ajo.
* Solo hay 2 excepciones, en las que no puedo detenerme por ahora, pero invito a investigar a quien se encuentre interesado: la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) y la alergia alimentaria múltiple (AAM), que dicho sea de paso, se presentan junto a otros síntomas bastante más decidores que los gases.

– “El calostro no alimenta, el bebé necesita alimentarse de leche”

Este mito me parece horrible.  El calostro ha sido llamado oro líquido, por su tremendísimo valor protector y nutricional.  El calostro es leche, y es la mejor leche que puede recibir un recién nacido.  Podríamos compararla a una excelente vacuna que inmuniza a nuestro bebé tras su encuentro con el mundo fuera del útero.

– “La fórmula es igual de buena que la leche materna”

Siento herir susceptibilidades, pero es un no rotundo.  La leche de fórmula fue creada para las situaciones en que (realmente) no es posible amamantar a un bebé, y ha salvado vidas, eso es innegable.  Pero la leche materna es un fluido vivo: Producido por una misma mujer, varía su composición según el día, el momento del día, los patógenos que la circundan, un primer bebé y un segundo, según las necesidades del bebé en cada etapa, entre muchos otros factores.  Si la madre se enferma de un virus respiratorio, por ejemplo, producirá anticuerpos y los transmitirá a través de su leche a su hijo, para evitar que éste enferme o enferme de manera mucho más leve.
La leche materna es leche humana, producida para cachorros humanos y sus nutrientes se encuentran en las cantidades y calidades que le corresponden a nuestra especie.

– “No toma leche, te usa de chupón”

Eso se llama succión no nutritiva y es fundamental para estimular el pecho y para producir leche. La naturaleza es sabia, y de esta succión se benefician ambos, ya que la madre recibe la estimulación necesaria de sus pechos y el bebé succiona, lo cual es una necesidad biológica y protectora frente al síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). No olvides que los pechos existen desde muchísimo antes que el chupón, es decir, tu bebé usa el chupón en reemplazo del pecho, no el pecho como chupón.

– “Si debo tomar algún medicamento, debo dejar de dar pecho/destetar/sacarme leche y botarla”

Otra vez no.  La gran mayoría de los medicamentos de uso habitual son compatibles con la lactancia materna. Muchos médicos no saben acerca de lactancia y por ponerse el parche antes de la herida recomiendan dejar de amamantar, no hacerlo por algunas horas o incluso destetar (así, como si fuese lo más simple y accesible…). Antes de insegurizarse o hacer caso a esas indicaciones antojadizas, las invito a entrar en www.e-lactancia.org, una web completísima y muy clara, creada por médicos y actualizada constantemente, que trata sobre compatibilidad de los medicamentos, hierbas y otros tratamientos con nuestra lactancia.

– “Es necesario tomar mucha agua/leche para poder producir lo necesario”

He sabido de mujeres que han llegado a tomar 4 litros de agua diarios pensando que así producirían más leche.  No, así no funciona.  Eso solo hará que te la pases yendo al baño, pero nada más.  No necesitas tomar más agua (¡ni mucho menos leche!) de la que tu sed te indica para amamantar a tu bebé.  La única manera de producir leche es estimulando la glándula mamaria con la succión constante de tu cría: amamantar a libre demanda.  No hay más secretos.

– “Para aumentar tu producción toma malta con huevo/avena/agua de avena/granola/hinojo/galega, etc”

Un clásico, y nuevamente es un no.  Solo la succión de pecho le indicará a tu cuerpo cuánta leche producir.  Hasta ahora no se ha comprobado que ninguno de estas u otras fórmulas mágicas sirvan como galactogogos, y se han hecho muchos estudios al respecto.  Tu cuerpo no producirá más leche si no pones más veces al pecho a tu bebé.  A muchas les ha resultado, y es que cuando toman algo con fe, sintiendo que ahora sí esto las ayudará a producir más leche, se ponen a su bebé al pecho sin reparos, se relajan, dejan de desconfiar y amamantan. Podrían haberse evitado comer o tomar lo que fuera, ya que la única fórmula mágica es esta última: la succión del bebé estimulando el pecho.

– Leches “delgadas” y “gruesas”

No existen.  Ni aunque seas muy delgada o tengas sobrepeso, la composición de tu leche no depende de ello.  Como indiqué más arriba, tu leche varía su composición en relación a los requerimientos de tu bebé. Es importante además saber que en una misma toma, la leche varía su composición.  Al comienzo de la toma, la leche es mucho más aguada, abundante, contiene gran cantidad de proteínas y azúcares.  Con ella el bebé sacia su sed.  Avanzada la toma la leche es menos abundante pero tiene muchas más calorías ya que su contenido de grasa es mayor.

– Mujeres “lecheras” y “no lecheras”

Tampoco existen. Esto no lo determina ni el azar, ni la suerte, ni la genética. Tal como he dicho, lo único que determina la cantidad de leche que una mujer produce es la demanda de su bebé, las veces que ofrece el pecho, la estimulación de las glándulas mamarias.

– “Si das mucho tiempo leche te vas a descalcificar”

Se han hecho estudios al respecto y se descubrió que los primeros 6 meses de lactancia hay una pequeña baja de calcio en los huesos de la madre, pero luego de ese período, no se sabe muy bien cómo, los huesos de la madre se recalcifican y se fortalecen.  Así que aquí hay doble mito: Amamantar no descalcifica, sino que fortalece nuestros huesos cuanto más larga sea nuestra lactancia.

