La leche humana contiene más de doscientos azúcares distintos, cuatro veces el de la leche de vaca, que ayudan a que el niño desarrolle su sistema inmune

A simple vista, la leche materna puede parecer un alimento más, especialmente nutritivo, quizá, o mejor adaptado a las necesidades del bebé, pero poco más. Sin embargo, la percepción es errónea. Durante millones de años de evolución, ese líquido se ha perfeccionado para convertirse, además de en un alimento fundamental, en una vía de comunicación por el que la madre transmite a su hijo herramientas críticas para su supervivencia. Dar el pecho reduce la mortalidad infantil y las infecciones, y se ha relacionado con un menor riesgo de obesidad. Y los beneficios para la salud también alcanzan a la madre, a quien la lactancia protege frente al cáncer de mama.

La importancia de la leche materna en el desarrollo humano la convierte en un interesante elemento de estudio, pero su complejidad hace que los científicos aún no hayan sido capaces de desentrañar sus secretos. “La leche materna es tan compleja y tan rica en factores bioactivos (proteínas que estimulan el sistema inmune, proteínas antimicrobianas, anticuerpos…) que no se puede sustituir con ninguna versión artificial”, explica Thierry Hennet, investigador del Instituto de Fisiología de la Universidad de Zurich (Suiza). Hennet, que acaba de publicar una revisión sobre los esfuerzos para comprender este producto en la revista Trends in Biochemical Sciences, añade que la “producción de una fórmula infantil que incluya todos los constituyentes de la leche materna sería tan cara que nadie podría permitírsela”.

El periodo fundamental de la lactancia es el primer mes, cuando ayuda a formar el sistema inmune del bebé

La leche que produce la madre va cambiando para adaptarse al desarrollo del bebé. Por un lado, varía la cantidad. Al principio, cada pecho produce, de media, 450 gramos de leche diarios. Quince meses después, dependiendo de la frecuencia con que se dé de mamar, la producción diaria puede alcanzar los 200 gramos. Además, cambia la composición. Una de las funciones básicas de la leche materna es construir el sistema inmune del bebé. Esta tarea ya se había descrito en 1903 y se vinculó a la presencia de anticuerpos en la leche. Ahora se sabe también que la cantidad de anticuerpos maternos es mucho mayor durante el primer mes de vida del bebé. Después, cuando el pequeño ya ha empezado a construir sus propias defensas, el porcentaje de anticuerpos de la madre en la leche cae un 90%.

La complejidad a la que se refiere Hennet se puede asociar a las más de 200 diferentes moléculas de azúcar que se encuentran en la leche humana, muy por encima de las alrededor de 50 que se pueden encontrar en la leche de vaca. Aunque aún no se conoce con precisión la labor de estos azúcares, se cree que una de sus funciones consiste en alimentar las bacterias que deben colonizar el intestino del bebé, que nace sin estos microorganismos que determinarán buena parte de su salud futura.

Todos estos beneficios para la salud del niño han hecho que la Organización Mundial de la Salud recomiende que el bebé se alimente del pecho de su madre durante sus primeros seis meses de vida, y después durante al menos un año y medio más como complemento de la comida sólida. “A partir de ahí, si se quiere y se puede continuar, mejor”, apunta Nadia García Lara, responsable del banco regional de leche materna del Hospital 12 de octubre en Madrid.

Las leches maternas sintéticas han mejorado, pero no han logrado reproducir la complejidad de la original

“Desde el punto de vista científico, la superioridad de la lactancia materna es abrumadora, pero entre los 50 y los 90 hubo una fuerte influencia de la industria láctea, que promocionó las leches artificiales”, cuenta García Lara. “Otro tema es que, pese a todos los beneficios que conocemos, que se amplían cuando se prolonga la lactancia, la lactancia materna es muy difícil y requiere mucho apoyo por parte de la sociedad”, continúa. “Aunque se están mejorando las leches artificiales, y se logre sintetizar muchos de sus componentes, su valor se encuentra en la composición global, en la interacción de sus componentes, e incluso en la genética y la flora microbiana de la madre”, añade.

Hennet concluye su trabajo reconociendo que, independientemente de las virtudes biológicas de la lactancia, no es una labor de los científicos decidir hasta cuándo debe una madre dar el pecho. Esas decisiones, afirma, "le corresponden a las familias".

 

Fuente por: http://elpais.com

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Si hay una frase que aprendí a detestar cuando sale de boca de extraños y conocidos cuando mi bebé quiere estar solo conmigo es: ¡Pero qué pegada está a la mamá! ¡Tiene mamitis! En mi mente, y muchas veces en mi cara, se refleja lo que pienso: ¡Sí obvio!, soy la mamá, no sólo la que la parió, sino la que está con ella día y noche, cada segundo de su día y del mío, por gusto mutuo.

