Viernes, 05 Agosto 2016 04:28

Mi desafiante lactancia.

En esta semana mundial de la lactancia 2016 quiero compartirles mi experiencia como madre lactante, la que  coincide con el cumpleaños número uno de mi hijo. 

 Como muchas de ustedes las últimas semanas del embarazo se pasaron lento, en la espera que mucho desespera, pues mi hijo decidió nacer en la semana cuarenta con cuatro días. Nos habíamos preparado para el parto, teníamos carta de alojamiento conjunto y plan de parto listos y firmados por los médicos. ¿Y de lactancia? Pues era algo natural, algo que se iba a ir dando ¿no?; esto es un poco utópico pues ese instinto mamífero no siempre ‘aparece’ instantáneamente, ya que traemos con nosotras todo un bagaje de pensamientos y conocimientos adquiridos o simplemente estamos desconectadas.

Para nuestra fortuna el equipo médico estaba a favor de la lactancia en hechos y no palabras. Pude tener un parto en un ambiente armonioso abrazando desde el primer instante a mi bebé. El pediatra nos ayudó a lograr un apego precoz (apego natural e inmediato) ya que no permitió que lo bañaran, ni le suministraran (biberones con glucosa)  y apenas terminaron las valoraciones necesarias lo puso sobre mi pecho para que pudiera tener un agarre espontaneo. Fue  el guardián de nuestra hora sagrada, gracias a ello pudimos tener un buen comienzo .En el momento que optamos por alojamiento conjunto no sabíamos muy bien que significaba o si realmente podríamos hacerlo, pues venían a la mente pensamientos de temor por los comentarios de que estaríamos demasiado cansados para poder hacernos cargo del bebé. Pero decidimos seguir adelante y mejor aún hacerlo en intimidad pues no recibimos visitas en el hospital.  

Ya en casa solos los tres empezaba la verdadera prueba de fuego. Había escuchado que empiezas a conocer a tu bebé y sabes cuándo llora de hambre, dolor y también cuando te está “manipulando”, pero como yo no tenía idea de a qué se refería la gente con esto, pues me opte por un método sencillo: si llora lo pego a la teta, si se queja, a la teta, si despierta a la teta, si ya le cambie el pañal a la teta… esa fue mi libre demanda sin saberlo.

Pasaron los primeros dos días y comencé a sentir ardor en los pezones, habían cambiado a un tono rojizo, sentía que algo no estaba bien en ‘algún’ lado alguien me dijo que lactar no debía doler. En casa decían que era normal que debía hacer ‘callo’ y un montón de mito más. Me tuvieron a caldo de pollo y sin tomar nada frio. Muchos de los consejos que recibía se contradecían.  

Veía y sabía que otras amigas o conocidas rápidamente habían desistido a la lactancia, porque era algo que no a todas se les daba; me metí a internet buscando verdaderas respuestas, información respaldada o certera y ahí encontré el grupo de ‘Asesoras de Lactancia Online’ donde pude identificar que había otras madres pasando por la misma situación; fui a un grupo de apoyo a la lactancia materna en mi cuidad, acudí a cursos con una doctora especialista en lactancia materna (online pues ella está en Tenerife),  esto me fue llevando cada vez más a adentrarme al mundo de la lactancia. Leía libros sobre lactancia para ir reclutando información al respecto.

Fui descubriendo y conectándome conmigo misma y por supuesto con mi hijo. Me llene de fe y convicción en mí, en mi cuerpo, en la naturaleza perfecta que nos permite alimentar a nuestras crías, por supuesto que tenía la información que sustentaba esto. Comprendí que la lactancia no es solo que sea lo mejor o que sea un superalimento, realmente es lo natural, lo que corresponde a nuestra especie.