– “La leche se corta por rabia/por frío/por pena”

Mientras haya estimulación del pecho, la leche no se cortará.  Lo único que puede influir en la salida de la leche, pero no en la producción, es el estrés.  El estrés crónico provoca un retraso en el reflejo encargado de que la leche salga del pecho.  Esa demora puede ser lo suficientemente grande como para que la madre sienta que su leche se ha cortado, pero la leche nunca se corta de un momento a otro.  Frente a un estrés crónico sufrido por una madre lactante es importante el apoyo y la compañía para intentar estar lo más tranquila y contenida posible, buscar ayuda de ser necesario, y así puedan poco a poco volver al equilibrio nuestras hormonas mientras se estimula el pecho con la succión del bebé lo más frecuentemente posible.

– “Que no tome leche en la noche, su estómago debe descansar”

Las tomas nocturnas son importantísimas.  La prolactina, hormona líder de la producción láctea, tiene un funcionamiento en relación con nuestro ciclo circadiano; de noche ocurre un peak de prolactina que al ser aprovechado con tomas nocturnas, deja un registro en nuestro cerebro  para que siga manteniendo la producción de leche.  No amamantar durante la noche o remplazar una toma por relleno afectará tu lactancia de manera importante.  El estómago de los bebés no necesita descansar, sus organismos están creciendo de una manera tan rápida y asombrosa que no se volverá a repetir a lo largo de todo su ciclo vital, por ende, el funcionamiento de sus cuerpos durante ese período es totalmente diferente al nuestro en este sentido.

– “No le des leche de noche, debe aprender a dormir de corrido”

El sueño es madurativo.  Los bebés no aprenden a dormir de corrido.  Lo logran cuando su organismo y desarrollo se los permite.  No amamantarlos durante la noche no solo no tiene nada que ver con el sueño, sino que va en contra de sus necesidades y desarrollo.  Todos los bebés son diferentes: algunos duermen toda la noche desde que nacen, otros comienzan a hacerlo a los pocos meses, otros a los 3 años, otros a  los 6.  Amamantar o no a tu hijo no adelantará este proceso madurativo.

-“Si tu bebé toma leche de noche le saldrán caries”

Está comprobado que la leche materna no provoca caries.  Si tu bebé ya comenzó su alimentación complementaria, es importante que uses un cepillo de dientes adecuado y limpies sus dientes luego de cada comida, tal como debe ser con los adultos.

– “Debes tapar tu espalda/mantenerla abrigada para que no se corte tu leche”

Nuevamente, la leche no se corta de un minuto a otro, mucho menos por frío.  Algunas mujeres, tras la bajada de la leche los primeros días postparto tienen cierta incomodidad en la espalda producto de los cambios a nivel de la musculatura que ha dado paso al ensanchamiento de los conductos de leche.  Quizás el calor pueda aliviar esos dolores musculares, pero nada tiene que ver con la producción de leche.

– “El tamaño de tus pechos influye en la cantidad de leche que producirás”

No es verdad.  La forma y tamaño de los pechos no determina ni la cantidad ni la calidad de tu leche.  La cantidad de leche la determina la estimulación del pecho mientras que la calidad es siempre buena, independiente incluso de una mala y desequilibrada dieta materna.

– Apretar el pezón para ver si hay leche

El apretar el pezón y que salga o no leche tampoco determina ni dice nada acerca de tu producción.  La leche no proviene del pezón, sino de los conductos galactóforos que se encuentran dentro del pecho, en lo profundo de él.  Por ende presionar el pezón, además de molesto e innecesario, no sirve como referencia para nada.  Muchas mujeres al hacer esta maniobra y no obtener una gota o chorrito de leche como esperaban, han concluido que no producen la leche necesaria para sus bebés y han abandonado la lactancia o la han dejado en segundo lugar, priorizando la fórmula.

– “Es bueno darles biberón y/o chupón desde que nacen”

Tanto el biberón como el chupón modifican el patrón de succión. Si tu bebé toma biberón o usa chupón, tienes muchas más posibilidades de sufrir de dolor al amamantar. Los bebés necesitan succionar, la succión constante los protege de la muerte súbita, pero esa succión que necesitan es la que tú puedes facilitar al dar el pecho a libre demanda, no necesitan más que eso.

 

Como pueden ver, la lista de mitos es larguísima.  Yo me agoté escribiendo, pero más agotador es escuchar estos mitos mientras amamantamos, saliendo de las bocas de conocidos y desconocidos, acechándonos cada vez que pueden.

Para que una lactancia prospere, es necesario informarnos y que así resulte prácticamente imposible que llegue el día en que las inseguridades nos ganen y nos hagan desconfiar de nuestro cuerpo.

Les pido que me ayuden con más mitos, para seguir nutriendo esta extensa lista.

¡¡Buenas y lindas lactancias libres de mitos para todas!! 

 

 

POR: http://www.breastfeeding.cl/

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Hace un tiempo, una gran mujer me enseño muchas cosas de la maternidad y de cómo funciona el cuerpo humano, me habló acerca de la importancia del trabajo de parto.

“El tránsito del bebé por el canal vaginal es demasiado importante no sólo por los beneficios físicos para la madre y el bebé, sino por el efecto energético, emocional y espiritual. Cada pujo ayuda a la madre a hacer consciencia de que la vida que ha creado va a salir al mundo, y la forma de relacionarse cambiará por completo, y eso duele. Ese tránsito es doloroso, porque es una separación y las separaciones duelen. Pero es un nacimiento para ambos, es la bienvenida a un nuevo bebé y a una nueva madre. Ese dolor es necesario, porque es lo que va a definir que la madre entienda que la naturaleza le dio el don de crear, pero esa nueva vida tiene su destino y es el momento de comenzar a vivir por sí mismo. Es un encuentro de la mujer con su espiritualidad, con sus miedo y emociones. Es un viaje interno que busca las sombras, lo más escondido de su ser, para ser trabajado en esas horas y así poder sanar y renacer. Es por eso que en el parto nacen dos nuevos seres: el bebé y la madre.”