¿Cuál es el problema con que un bebé  esté pegado a su mamá? Ninguno. Sin embargo, existe un afán enfermizo y sin sentido de querer que los bebés apenas nazcan sean “independientes”.

¡¿Qué?!

¡Son bebés por Dios! El ser más importante y necesario para ellos se llama M A M Á.

Pero no va a faltar la gente que no deje de decir que tu hijo es un malcriado. Respondo a sus llamados cada que ella lo hace y ¿qué?, me miran como: ¿Qué te pasa la estás mal criando?
Frases que me taladran el corazón de personas que no tienen hijos como: Ándale cúmplele todo, te está manipulando y tú la estás volviendo una caprichosa. ¡No me cabe! “¡Déjala llorar para que aprenda!”

Un rotundo ¡NO! ¿Cómo pueden hacerle esto a su bebé, tan pequeño, tan indefenso..

Existe algo que se llama el apego seguro. Yo no tenía idea de que existían teorías elaboradas producto de años de estudio sobre el tema, simplemente por puro instinto, el apego no ha faltado en la crianza de mis hijos.

Pero tal vez la próxima vez que alguien diga sorprendido que mi bebé es apegada a mí, recitaré su definición cual si yo fuera una enciclopedia.

Apego seguro: es la relación emocional no verbal entre un bebé y su cuidador principal, definido por respuestas emocionales a las necesidades del bebé expresadas a través de movimientos, gestos y sonidos. El éxito de esta relación no verbal le permite al bebé sentirse lo suficientemente tranquilo y seguro para desarrollarse plenamente y esto afectará la manera cómo va a interactuar, comunicarse y relacionarse a lo largo de toda su vida.

Por supuesto, como todo en la vida, hay dos caras de la misma moneda. Leyendo sobre el tema encontré esto explicado en varios textos muy claramente: Un apego seguro le proporciona al bebé una base óptima para su vida: deseos de aprender, sana consciencia de su propio ser, confianza, consideración por los demás. En contraste, un apego inseguro –aquel que falla porque no satisface las necesidades de seguridad y comprensión que tiene el bebé- puede llevar a confusión sobre su identidad, dificultades para aprender y relacionarse con los demás y su entorno.

Aquí te comparto otros datos interesantes sobre el apego seguro:

·         Los bebés forman un apego seguro con una sola persona, la que les cuida principalmente –que generalmente es mamá-  y responde a sus necesidades emocionales, pero pueden conectar amorosamente y formar otro tipo de apego con otras personas que también los cuidan.

·         El apego seguro es una relación de ida y vuelta, un proceso interactivo en el cual tu lees las señales de tu bebé y él o ella, lee las tuyas.

·         Las sonrisas reflejas, el llanto, el balbuceo y la necesidad de estar en brazos son las conductas que el bebé utiliza para vincularse con sus papás. Con este repertorio los bebés se niegan a la separación de la principal figura de apego: mamá.

·         El apego seguro es la plataforma desde el cual el bebé explora y descubre el mundo.

·         El amor que sientes por tu bebé no es el único ingrediente necesario para lograr un apego seguro. Además de amarlo debes tener la habilidad para manejar tu estrés (ya sabes que los bebés lo pueden sentir) responder a las necesidades emocionales de tu bebé y calmarlo con éxito.

·         Responder siempre a las necesidades de tu bebé NO lo va a malcriar. Al contrario, mientras más respondas a las necesidades de tu bebé, menos mal criado va a ser a medida que crece. El apego crea confianza y está comprobado que los niños que crecen con un apego seguro tienden a ser más independientes.

 

Así que la próxima vez que alguien te diga que tu bebé está muy pegado a ti, como si eso fuera una catástrofe, aquí tienes varios argumentos para dejarlos callados.

A disfrutar del apego con caricias, besos, abrazos, cosquillas, juegos, risas… a vivir plenamente el amor incondicional.

Y los demás… que opinen sobre su propia vida.

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Puede que la imagen de un bebé cubierto de una sustancia pastosa amarilla no sea la imagen ideal de un bebé recién nacido que todos tenemos en mente. En muchos hospitales, lo primero que se hace nada más nacer el bebé es bañarlo, para que esté limpito y presentable para las visitas, pero los bebés no nacen sucios y ese primer baño puede esperar.

 

El bebé nace cubierto por una sustancia grasa y pegajosa llamada vérnix caseosa o unto sebáceo que empieza a generarse alrededor de la semana 20 de gestación para proteger su delicada piel de los efectos irritantes del líquido amniótico y de la deshidratación impidiendo que se agriete. Pero después de nacer, también tiene una importante función.