Cuando alguien que no conoce mis batallas me dice que a mí "se me dio fácil la lactancia", me rio... rio y pienso en el precio que he tenido que pagar para poder lograrlo, todo lo invertido en dinero, esfuerzo, paciencia y valor para vencer la ignorancia. Eso fue lo que principalmente me motivo a convertirme en asesora de lactancia, saber que si es posible cuando se quiere y se lucha por ello. Hay que tener la voluntad de hacerlo;  habrá días que dices ya no poder más, pero “hoy, no es siempre” habrá días difíciles y días llevaderos; la lactancia vale la pena, mejor dicho vale la alegría.  El éxito de mi lactancia se lo debo a dos simples reglas: siempre buscar ayuda en el lugar adecuado y tener la confianza suficiente para saber que puedo lograrlo. 

 

Historia de mi parto:

http://motherslove.com.mx/blog/item/80-la-llegada-de-isaac

Artículos sobre “piel a piel” o “apego precoz”:

http://apps.who.int/rhl/newborn/hscom2/es/

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/claves-para-amamantar-con-exito/la-importancia-de-la-primera-hora-para-el-exito-de-la-lactancia-materna/

http://www.bvs.sld.cu/revistas/enf/vol27_4_11/enf10411.htm

Mitos sobre la lactancia:

http://www.llli.org/lang/espanol/ncvol17_4_05.html

http://www.onmeda.es/mi_hijo/falsos_mitos_sobre_lactancia.html

Lactancia emocional:

http://www.maternidadcontinuum.com/2013/09/aspectos-emocionales-en-la-lactancia-materna/

Publicado en Blog

La gestación en los humanos dura aproximadamente 38 semanas, 266 días, desde la concepción hasta el nacimiento. El bebé no es capaz de sobrevivir por sí mismo fuera del útero materno, es un ser indefenso que necesita que se le proporcionen cuidados básicos como alimento, protección y contacto físico permanente.

El nacimiento no es un antes y un después, una separación entre la madre y el bebé, sino una continuación de esa dependencia pero fuera del útero, lo que se conoce como exterogestación del bebé o los segundos nueve meses de "embarazo".

 

Nueve meses dentro del vientre, nueve meses fuera.

Al menos durante los nueve meses posteriores al parto, el bebé necesita sentir el calor, la protección y el confort que sentía dentro del vientre de su madre mientras se adapta a la vida extrauterina.

Seguro que les  viene a la mente la imagen de la mamá canguro gestando al bebé en su bolsa. Las crías canguro nacen con un estado de desarrollo muy incompleto por lo que se arrastran hasta el marsupio en el vientre de su madre donde necesitan pasar mucho bebiendo su leche hasta que están desarrolladas.

Los seres humanos también nacen poco desarrollados y necesitan continuar "gestándose" fuera del útero. Pero claro, los humanos no tenemos marsupio, esa bolsa que funciona a modo de incubadora, por tanto tenemos que proporcionarle a nuestras crías cuidados similares. ¿Cómo? Con mucho contacto físico piel con piel y crianza en brazos, llevando al bebé en brazos y porteándolo el mayor tiempo posible.

Gestación exterior o exterogestación, ¿qué es? Con sólo observar a un bebé recién nacido podemos ver que es incapaz de sobrevivir por sí mismo. Necesita calor, alimento y nuestra protección para saberse fuera de peligro. Tampoco puede comunicarse con palabras, sólo el llanto, ni puede desplazarse por sí mismo como sí hacen otros mamíferos nada más nacer.

En el momento del nacimiento el bebé atraviesa una transformación, pasa de la vida dentro del útero a un mundo completamente diferente. Supone un cambio muy grande, por tanto, esta adaptación debe ser paulatina, necesita seguir sintiéndose dentro del útero materno estando fuera.

La cercanía a la madre durante los primeros meses de vida favorece en el bebé la regulación del desarrollo de sus sistemas aún inmaduros al nacer.

 

Cuarenta semanas son muy poco tiempo de embarazo

Las 40 semanas de embarazo, 38 desde el momento de la concepción, son muy poco tiempo de gestación para el ser humano.

A lo largo de la historia de la evolución, el embarazo ha ido reduciendo su duración. Debido al aumento del tamaño del cerebro y de la cabeza sumando al estrechamiento de la pelvis el comenzar la bipedestación, los seres humanos han tenido que reducir la madurez de sus sistemas para poder atravesar el canal de parto y poder nacer. La gestación humana se ha tenido que acortar haciendo que naciéramos indefensos e inmaduros.