 

 

 

Tenemos mucha resistencia al dolor

Se creó un mito a través del dolor en el parto, “que no es necesario y que es algo que la mujer no necesita sentir”. Esto es un MITO. La mujer necesita sentir el dolor de las contracciones, son las pistas de que todo va por el camino correcto.

El dolor durante el trabajo de parto no es un riesgo, no es sufrimiento; no se debe quitar ni anestesiar, hay que ayudarle a la mujer a lidiar con ese dolor. La analgesia y anestesia, pueden entorpecer la evolución del trabajo de parto porque inhiben a la mujer de sentir el dolor que es el que avisa y marca el ritmo del nacimiento; además de la posibilidad de que los medicamentos hagan que la mujer pierda el control de su cuerpo.

Uno de los motivos que ha hecho que el dolor no sea visto como un importante aliado durante el trabajo de parto, es la patologización del embarazo y del parto. El trato a la embarazada como paciente y las consultas prenatales como una manera de prevenir las ‘múltiples enfermedades y complicaciones de la gestación’, hacen que se asocie el dolor del trabajo de parto con el dolor de la enfermedad y del sufrimiento. La embarazada no es paciente, no está enferma y el dolor del parto pasa.

Preguntas como: “¿hace cuánto estás con dolores?” en vez de “¿hace cuánto tiempo comenzaron las contracciones?”, hace una asociación inmediata al dolor como algo perjudicial y una alerta de algo que no está bien. Y no es sólo la obstetricia la que se ha encargado de esto. También Hollywood, los medios de comunicación y la patriarcalización del nacimiento han sido los responsables, puesto que han mostrado el trabajo de parto como un momento de extrema angustia y dolor. Vemos entonces esta escena que se repite constantemente en las películas y en la televisión: la mujer rompe fuente, sale corriendo al hospital en la primera contracción, la acuestan en una camilla mientras grita por un dolor incontrolable e imparable, el bebé nace y es llevado de emergencia a una incubadora.

 

Cuando se rompe fuente se puede esperar unas cuantas horas sin ningún riesgo, las contracciones son progresivas, hay un tiempo sin dolor entre contracción y contracción, la mujer no tiene por qué ser acostada en una camilla y el trabajo de parto no es una emergencia. Si aprendemos a ver el parto como un evento natural y maravilloso, no tenemos por qué tener miedo de él.

La medicación obstétrica genera lo que se conoce como una cascada de intervenciones, que lo más probable es que conviertan este proceso natural en un proceso quirúrgico y de emergencia.

Vamos a dar el ejemplo de lo que es una cascada de intervenciones:

 

cascada intervenciones.JPG
Imagen tomada de Diario de una Mamífera

 

La medicación tiene efectos secundarios, aunque no tenga efectos visibles, trae consecuencias tanto para el bebé como para la madre. Janet Balaskas en su libro “Parto Ativo: guía prático para o parto natural”, dice lo siguiente sobre la medicalización:

“Sabemos desde la década de 1960, que toda la medicaciones obstétricas usadas en las madres, sea para aliviar las náuseas, inducir el trabajo de parto, aliviar dolores o como anestesia, cruzan la placenta y alteran el medio uterino donde vive el bebé, alcanzando la circulación sanguínea fetal y por tanto el cerebro del bebé en segundos o minutos. Al contrario de lo que es informado para muchas mujeres, donde se incluyen los analgésicos regionales, tales como los usados en las epidurales… Durante los prenatales y en los hospitales, las madres generalmente no son informadas sobre los efectos indeseados o colaterales envueltos en la utilización de ciertos medicamentos y son llevadas a creer que no implica ningún riesgo.”

 

La mayoría de las mujeres sienten dolor en el pico de las contracciones. Son dolores de carácter agudo y persistentes, generalmente no hay dolor entre contracción y contracción. No es el dolor de un golpe. Muchas mujeres lo describen como algo positivo y sienten satisfacción entre cada contracción.

Alejandra Álvarez, quien tuvo a su tercer bebé por parto natural (natural= sin medicación) domiciliar, nos habla del dolor:

Dolor de parto, dolor con alegría.

Yo decidí que para mí los dolores de parto serían olas necesarias para acercarme cada vez más a mi bebé. Olas que navegaría con calma, paciencia y confianza.

Le enseñé a mi cuerpo y a mi mente a entender que cada contracción, entre más seguida y dolorosa, más alegre y placentera sería para mí. Por eso recibí cada contracción con una sonrisa y le di permiso a mi cuerpo para hacer lo que instintivamente sintiera como necesario: gemir, moverse y hasta gritar.

Entender que los momentos de dolor intenso son menores que los momentos de placer y felicidad, fue la clave para disfrutar todo el proceso y no dejarme bloquear.

¿Duele? ¡Sí, mucho! ¿Es insoportable? No. ¿Es placentero? Sí, en un contexto en el que se respeten las endorfinas.

Volvería a tener un parto no intervenido sin anestesia ni analgesia? ¡Sí! Mil veces ¡SÍ!”

 

Generalmente el exceso de dolor está relacionado con ambientes y atmósferas inapropiadas.

Durante el embarazo y parto el cuerpo produce hormonas llamadas endorfinas, que son analgésicos naturales que relajan y alivian dolores. Otra hormona secretada por el cuerpo es la oxitocina, cuya acción es desencadenar las contracciones y el proceso de parto. Sin embargo, la producción de estas hormonas está profundamente relacionada con las emociones. Para que el cuerpo produzca estas hormonas es necesario que la gestante esté relajada, se sienta segura, desinhibida y libre para ser ella misma. La presencia de alguien innecesario en el cuarto o alguien que la tensione, puede inhibir el proceso de producción de estas hormonas.

Cada mujer tiene un limite de tolerancia al dolor diferente y por eso se debe respetar la individualidad y no suministrar analgésico o anestésicos como procedimientos rutinarios. Debe ser la parturiente quien decida si lo quiere o no en su parto.