 

No todos lo bebés nacen cubiertos por esta sustancia, puesto que su producción disminuye a partir de la semana 36 y desaparece casi totalmente a la semana 41. Pero la mayoría nace con algún resto de vérnix que suele acumularse en la espalda, en los pliegues de flexión y en el cuero cabelludo. Este unto de consistencia similar al queso está formado por una mezcla de secreciones sebáceas, lanugo y células de la piel descamadas del bebé.

 

Entre sus beneficios, los recién nacidos que mantienen el vérnix en su piel tienen un mejor mantenimiento térmico, menos cantidad de lesiones, una mayor hidratación cutánea y mayor elasticidad en su piel.

 

Además, por su contenido en péptido antibacterianos, el vérnix es una barrera contra infecciones bacterianas y hongos, actuando como primer escudo del sistema inmunitario.

 

De modo que no hace falta bañar al bebé nada más nacer. Por el contrario, por su alto contenido en propiedades protectoras para la piel, algunos especialistas recomiendan incluso frotarlo suavemente para que sea absorbido de forma natural.

 

 

 

Por: http://www.bebesymas.com

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Martes, 02 Agosto 2016 01:09

Soy primeriza vs. soy madre reciente.

 

Primero que todo debo confesar que el término “primeriza” me hace querer golpearme la cabeza, tal parece que se trata de un argumento para la ignorancia en el papel de madre, lo triste es que muchas veces somos las mismas mujeres las que nos creemos esta etiqueta de tal forma que comenzamos a usarla como escudo cuando tenemos dudas o no sabemos qué hacer. Y esto es completamente normal ya ninguna madre, sea número de hijo que sea, se puede considerar realmente experta pues siempre hay algo que aprender y cada hijo (y embarazo es distinto). No se me hace justo que nos infantilicen haciéndonos sentir que no somos aptas para hacernos cargo de nuestros hijos. 

Estoy a favor de buscar información que nos permita tomar decisiones correctas, pedir ayuda y preguntar las veces que sea necesario. El desconocimiento nos lleva a creernos mitos que lejos de ayudar pueden perjudicar mucho el desarrollo de nuestra maternidad y crianza como padres. Pero informarse no lo es todo, necesitamos comenzar por conectarnos con nuestros instintos, esa corazonada o sexto sentido que nos da confianza para hacer las cosas y nos lleva hacer lo mejor para nuestros hijos. Volver a la naturaleza mamífera.

Tal vez pienses que no sabes nada de cómo cuidar y criar a un bebé, pero estás diseñada para hacerlo solo necesitas conectarte con tu instinto. Imagina esto, si nadie nunca tú hubiera dicho que con lo mucho que lo cargas los vas a enmadrar o mal acostumbrar y escucharas llorar a tu bebé ¿qué es lo que harías? Acaso no querrías consolarlo, no estarías dispuesto a mantenerlo cerca, olerlo, acariciarlo, tomándolo en brazo para confortarlo.  Una madre reciente o unos padres recientes deben tener el tiempo y espacio necesarios para poder vincularse con su hijo.

No existe un solo modelo de crianza, pero si debemos de cuidar de aplicar estrategias que estén basadas en el amor y respeto hacia nuestros hijos. Comprendamos que son otras personas, con otro carácter y otros gustos; que nuestro deber como padres es guiarlos por la vida, ir educándolos  (no amaestrarlos). Criemos desde el amor y empatía así no podremos equivocarnos.

 

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Partiendo que el sentido común es uno de los menos frecuentes o puede contener un sin fin de variantes, te dejamos algunos puntos importantes a considerar al momento de ir a ver a un recién nacido. Y si estás embarazada puedes hacer llegar la información a tus seres queridos para que estén preparados.

 

1.     Si no tienes la suficiente confianza con los recientes papás no vayas al hospital.

Deberíamos iniciar preguntando cuál es el deseo de los padres y no dar por sentado que gustosos nos recibirán en el hospital. Pero por regla general este primer consejo es sumamente importante y te indicamos los motivos:

– una mujer recién parida suele estar muy cansada, sangra bastante y está en camisón, así que no es muy cómodo o no se está de humor para atender visitas.  
– la mamá necesita tranquilidad para dar el pecho a su bebé (y quizás no quiere que todo el mundo le vea…)
– los papás llevan nueve meses esperando a conocer a su bebé y se merecen estar tranquilos para hacerlo.

– el bebé está adaptándose al mundo, lo único que quiere es a su mamá (que es lo único que conoce)

 

2.     Las visitas deben ser muy cortas

Si los padres acceden a recibir visitas, procura que la estancia no se prolongue y no des más que hacer, no te instales y ni se te ocurra quedarte a comer (aun te lo ofrezcan por cortesía). La mamá quiere dedicarse a cuidar a su bebé no a escuchar a las visitas y a narrar mil veces la experiencia de su parto. Y además, los bebés comen muy a menudo y necesitan que se les cambie el pañal muchas veces, así que los papás están demasiado ocupados como para atender a las visitas.