Los simios nacen apenas dos semanas después que los humanos, pero su nivel de desarrollo es mayor. Mientras que el cerebro humano ha desarrollado un 25 por ciento al nacer, el del simio lo ha hecho el doble. A lo largo de la vida, todas nuestras etapas de desarrollo (infancia, pubertad, adultez) son mucho más largas. Por tanto, el embarazo también debería serlo.

Según Portman, para alcanzar el estado de desarrollo de un mono recién nacido, la gestación del ser humano debería ser de aproximadamente 21 meses. Otro investigador, Kovacks lo fijó entre 18 y 20 meses, mientras que según Bostok la gestación ideal para un ser humano recién nacido sería cuando comienza la locomoción cuadrúpeda (movimiento en cuatro patas), cuando en teoría sería capaz de escapar del peligro por sus propios medios. En el bebé humano esto sucedería al comenzar a gatear, alrededor de los nueve meses, por eso se habla de la exterogestación como los segundos nueve meses.

 

El cerebro inmaduro del bebé

El bebé nace con un cerebro muy poco desarrollado. Otros órganos como el corazón o los pulmones han completado su desarrollo para permitirle sobrevivir fuera del útero, pero el cerebro acabará de crecer y madurar fuera.

Al momento de nacer el cerebro establece pocas conexiones neuronales y representa apenas el 25 por ciento del tamaño que tendrá en la edad adulta. De hecho, la mayor parte del desarrollo del cerebro se produce fuera, especialmente en los primeros años de vida alcanzando a los cuatro años 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda su vida.

Es por ello que las experiencias vividas en los primeros años de vida son claves para el desarrollo de su cerebro. Aunque cuando sea adulto recordará muy poco de esos años, todo lo que viva y los cuidados que reciba determinarán en gran medida su vida futura.

Al menos esos segundos nueve meses de "gestación" tras el nacimiento son necesarios para completar mínimamente su desarrollo. A partir de esa edad, entre los nueve meses y el año, el bebé comienza a interactuar con el mundo que le rodea, más allá de sus cuidadores.

El comenzar a desplazarse por sí mismo, gateando y luego por su propio pie, es la evolución natural del ser humano que ahora sí comienza a sentirse confiado para explorar y descubrir lo que el mundo tiene para ofrecerle.

 

 

Por: http://www.bebesymas.com

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Expertos señalan las terribles consecuencias que tendrá para los niños en el futuro.

Muchas madres creen que es útil dejar llorar a sus bebés para que no se mal acostumbren, para que no aprenden a pedir las cosas llorando o también como una forma de que se calmen y les de sueño.

Esta técnica es conocida como la espera progresiva y fue creada por el neurólogo y pediatra de la Universidad de Harvard en el hospital infantil de Boston (Estados Unidos), Richard Ferber.

Sin embargo, cuando un bebé llora sin que sus padres acudan en su ayuda tendrá consecuencias físicas y psíquicas, ya que es su forma de demostrar que tiene hambre, sueño o está sucio. Dejarlo llorar producirá estrés en el menor y en el largo plazo, problemas de crecimiento y aprendizaje.

Según señaló Karl Heinrich Brisch, jefe del servicio de medicina psicosomática del hospital infantil de la Universidad de Múnich, cuando a un niño lo dejan llorar “aprenden muy pronto a activar un programa de urgencia en su cerebro, muy similar al acto reflejo de la tanatosis observado en algunos animales que ven su vida amenazada, y que consiste en simular la muerte”, consignó Clarín.com.

En ese sentido, una opinión similar tiene la directora del Instituto de Pedagogía infantil de Baviera, Fabienne Becker-Stoll, quien precisa que “si se deja que los bebés lloren, éstos pueden quedarse traumatizados. Para ellos, la falta de reacción por parte de sus progenitores significa: ‘Puedes llorar todo el tiempo que quieras; nadie va a venir a ayudarte’. Y esto acaba frecuentemente en traumas afectivos, problemas de sueño, ansiedad, dependencia y síntomas depresivos”.

 

Por: http://www.facemama.com/

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