Para concluir, el dolor del trabajo de parto, pasa. Las mujeres que han tenido partos naturales hablan del gozo y satisfacción de haberlo transitado sin medicamento. Hablan de cómo inmediatamente nace el bebé, el dolor pasa. No hay dolor en la recuperación y menos sufrimiento. La mayoría de ellas afirma que volvería repetir esa experiencia, ya que parir de esa manera las hace sentir poderosas y vitales. El dolor no es un enemigo y no necesita ser silenciado. Es confiar en la naturaleza y en la perfección del cuerpo femenino.

 

Por: https://lobamaterna.com 

 

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Me había acostado muy tarde y me había levantado muy temprano, pero un rato después de que sonara el despertador. Mi marido estaba de viaje, La Mayor no se despertaba, La Menor se quejaba porque ella ya estaba levantada y la hermana no. Se habían acabado los cereales para el desayuno. Una que me recuerda que ese día tenía que llevar “algo para compartir en la merienda escolar” y la otra que reclama porque no tiene el uniforme planchado mientras se disculpa por no haberse fijado el día anterior. Pero no tiene y quiere. Trenzas desparejas, la chiquita derrama el yogur, levanto la voz... no soy la madre más comprensiva del mundo ahora mismo.

Salimos corriendo aunque ya sabemos que las dos van a tener media falta en la libreta. Se pelean por la elección del dial de la radio en el auto, pego otro grito, apago y quedamos las tres en un silencio tenso divino para empezar el día. La chiquita se olvidó la vincha que le sostiene el flequillo crecido pero no hay problema, levanta una del piso del auto, que descansa entre otras muchas cosas que, evidentemente, guardan ahí. Beso, abrazo, amenazas y recomendaciones, todo mezclado. Las dejo y tengo que volver a pasar por casa, porque, pura empatía, también voy a llegar tarde a la primera reunión laboral del día: olvidé mi celular y el esmalte con el que tengo que remendar mi manicura, esa que me había prometido renovar durante el fin de semana y no hice. Y yo que soñaba con esos cinco minutos entre el colegio y la oficina para un lujo añorado: tomar un café sola y en paz.

Esta descripción no me da orgullo, tengo material de sobra para el manual de “La maternidad mal entendida” y todavía no son ni las nueve de la mañana.

Es que, incluso en los días bellos, muchas cosas que antes de ser madre eran sencillas ahora son una odisea. Ir al supermercado y tardar solo una hora, terminar de leer un libro, darme un baño de inmersión, teñirme el pelo, acordar una salida con amigas, dormir hasta tarde los domingos, terminar una conversación con mi marido. Sé que cada vez que me doy vuelta será para pedirle a alguien que se ate los cordones, ordene el cuarto, se saque el dedo de la nariz o baje el volumen.

Pequeñas cosas cotidianas como no poder hacer pis sin que nadie te hable o tener que levantarte siempre al alba te revolucionan la vida en su totalidad.

La idea del desborde como sinónimo de maternidad me resulta molesta. Para el caso, conozco muchos desbordados sin hijos. Pero eso no significa que no haya días en los que me desmadre y sea todas las madres que no quiero ser: La apurada, la nerviosa, la incomprensiva, la gritona, la dictadora…

Pero el problema es pensar que todo esto debe ser sencillo. ¿Quién dijo que lo era?En realidad, tengo una profesión con muchas responsabilidades y desarrollo actividades complejas. Sin embargo, lo más difícil que hago todos los días de mi vida es educar y acompañar a mis hijas. Tomar decisiones. Aprender. Investigar. Contener. Consolar. Transmitir. Dar el ejemplo.

Acá no se trata de soltar (tan de moda), sino de aceptar. Aceptar lejos de la resignación y cerca de la liberación. Lejos de la queja, cerca del agradecimiento.

Aceptar que hay muchas cosas de mis días que son una lucha y que no debo ganar siempre. Aceptar que cuando La Menor deje de derramar a diario algo en la mesa, La Mayor empezará a salir de noche y nosotros, los padres, seguiremos sufriendo.

Y sobre todo aceptar que no tiene por qué ser fácil y que dejar de luchar contra la perfección imposible es un gran comienzo para ser más felices. Porque la maternidad tiene todo esto, pero justamente la compensación es superadora. No cambio a mis hijas por un auto limpio o por una casa ordenada ni en el peor día.

Enojarnos con nuestros nenes solo porque lo son es tan inútil como enojarnos con nosotras por intentar ser mejores madres y que no siempre nos resulte.

Aceptar, amigas, es el primer paso para disfrutar. Y vale la pena.

 

Por: Beta Suarez (http://www.disneybabble.com/)

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Criar en tribu es el mejor remedio para la “depresión post parto”, así, entre comillas, por que en la gran mayoría de los casos no hay una real depresión sino una soledad desoladora, incomprensión hacia la nueva madre, hacia sus necesidades emocionales, hacia el maravilloso camino del puerperio y la maternidad.

La pareja, su presencia, apoyo y empatía es el mayor protector en la depresión post-parto. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la pareja debe incorporase al trabajo y pasar fuera de casa entre 8 y 10 horas al día, el permiso por paternidad en México es de a penas una semana, por lo cual, el esposo y ahora recién nacido padre se ve en la necesidad de ausentarse, situación por demás complicada tanto para él como para la madre.
Eso lleva a la madre a pasar sola la mayor parte del día.
Mientras la presencia de la pareja sea un verdadero sostén, es decir, que esté dispuesto a escuchar, mirar y estar, el tiempo que le sea posible, la depresión post-parto será muy leve o no existirá.
En algunas ocasiones, la madre de la madre naciente, la suegra o ambas, la acompañan durante el día, a veces eso es suficiente para se llene de confianza y viva un puerperio feliz. Pero hay veces en donde, por el contrario, se le llena de consejos y recomendaciones que la confunden, propiciando que se sienta insegura y/o triste. Puede suceder incluso, que se le presione para hacer cosas que ella siente y vive de una forma distinta a lo que la madre o suegra sugieren (o tratan de imponer).