 

3.     Siempre avisar antes de ir

¡Nada de visitas sorpresa! La casa podría estar desarreglada, la mamá en ropa cómoda o con las tetas al aire, o puede por fin haber logrado conciliar unas horas de sueño o muchas otras cosas que las visitas no tienen por qué saber. Llegar sin avisar puede causar grandes incomodidades a todos.

 

4.     Evitar visitar por la noche (después de las 6 de la tarde)

Muchos, sobre todo la gente que no tiene hijos puede no entender este punto pero es importante pues a partir de cierta hora, muchos bebés empiezan con una rutina de baño, masaje, cena y a dormir. Una visita a esa hora puede echar a perder todo eso y provocar una mala noche al bebé y a sus padres.

 

5.     Cuantas menos opiniones mejor.

Una mujer recién parida tiene las hormonas revueltas y cualquier comentario (aunque sea con la mejor intención) puede hacerle mucho daño. Además, su cabeza no tiene la claridad suficiente como para contestar y razonar sus respuestas por lo que no es justo someterla a eso. Se debe mantener la prudencia y si aun así quieren meter su cuchara que sea con la mayor empatía posible. Una madre recibe miles de opiniones y muchas de ellas contradictorias, esto puede marearla, así que mucha ayuda el que nada aporta.

6.     Si ofreces ayuda a los padres, mejor que sea en cuestiones de la casa.

La mayoría de la gente ofrece su ayuda para quedarse con el bebé un rato mientras la mamá procede a hacer cosas de la casa (el colmo cuando es para ir por un refresco o refrigerio para la visita), así que a menos que sea para que la madre pueda darse un baño mejor es ofrecerse a cocinar, hacer la compra o doblar la ropa mientras la mamá cuida al bebé.Si en la casa también hay hermanos mayores se agradece que se ofrezcan a llevarlos al parque o a jugar mientras la mamá está con el bebé.

 

7.     No pases al bebe de mano en mano.

Una de las cosas que más estresa a un bebé recién nacido (y a su madre) es que lo quieran abrazas, besar, etc. muchas personas diferentes y que se lo vayan pasando como si fuera un muñeco de trapo.
Todos tienen muchas ganas de cargarlo y mecerlo, es por eso que han ido de visita, pero eso no es justo para este bebé ni para sus padres.

 

8.     Si llevas algún regalo al bebé y tiene un hermano mayor, llévale un detalle también a él.  

Los hermanos mayores pueden sentirse desplazados con la llegada de un bebé a la familia, ya que la atención se centra en este la mayor parte del tiempo.Un detalle sencillo para el “mayor” le demostrará que no nos hemos olvidado de él.

 

9.     Si la familia es muy grande lo ideal es organizar algo todos juntos.

Si de plano no tenemos alternativa y no podemos evitar o limitar las visitas, será mejor hacer una comida familiar a tener un desfile interminable de visitas. Así los papás llevan al bebé, todos lo conocen y se pueden marchar cuando quieran.

 

10.  Evitar hacer comentarios sobre el físico de la mamá.

¡Pero si aún pareces embarazada! si se te ha quedado mucha barriga, que si vaya tetas que te cargas, pero porque estás triste, por qué estás sudando, y ya comenzaste con la dieta… La madre está en un proceso de recuperación, una vida acaba de salir de sus entrañas y lo menos que necesita es críticas hacia su aspecto, recordemos el coctel de hormonas que circula por su cuerpo y cuánto daño pueden hacer comentarios despectivos a su aspecto.

Esperamos que estos consejos te hayan servido, nos encantaría saber tu experiencia tanto como madre y como visita, ya que probablemente por desconocimiento hemos llegado hacer o decir uno de estos.

 

 

Inspirado en http://www.maternidadcontinuum.com/2013/05/10-consejos-para-visitar-a-un-recien-nacido/

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Miércoles, 27 Julio 2016 20:51

La llegada de Isaac

Enterarme que estaba embarazada fue un ‘shock’, y aunque ya hablábamos de tener un bebé no esperamos que su llegada fuera tan pronto. El embarazo congeló el tiempo, entre los malestares generales de los primeros trimestres, con la pérdida del sentido de dimensión y gravedad al cargar con tremenda panza, sumado a la dulce espera (que mucho desespera en el último mes) el  tiempo se nos hizo eterno.

Alguna vez había visto información acerca de los partos en agua y en libertad de movimiento (partos humanizados) pero pensaba que eso era una idealización, algo que no estaba dentro de mis posibilidades (no era para mujeres reales y no conocía a nadie que hubiese tenido una experiencia así de placentera como planteaban). Llegando a la semana 30 algo en mi interior me decía que  ahondara en el tema, fui a consultar con el único médico en mi ciudad que acompaña nacimientos por agua, el médico me comento que necesitaba una doula y un curso de preparación para poder parir por agua.  Pensando que valía la pena intentarlo contacte a mi doula y comenzamos con el curso psicoprofiláctico.