Si aún estando la pareja se presenta depresión post parto, si no hay apoyo de la pareja o no hay pareja ¿qué hacer?

Antes de entrar de lleno en el tema, definición y síntomas de la depresión post parto:

“Los sentimientos de ansiedad, irritación, tristeza con llanto e inquietud son comunes en las dos primeras semanas después del embarazo. Estos sentimientos a menudo se denominan “depresión puerperal”. Casi siempre desaparecen pronto, sin necesidad de tratamiento.

La depresión posparto puede ocurrir cuando la depresión puerperal no desaparece o cuando los signos de depresión comienzan uno o más meses después de dar a luz.

Los síntomas de depresión posparto son los mismos que los síntomas de la depresión que ocurre en otros momentos en la vida. Junto con un estado anímico triste o deprimido, usted puede tener algunos de los siguientes síntomas:

Agitación e irritabilidad
Cambios en el apetito
Sentimiento de inutilidad o culpa
Sentirse retraída o desconectada
Falta de placer o interés en todas o en la mayoría de las actividades
Pérdida de la concentración
Pérdida de energía
Problemas para realizar las tareas en el hogar o el trabajo
Ansiedad considerable
Pensamientos de muerte o suicidio
Dificultad para dormir

Una madre con depresión posparto también puede:

Ser incapaz de cuidar de si misma o de su bebé.
Sentir temor de quedarse sola con el bebé.
Tener sentimientos negativos hacia el bebé o incluso pensar en hacerle daño. (Aunque estos sentimientos son aterradores, casi nunca se materializan. No obstante, usted debe comentarle al médico al respecto inmediatamente).
Preocuparse intensamente por el bebé o tener poco interés en él.”

Cabe mencionar que algunas de las conductas aquí descritas (ejemplo: “sentir temor de quedarse sola con el bebé”) tienden, más que describir un problema, a hablar de una realidad que nada tiene de problemática.

Datos que llaman la atención: “…Los estudios muestran entre un 5% y 25% de prevalencia pero las diferencias metodológicas de esos estudios hace que la verdadera tasa de prevalencia no esté clara.[1] No se conocen las causas pero se considera que el cambio hormonal junto al cambio de ritmo de vida es un posible detonante.
Existen antidepresivos ISRS que se pueden utilizar en este período sin que afecten en absoluto al bebé. El más usado actualmente es la sertralina.” Wikipedia.

No, no es necesario ningún antidepresivo (salvo en casos excepcionales), lo que es indispensable es, en primer lugar: escuchar. Poner oído y corazón a lo que la recién nacida madre tiene que decir y que preguntar, escuchar sus miedos, sus dudas, sus alegrías, las maravillosas vivencias de su nacimiento como madre y del nacimiento de su hijo, porque escuchar lo que tiene que decir es precioso, puede ser intenso, a veces hasta doloroso, otras veces gozoso, pero siempre hermoso.
No sólo hay que oírle ¡hay que escucharle! sin prejuicios, sin querer tener la palabra exacta, sin siquiera pretender ayudarle, sólo estar, escuchar y después, mirarle. Mirarla así de radiante como es una madre puerpera, saber mirar detrás de las ojeras y el desvelo, detrás de los pañales y su desasosiego, porque ahí detrás (o tal vez delante) se encuentra una profunda sabiduría, un infinito amor, se encuentra, la vida misma, encarnada.

Hay que saber estar para y con ella, sin intentar entender, sólo estando, acompañando, cuidando, velando por ella y su instinto, si es posible, acallando las voces externas para que ella logre escucharse. Cada maternidad, cada madre, cada concepción, embarazo, parto, cesárea, cada hijo, cada historia es distinta, por eso es importante respetar, no aleccionar sino aprender y en todo caso compartir la propia experiencia.

Una tribu muestra con el ejemplo, acompaña, no alecciona. Una tribu cría en conjunto, contiene a la madre en su puerperio, se encarga de la psique de la madre para que así ella pueda encargarse de su cría.
Crían en conjunto, hijos, madres, padres, conviven en lo cotidiano, son partícipes en la educación de sus hijos, esos hijos que son un poco de todos, que aprenden a compartir (tengan o no hermanos), a convivir, a amar a otros seres humanos, el criar así no tiene más que beneficios para madre e hijos (padres también desde luego).

En la actualidad ya no solemos criar en tribu, en parte por falta de costumbre, en parte porque las ciudades, la urbanización, la distancia, los tiempos, “la modernidad” e individualismo nos crean la falsa idea de que criar en tribu es difícil, pero en realidad sigue siendo lo más fácil, lo más sano y amoroso, es posible, definitivamente ¡lo es!.

Una madre que se siente escuchada, contenida, mirada por otras madres, y a su vez puede devolver una mirada, es una madre acompañada, una madre que no se sentirá sola, por lo tanto una madre que no estará deprimida. Podrá estar triste, asustada, con miedo por momentos, pero no sola, el
saberse acompañada será el mejor, más efectivo y sano “antidepresivo”, ello le facilitará estar para si misma, y para su familia. Definitivamente, criar en tribu empodera de una forma indescriptible.

¡Feliz crianza!

PD Gracias tribu mía, por tanto que me han dado, por todo lo que me han quitado. Les admiro y quiero profundamente.

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Cada vez son más mujeres las que salen a trabajar, ya sea por necesidad o por realización personal y en ocasiones las juzgamos sin saber.

Valoremos más el esfuerzo que hacen muchas madres al salir de casa para ir a trabajar.

1.- No la juzgues por dejar a sus hijos en manos de otros: Los aman igual que otra mamá, la decisión de trabajar no fue fácil y encontrar a alguien lo suficientemente capaz para confiárselos fue mucho más difícil.

2.- Rechazas tus mejores oportunidades: Detrás de ese rechazo hay tiempo de calidad con sus hijos y con la pareja, tal vez deje pasar esa oportunidad pero habrá otras más, el tiempo con la familia es más valioso.

3.- Dejas de ser ama de casa al salir a trabajar: Grande error, regresa a su segundo trabajo al llegar a “descansar” y duerme menos por aprovechar el tiempo: ordenando, lavando, limpiando, etc.

4.- No pasas tiempo con tus hijos: Se sienten culpables por no poder estar más tiempo con ellos, pero siempre van a ponerlos en primer lugar, incluso antes que ellas mismas pues dejan de aprovechar su tiempo para dedicarlo a las necesidades de sus hijos.

5.- Tu escritorio es un caos: Cuando debe hacer su trabajo, pagar las cuentas, checar que en casa todo camine bien en su ausencia y tal vez deba comer algo de prisa sin poder despegarse de ahí porque no tiene otra opción. (No todo es justificado pero hay que comprenderlas un poco)

6.- Tú no eres ama de casa: La mayoría de las veces lo que se gana no es suficiente para pagarle a otra persona para que te ayude, así que aparte de salir a trabajar, también son amas de casa, eso es sin salario y pocas veces reconocido.

7.- No te hace falta una pareja: Si bien pueden ser lo suficientemente independientes, pero siempre van a tener la necesidad de tener una compañía estable.

8.- No tienes necesidad de trabajar: El que algunas veces cuentes con el apoyo de tu pareja y económicamente estén estables, no quiere decir que “no tengas necesidad de trabajar”, pues el desarrollo personal en las mamás también es IMPORTANTE.

9.- Nunca estás en casa: Claro porque además de salir a trabajar, debe de ser chofer de los niños para llevarlos a clase de ballet, futbol o algún cumpleaños infantil, citas médicas, juntas de trabajo o escolares.

10.- Nunca asistes a los festivales escolares: No sabes el estrés en el que se envuelve una mamá al tener que elegir entre un compromiso de trabajo y un evento escolar, lo cierto es que también somos inteligentes y jerarquizamos importancia. Si mi hijo  va a participar, claro que haré hasta lo imposible por estar ahí, si para él es algo importante, no lo dejaré solo. Pero si es un evento más para recaudar fondos que solo benefician a terceras personas, hablo con mis pequeños y aclaro desde un principio que es imposible asistir y siempre tener a alguien cerca que pueda estar con ellos.

Mirando con más atención la vida de una mujer que trabaja, te puedes dar cuenta que se desgastan el doble, pasé por eso y es muy difícil organizarse pero no imposible, solo es cuestión de adaptarse, lo que si es que debe de reconocerse que tienen un mérito mayor.

¡Felicidades a esa abogada, secretaria, maestra, doctora, enfermera y demás que aparte de brindarnos un servicio, cuentan con un título más importante, son MAMÁS!

 

Fuente: Chuy Cruz (@mamá extrema)

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Seguro que muchos han visto la película “Los padres de ella“, en la que Robert de Niro protagoniza el papel de un abuelo que intenta evitar que Ben Stiller (“Gay Lo Follen”), haga demasiado caso o incluso coja en brazos a su nieto, que pasa largas horas en la cuna, incluso cuando está despierto.

No lo cojas, que lo estamos ferberizando“ es la frase que le dice, aludiendo a que están utilizando el método Ferber (muy similar al aquí llamado método Estivill), en que evitan darle mucho contacto para conseguir que el niño se haga independiente.

El caso es que, como hemos comentado en muchas otras ocasiones (hace pocos días, por ejemplo, con la entrevista de Carlos González), la mayor parte de la sociedad sigue convencida de que los bebés y los niños, para crecer y desarrollarse adecuadamente, deben acostumbrarse a vivir con poco contacto y con pocos brazos.

Curiosamente, al mismo tiempo que diversas voces repiten una y otra vez que “no les demos demasiados brazos” hay quien dice (a veces incluso son los mismos) que los masajes son muy beneficiosos para los bebés. Ante este “¿y en qué quedamos?”, os comento un estudio realizado con bebés prematuros que concluye que el contacto con los bebés es primordial para su crecimiento y desarrollo.

El estudio en cuestión data de 1984. Sí, lo sé, tiene más de 25 años y aún tenemos que luchar para demostrar a los padres, a los abuelos, a los profesionales de la salud, a los psicólogos y psiquiatras, a los defensores del menor y a los contertulianos de los programas de debate que los niños pequeños necesitan contacto y caricias para crecer y desarrollarse saludablemente y que el amor, por sí solo, no crea seres incapaces socialmente, ni mucho menos.

Un cuarto de siglo y aún tenemos que hablar de las bondades de los masajes y de lo necesario que es para los bebés vivir cerca, muy cerca, de su madre. Qué le vamos a hacer, si hay que seguir hablando de ello, seguiremos haciéndolo (yo personalmente sólo soy uno más que se ha sumado al carro, así que tengo mucha energía todavía para seguir con ello 25 años más, por lo menos).

En qué consistió el estudio

Entrando a hablar del estudio, se trata de una investigación realizada con 20 recién nacidos prematuros cuya edad gestacional era de 31 semanas, que contaban con un peso medio al nacer de 1,280 gramos y que llevaban un tiempo medio en la unidad de cuidados intensivos de 20 días.

A estos bebés se les hicieron diversas escalas y mediciones, valorando el crecimiento, el comportamiento durante el sueño y la vigilia y el rendimiento de la escala Brazelton (con la que se valora la calidad de respuesta del niño a determinados estímulos y se determina, a partir del resultado, la cantidad de estimulación que necesita).