En nuestro primer encuentro con la doula, le dije que quería que el día del nacimiento de mi hijo fuera recordado como el mejor día de mi vida, no quería repetir historias terroríficas y llenas de violencia obstétrica, quería sentirme diferente, poder recibir en un ambiente tranquilo y lleno de amor a mi bebé. La idea del parto era nueva para mí, lo que sabía lo había visto en la tele y por las muchas experiencias traumáticas de las mujeres en mi familia, así que la idea me emocionaba y  me aterraba al mismo tiempo.

Lleve todo el seguimiento de mi embarazo con mi ginecólogo de cabecera, el cual está a favor de los partos vaginales (inclusive tiene bajos índices de cesáreas) pero sin miramientos ejecuta maniobras para ‘ayudar’ a que el parto avance. El encontraba ‘gracioso’ eso del parto humanizado, ya que no le veía el caso a sufrir tanto dolor, de ‘cajón’ hacia uso de oxitocina y epidural; la interpretación de la pelvimetría decía que yo tenía 50% de posibilidad de tener un parto vaginal,  dijo que era una moneda al aire me ‘otorgaría’ dos horas para pujar y si no salía él bebé me hacia la episiotomía o seria cesárea. Le lleve mi plan de parto y la carta de alojamiento conjunto y nunca hizo comentarios al respecto. En la última cita con este médico a la semana 38, le expresé que no quería sueros, ni oxitocina sintética o anestesia dijo que a la hora de la hora veríamos que sucedía. Este ginecólogo no se oponía a que mi esposo y mi doula estuviesen conmigo o a que llevara a un pediatra de mi elección, pero dejo en claro que él tenía que hacer su trabajo. Hable con una doula que había asistido a parto con este  médico y ella me narro como era en los partos e incluso me dijo que si mi intención era tener libertad al momento de parir entonces cambiara de médico. Agradezco tanto su honestidad pues eso me dio certeza para cambiarme.

Esa misma noche tomamos la decisión de ya no regresar con ese medico;  habíamos puesto tanto empeño en todos los preparativos del nacimiento que si teníamos un parto donde nuestras decisiones fueran ignoradas me iba a sentir muy decepcionada. No era eso lo que quería, no podía ser de esa manera, yo quería un parto libre y a mi propio ritmo.

A la semana 39 me cambie al médico humanizado le lleve mis expediente y mi plan de parto y alojamiento conjunto. Para mi sorpresa me dio el mismo diagnostico 50-50 de probabilidad, pero me dijo que estuviera tranquila pues mi bebé sabia como nacer.  A la semana 40 con 4 días fui a consulta, ya tenía dos centímetros de dilatación por lo que me mando a descansar pues el bebé seguro nacía amaneciendo. Me pase la mañana haciendo estiramientos con mi pelota, sentía leves las contracciones como pequeños espasmos; pase un día de lo más tranquilo y normal, hasta ese momento las contracciones eran seguidas pero controladas pensaba que era fácil, me repetía: puedo hacerlo, estoy preparada… así se nos fue el día en optimismo y tranquilidad.

Llegamos con cosas listas al hospital a las 5 de la tarde, seguía igual de dilatación pero  la bolsa ya estaba muy tensa. Me dijo que a las 7 pediría cuarto para que subiera a relajarme, ese era un magnifico plan. Había mcuha lluvia por lo que no pudimos alejarnos del hospital; de repente empecé a sentir contracciones seguidas y dolorosas. Regresamos al consultorio, el doctor midió las contracciones, la lectura mostraba intensidad y frecuencia pero todavía no me sentía tan mal, hacia respiraciones profundas. Me comenzaba a decir que no hiciera movimientos bruscos cuando sentí un dolor impresionante y líquido recorrer mi espalda, esa contracción había roto la bolsa; ya no me podía parar me temblaban las piernas, me agarre de la pared y como pude salimos para la recepción. Los minutos ahí fueron de locura, los asistentes médicos y enfermeros con sus inoportunas preguntas y protocolos pero ya comenzaba a perderme en mí, en un instante me encontraba sobre el suelo apoyada en cuatro puntos tratando de respirar profundo y concentrarme, la inoportuna recepcionista pidiéndome firmas (mi esposo había ido por las cosas al coche), yo quería asesinar al que se me pusiera enfrente.

No podía articular ni media palabra, llegamos al cuarto y me metí a bañar con agua caliente, me puse mi traje y la bata; solo quería estar acostada y que nadie me dirigiera la palabra. Conforme el dolor aumentaba en frecuencia pensaba que la situación me sobrepasaba, mi esposo atento dándome agua, tomando mi mano en silencio. Cuando llego mi doula y comenzó hacerme masajes y cantar conmigo se controló la situación. Avanzo a 8 cm de dilatación, me sentía morir, quería que alguien me ayudara con algo, pero agarre la mano de mi doula y le pregunte: ¿verdad que si puedo? ella me miro tierna y firme, me dijo claro que puedes, tú sabes cómo hacerlo.

Nos fuimos a la tina, bendita agua que alivio las dolorosas contracciones. Deje de sentirlas tan intensas y dolorosas, me concentre. Mi esposo conmigo remojado acariciándome, echándome agua, me paraba, me sentaba, me agachaba, lo abrazaba, nos besamos, nos paramos y  bailamos…  fue mágico. Ese era el momento que tanto había soñado, mi bebé siendo recibido en amor, tal como lo engendramos. Una contracción nos ‘agarró’ parados y el me contuvo, prácticamente estábamos los dos pujando, el ambiente era empático. Mi  doula atenta contando y respirando con nosotros. Pasaban los minutos (que yo sentía horas) y ya me estaba desgastando, las fuerzas se agotaban, empecé a dejar pasar las contracciones. El médico me animaba, me pido que sintiera su cabeza que ya había coronado entre mis piernas. Era real, mi bebé iba saliendo, no podía creerlo, ya estaba sucediendo, cada contracción me acercaba a conocerlo. Lo sentía saliendo, sentía que me iba a quebrar,  fue un alivio total cuando pude expulsarlo. Al tomarlo entre mis manos no sabía que hacer estaba asuntada, contenta y aliviada con un torrente de emociones que corrían por mi ser,  ahí estábamos pegados los tres. Esperaron unos minutos y cortaron por mi esposo el cordón, me sacaron de la tina y él bebe se fue con su papá, siempre en el calor de su pecho, en contacto piel a piel. Mientras me limpiaban y suturaban unos pequeños desgarros, cuando lo pusieron sobre mí como busco instintivamente el pecho fue increíble tenerlo ahí. Nos trasladaron al cuarto y ahí estábamos listos los tres, pasando nuestra primera noche juntos, tal como siempre soñé. 

Por: Hadit Cabrera

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La gestación en los humanos dura aproximadamente 38 semanas, 266 días, desde la concepción hasta el nacimiento. El bebé no es capaz de sobrevivir por sí mismo fuera del útero materno, es un ser indefenso que necesita que se le proporcionen cuidados básicos como alimento, protección y contacto físico permanente.

El nacimiento no es un antes y un después, una separación entre la madre y el bebé, sino una continuación de esa dependencia pero fuera del útero, lo que se conoce como exterogestación del bebé o los segundos nueve meses de "embarazo".

 

Nueve meses dentro del vientre, nueve meses fuera.

Al menos durante los nueve meses posteriores al parto, el bebé necesita sentir el calor, la protección y el confort que sentía dentro del vientre de su madre mientras se adapta a la vida extrauterina.

Seguro que les  viene a la mente la imagen de la mamá canguro gestando al bebé en su bolsa. Las crías canguro nacen con un estado de desarrollo muy incompleto por lo que se arrastran hasta el marsupio en el vientre de su madre donde necesitan pasar mucho bebiendo su leche hasta que están desarrolladas.

Los seres humanos también nacen poco desarrollados y necesitan continuar "gestándose" fuera del útero. Pero claro, los humanos no tenemos marsupio, esa bolsa que funciona a modo de incubadora, por tanto tenemos que proporcionarle a nuestras crías cuidados similares. ¿Cómo? Con mucho contacto físico piel con piel y crianza en brazos, llevando al bebé en brazos y porteándolo el mayor tiempo posible.

Gestación exterior o exterogestación, ¿qué es? Con sólo observar a un bebé recién nacido podemos ver que es incapaz de sobrevivir por sí mismo. Necesita calor, alimento y nuestra protección para saberse fuera de peligro. Tampoco puede comunicarse con palabras, sólo el llanto, ni puede desplazarse por sí mismo como sí hacen otros mamíferos nada más nacer.

En el momento del nacimiento el bebé atraviesa una transformación, pasa de la vida dentro del útero a un mundo completamente diferente. Supone un cambio muy grande, por tanto, esta adaptación debe ser paulatina, necesita seguir sintiéndose dentro del útero materno estando fuera.

La cercanía a la madre durante los primeros meses de vida favorece en el bebé la regulación del desarrollo de sus sistemas aún inmaduros al nacer.

 

Cuarenta semanas son muy poco tiempo de embarazo

Las 40 semanas de embarazo, 38 desde el momento de la concepción, son muy poco tiempo de gestación para el ser humano.

A lo largo de la historia de la evolución, el embarazo ha ido reduciendo su duración. Debido al aumento del tamaño del cerebro y de la cabeza sumando al estrechamiento de la pelvis el comenzar la bipedestación, los seres humanos han tenido que reducir la madurez de sus sistemas para poder atravesar el canal de parto y poder nacer. La gestación humana se ha tenido que acortar haciendo que naciéramos indefensos e inmaduros.