A todos ellos se les aplicó un “tratamiento” basado, básicamente, en darles un masaje. El masaje consistía en acariciar el cuerpo de los bebés y hacer movimientos pasivos de sus extremidades en tres sesiones al día, cuya duración era de 15 minutos, durante 10 días.

Los resultados se compararon con otros 20 bebés de similares características que no habían recibido dichos masajes.

Los resultados del estudio

Todos los resultados confirmaron que los bebés necesitan contacto para crecer y desarrollarse. Los bebés que habían recibido estimulación ganaron un 47% más de peso que los del grupo control (promedio de 25 gramos al día vs 17 gramos), eran más activos, estaban más alerta y más orientados en los periodos de vigilia, mostraron una mejor respuesta motora, una mejor maduración y lograron una mejor puntuación en la escala Brazelton.

Además de todo lo comentado, estos bebés estuvieron ingresados 6 días menos que el otro grupo, generando un ahorro al sistema de salud de unos 3.000 dólares por niño.

Conclusión

Bien, no creo que haya que comentar nada que no sea evidente. El ser humano es sociable por naturaleza (por eso vivimos en sociedades) y demuestra la calidez y el amor mediante el uso del contacto y las caricias.

Los bebés se desarrollan mejor y crecen más estables y con una mayor autoestima en un clima cálido y amoroso que en un ambiente hostil y distante. Como la mejor manera de crear un clima donde abunde el amor y el cariño es mediante el contacto, las caricias y los susurros (entre otras muchas cosas), es lógico concluir que cuanto más contacto, mejor crecimiento y desarrollo tendrá un bebé, sobretodo si es en los primeros días, semanas y meses, que es cuando más inmaduros son ellos y por lo tanto cuando más lo necesitan.

 

Fuente: www.bebesymas.com

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Cada vez hay más estudios que señalan que retrasar el momento de cortar el cordon umbilical aporta más beneficios al bebé. A finales de 2014, un estudio de la Universidad de Granada y el hospital Clínico San Cecilio de Granada publicado en «Pediatrics» afirmaba que retrasar el corte del cordón umbilical de los recién nacidos durante dos minutos causaba un mejor desarrollo del bebé durante los primeros días de su vida. Ahora, un informe que aparece en «JAMA Pediatrics» afirma que ayuda a prevenir la deficiencia de hierro durante la infancia, además de mejorar las habilidades de motricidad fina y sociales de los niños a los 4 años, aunque no se asocia con ningún efecto sobre el coeficiente intelectual o la conducta en general.

La deficiencia de hierro es un problema de salud mundial entre los niños en edad preescolar que se relaciona con alteraciones del neurodesarrollo que pueden afectar a sus capacidades cognitivas, motoras y conductuales. Los expertos creen que retrasar el pinzamiento clampaje del cordón umbilical durante dos o tres minutos después del parto permite que la sangre fetal que queda en circulación en la placenta pueda ser transfundida al recién nacido. Y este proceso, aseguran los investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), se ha asociado con un mejor nivel de hierro a los 4 a 6 meses de edad. Sin embargo, debido a que no hay mucha información sobre los efectos a largo plazo y sobre su seguridad, no hay recomendaciones claras sobre cuál es el momento idóneo para hacer pinzamiento del cordón en recién nacidos a término.

Ola Andersson y su equipo han realizado un seguimiento de un ensayo clínico aleatorizado para evaluar los efectos a largo plazo en el desarrollo neurológico en los niños a los 4 años. Así evaluaron 263 niños mediante tests de inteligencia, de desarrollo y el comportamiento. Y vieron que en 141 niños se llevó a cabo un pinzamiento tardío del cordón tardío (mayor o igual a tres minutos después del parto) y en 122 niños en fue menor o igual a 10 segundos.

Mejor motricidad

 

Los resultados no mostraron diferencias en cuanto al CI entre los dos grupo, pero sí en relación al neurodesarrollo. Los niños a los que se cortó más tarde el cordón tenían puntuaciones más altas en las pruebas de habilidades de motricidad fina, personal y social, aunque solo en los niños, no en las niñas.

En un editorial que acompaña al estudio, Heike Rabe, del hospital Universitario de Brighton (Inglaterra) cree que estos datos, a más largo plazo, hacen desaparecer las dudas sobre las seguridad de retrasar el pinzamiento. «El estudio cierra el debate sobre la seguridad a largo plazo de retraso en el corte del cordón umbilical en los recién nacidos a término».

«Siempre que sea posible»

En este sentido, Miguel Sáenz de Pipaón, de la Sociedad Española de Neonatología, señala que esta sociedad de hecho recomienda que se haga el clamplaje tardío de cordón umbilical, de 2 o 3 minutos, «siempre que sea posible», ya que cada vez hay más evidencias de que es «beneficioso para la salud del niño». En su opinión, a medida que hay más evidencia los efectos positivos para el niño, «habrá que integrarlo en el protocolo del acto del nacimiento de forma rutinaria».

En opinión del experto de la Asociación Española de Pediatría, cada vez estamos viendo que cosas sencillas, como el hecho de retrasor 1 o 2 minutos el pinzamiento del cordón, puede tener consecuencias sobre la salud de los niños. Y, añade, lo mismo ocurre con la «cesárea, que no es igual de beneficiosa que el parto natural, o con el hecho de dar o no el pecho». Decisiones aparentemente sencillas, concluye, que tendrán un «efecto a largo plazo sobre la salud del niño.»

 

Por: http://www.abc.es/salud/

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Miércoles, 13 Abril 2016 00:45

CREO QUE NO VOY A PODER

Lo que es un parto escrito por una doula, me enamore de su escrito espero les guste.