Los simios nacen apenas dos semanas después que los humanos, pero su nivel de desarrollo es mayor. Mientras que el cerebro humano ha desarrollado un 25 por ciento al nacer, el del simio lo ha hecho el doble. A lo largo de la vida, todas nuestras etapas de desarrollo (infancia, pubertad, adultez) son mucho más largas. Por tanto, el embarazo también debería serlo.

Según Portman, para alcanzar el estado de desarrollo de un mono recién nacido, la gestación del ser humano debería ser de aproximadamente 21 meses. Otro investigador, Kovacks lo fijó entre 18 y 20 meses, mientras que según Bostok la gestación ideal para un ser humano recién nacido sería cuando comienza la locomoción cuadrúpeda (movimiento en cuatro patas), cuando en teoría sería capaz de escapar del peligro por sus propios medios. En el bebé humano esto sucedería al comenzar a gatear, alrededor de los nueve meses, por eso se habla de la exterogestación como los segundos nueve meses.

 

El cerebro inmaduro del bebé

El bebé nace con un cerebro muy poco desarrollado. Otros órganos como el corazón o los pulmones han completado su desarrollo para permitirle sobrevivir fuera del útero, pero el cerebro acabará de crecer y madurar fuera.

Al momento de nacer el cerebro establece pocas conexiones neuronales y representa apenas el 25 por ciento del tamaño que tendrá en la edad adulta. De hecho, la mayor parte del desarrollo del cerebro se produce fuera, especialmente en los primeros años de vida alcanzando a los cuatro años 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda su vida.

Es por ello que las experiencias vividas en los primeros años de vida son claves para el desarrollo de su cerebro. Aunque cuando sea adulto recordará muy poco de esos años, todo lo que viva y los cuidados que reciba determinarán en gran medida su vida futura.

Al menos esos segundos nueve meses de "gestación" tras el nacimiento son necesarios para completar mínimamente su desarrollo. A partir de esa edad, entre los nueve meses y el año, el bebé comienza a interactuar con el mundo que le rodea, más allá de sus cuidadores.

El comenzar a desplazarse por sí mismo, gateando y luego por su propio pie, es la evolución natural del ser humano que ahora sí comienza a sentirse confiado para explorar y descubrir lo que el mundo tiene para ofrecerle.

 

 

Por: http://www.bebesymas.com

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Seguro que muchos han visto la película “Los padres de ella“, en la que Robert de Niro protagoniza el papel de un abuelo que intenta evitar que Ben Stiller (“Gay Lo Follen”), haga demasiado caso o incluso coja en brazos a su nieto, que pasa largas horas en la cuna, incluso cuando está despierto.

No lo cojas, que lo estamos ferberizando“ es la frase que le dice, aludiendo a que están utilizando el método Ferber (muy similar al aquí llamado método Estivill), en que evitan darle mucho contacto para conseguir que el niño se haga independiente.

El caso es que, como hemos comentado en muchas otras ocasiones (hace pocos días, por ejemplo, con la entrevista de Carlos González), la mayor parte de la sociedad sigue convencida de que los bebés y los niños, para crecer y desarrollarse adecuadamente, deben acostumbrarse a vivir con poco contacto y con pocos brazos.

Curiosamente, al mismo tiempo que diversas voces repiten una y otra vez que “no les demos demasiados brazos” hay quien dice (a veces incluso son los mismos) que los masajes son muy beneficiosos para los bebés. Ante este “¿y en qué quedamos?”, os comento un estudio realizado con bebés prematuros que concluye que el contacto con los bebés es primordial para su crecimiento y desarrollo.

El estudio en cuestión data de 1984. Sí, lo sé, tiene más de 25 años y aún tenemos que luchar para demostrar a los padres, a los abuelos, a los profesionales de la salud, a los psicólogos y psiquiatras, a los defensores del menor y a los contertulianos de los programas de debate que los niños pequeños necesitan contacto y caricias para crecer y desarrollarse saludablemente y que el amor, por sí solo, no crea seres incapaces socialmente, ni mucho menos.

Un cuarto de siglo y aún tenemos que hablar de las bondades de los masajes y de lo necesario que es para los bebés vivir cerca, muy cerca, de su madre. Qué le vamos a hacer, si hay que seguir hablando de ello, seguiremos haciéndolo (yo personalmente sólo soy uno más que se ha sumado al carro, así que tengo mucha energía todavía para seguir con ello 25 años más, por lo menos).

En qué consistió el estudio

Entrando a hablar del estudio, se trata de una investigación realizada con 20 recién nacidos prematuros cuya edad gestacional era de 31 semanas, que contaban con un peso medio al nacer de 1,280 gramos y que llevaban un tiempo medio en la unidad de cuidados intensivos de 20 días.