Tengo que escribir con urgencia este texto porque me quema en los dedos la necesidad de compartir la experiencia de un parto muy reciente… El nacimiento del que voy a contarles no es más que un pretexto para abordar un tema del que quiero hablar hace tiempo. ¿Qué es lo que se debe “lograr” en un parto? ¿Qué es un éxito y qué un fracaso? 

La historia de este parto entró, desde mi perspectiva, en la categoría de éxito rotundo. Un equipo de médicos impresionantes que trabajó en armonía con los padres, las enfermeras y conmigo, la doula, durante 17 horas. Una mujer segura y valiente, un padre dispuesto a volcarse por completo en la tarea de acompañarla, un equipo sensible que supo “entonar” con la frecuencia de esa madre y un bebé rosado y hermoso que se quedó en sus brazos... Me fui esa noche a casa con el corazón satisfecho. 

El plan original para este nacimiento era tener un parto en al que la mujer pudiera decidir lo que quería y los demás estuviéramos preparados para proveerlo, y eso fue exactamente lo que sucedió. Después un largo rato de contracciones muy intensas y cuando el bebé estaba a punto de nacer, ella pidió un bloqueo. Ya ni los masajes, ni las caricias, ni la música, ni la aromaterapia, ni los rebozos, ni el agua caliente de la tina, ni la noticia de que estaba por nacer su bebé, ni siquiera el contacto de sus dedos en la cabeza que asomaba podían conformarla. Cuando dijo que si no le ponían anestesia no iba a poder pujar, su médico la hizo salir de la tina y le aplicó el bloqueo en un banquito de parto para hacerlo de la forma en que fuera menos molesto para ella. Una vez con la anestesia, como había prometido, se puso a pujar con todo y a los 10 minutos nació su hijo… perfecto y hermoso, que fue colocado de inmediato en su pecho.

Cuando la llamé al día siguiente para ver cómo se sentía su respuesta fue “me quedé con las ganas de un parto en agua, me gustaría haberlo logrado”. Creo que en ese preciso instante vinieron a mi memoria una catarata de escenas similares en las que me había quedado una sensación extraña de vacío. Vinieron a mi recuerdo mujeres con partos maravillosos que se dirigían al quirófano con ojos llorosos porque la frecuencia cardiaca de sus bebés se había alterado, mujeres que se sentían fracasadas por haber pedido un bloqueo, mujeres que de una u otra forma sintieron que habían fallado… No puedo negar que cuando esto ocurre, yo siento que algo falló en mí también. ¿Qué es entonces lo que hay que lograr en el parto? ¿Qué hay que demostrar? ¿A quién?

Después de haber acompañado algunos nacimientos, ésta es mi mirada… El parto no es una carrera en la que el objetivo es llegar a la meta, se parece más bien a un bufet maravilloso, lleno de cosas buenas. En el parto paladeamos sabores nuevos y extraordinarios; el de nuestra fuerza interior que hasta entonces nos era desconocida, el del amor incondicional de los que nos acompañan y lloran con nuestro llanto, el de la fuerza de la vida que se abre paso y el de la maternidad que se despliega como las alas de una mariposa que sale de su capullo… Paladeamos la extraña combinación entre el más intenso de los dolores y la más concentrada de las alegrías. El parto es en verdad maravilloso, tanto que hay quienes hemos quedado completamente embriagados por su elixir y no podemos más que vivir sumergidos en él. Salir de esta mesa tan ricamente servida, lamentando que no hubiera cacahuates me parece una tristeza. Y ahí es donde siento que está mi falla…

Estoy enamorada del nacimiento y cada vez que una mujer siente que lo que la hace exitosa o fracasada tiene que ver con lograr un parto sin anestesia, o en el agua o en la casa, siento que algo falló en mi capacidad para transmitir lo verdaderamente importante… así que este texto es un nuevo intento; espero que llegue a oídos dispuestos a escucharlo. 

Parir es abandonarse en las aguas de un océano grande y poderoso que nos trasciende, y una vez pasada la marea, sentarse a contemplar a dónde nos ha llevado su oleaje. El parto está fuera de todo intento de control y domesticación, es un acto único y arrollador, una oportunidad de mirar el mundo con ojos nuevos.  La mujer necesita un entorno contenido, seguro, amoroso y digno que le permita entregarse con confianza al oleaje de su vientre. ¿Qué habría entonces que lograr? Entregarse simplemente lo es todo.

En mi balance no es más exitoso un parto sin bloqueo que uno en el que la madre fue anestesiada. No es más exitosa la mujer que tuvo un parto en agua que la que enfrentó una cesárea. Qué se lleva uno del parto es lo importante. Yo me quedo con todas las horas en que hemos trabajado juntos al ritmo de sus vientres, con las risas y los llantos compartidos. Con el apoyo incondicional de los hombres capaces de hacer literalmente cualquier cosa, desde dar un beso en el momento preciso hasta arreglar las tuberías de un hospital entero, para que sus mujeres se sientan amadas. Me quedo con los buenos médicos que sujetan la mano de las mujeres cuando se sienten perdidas, que les dicen las palabras precisas que hacen que los nacimientos avancen. Me quedo con sus cabezas sumergidas en mis rebozos, con el balanceo, con el canto y las habitaciones embriagadas de olor a mandarina y vida. Me quedo con el llanto de los esposos cuando reciben a su hijo en brazos, con su asombro al cortar los cordones. Me quedo con la mirada atenta de los niños en los pechos de sus madres, con el carácter único e irrepetible de ese primer encuentro en el que los padres miran a su bebé para reconocerlo, sus brazos, sus piernas, sus dedos. Me quedo con la felicidad de las familias que desfilan por las salas de espera y las habitaciones de los hospitales haciendo del nacimiento una fiesta. Me quedo con todo!!! En mi balance, todo nacimiento respetado es un éxito.

 

Por Mercedes Campiglia

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