A estos bebés se les hicieron diversas escalas y mediciones, valorando el crecimiento, el comportamiento durante el sueño y la vigilia y el rendimiento de la escala Brazelton (con la que se valora la calidad de respuesta del niño a determinados estímulos y se determina, a partir del resultado, la cantidad de estimulación que necesita).

A todos ellos se les aplicó un “tratamiento” basado, básicamente, en darles un masaje. El masaje consistía en acariciar el cuerpo de los bebés y hacer movimientos pasivos de sus extremidades en tres sesiones al día, cuya duración era de 15 minutos, durante 10 días.

Los resultados se compararon con otros 20 bebés de similares características que no habían recibido dichos masajes.

Los resultados del estudio

Todos los resultados confirmaron que los bebés necesitan contacto para crecer y desarrollarse. Los bebés que habían recibido estimulación ganaron un 47% más de peso que los del grupo control (promedio de 25 gramos al día vs 17 gramos), eran más activos, estaban más alerta y más orientados en los periodos de vigilia, mostraron una mejor respuesta motora, una mejor maduración y lograron una mejor puntuación en la escala Brazelton.

Además de todo lo comentado, estos bebés estuvieron ingresados 6 días menos que el otro grupo, generando un ahorro al sistema de salud de unos 3.000 dólares por niño.

Conclusión

Bien, no creo que haya que comentar nada que no sea evidente. El ser humano es sociable por naturaleza (por eso vivimos en sociedades) y demuestra la calidez y el amor mediante el uso del contacto y las caricias.

Los bebés se desarrollan mejor y crecen más estables y con una mayor autoestima en un clima cálido y amoroso que en un ambiente hostil y distante. Como la mejor manera de crear un clima donde abunde el amor y el cariño es mediante el contacto, las caricias y los susurros (entre otras muchas cosas), es lógico concluir que cuanto más contacto, mejor crecimiento y desarrollo tendrá un bebé, sobretodo si es en los primeros días, semanas y meses, que es cuando más inmaduros son ellos y por lo tanto cuando más lo necesitan.

 

Fuente: www.bebesymas.com

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Cada vez se oye más hablar de la noción de apego durante los primeros años de vida de un niño/a. Esa palabra que puede sonar abstracta es, según los expertos, la clave del desarrollo de la parte del cerebro que posibilita la empatía. Allan Schore, un referente internacional en este tema, lo pone así de sencillo: “la relación de apego entre la madre y el hijo/a le da forma, moldea el lado derecho del cerebro”. Schore estuvo en Montevideo para brindar una serie de conferencias organizadas por la ONG Atención y desarrollo a la temprana infancia y su familia (ATI) y apoyadas por el Ministerio de Educación y Cultura. El rol que tiene la madre en el futuro emocional de su hijo, la participación del padre, y lo que le espera a alguien que no disfrutó de una relación de apego, fueron algunos de los temas que conversó el experto con El Observador.

Quienes trabajan en la neuropsicología en Uruguay hoy entienden que usted desarrolla un modelo de salud mental infantil particular. ¿En qué consiste?
Déjeme decirle antes que hay un gran interés de los medios en neurociencia hoy. En los últimos 10 años ha habido una gran explosión en el estudio del desarrollo temprano del cerebro. Y lo que hemos descubierto es que el desarrollo temprano, tanto durante el embarazo como después del nacimiento, tiene efectos en lo que sucede después, no solo en términos de bienestar emocional, sino también en lo que refiere al desarrollo de desórdenes psiquiátricos. Durante el primer año de vida no hay comunicación verbal: es todo emocional. Esto era terreno desconocido para la ciencia, que no sabía cómo abordarlo, pero gracias a la tecnología se pudo estudiar el cerebro del niño/a y de la madre.

¿Cuál ha sido su aporte?
Mi trabajo en los últimos 20 años ha sido la integración de la biología y la psicología. En esencia, mi trabajo cruza las fronteras entre ambas. En particular, hago foco en el lado derecho del cerebro. El lado izquierdo, que es el que desarrolla el habla, no entra en funcionamiento hasta el segundo año de vida. En cambio, todo lo vinculado al apego se desarrolla durante el primer año. La idea esencial es que la relación de apego entre la madre y el hijo/a le da forma, moldea el lado derecho del cerebro. Hay una herencia genética natural, pero el entorno social y afectivo va tallando, como una escultura.

¿Qué funciones se encuentran en el lado derecho?
Está involucrado en los procesos emocionales. Es el que permite llegar a casa, mirar a los ojos al otro y saber que algo anda mal. Las expresiones faciales, las sonrisas, la tristeza, el tono de voz. Allí está la habilidad de entender el estado emocional, lo que pasa por la mente o las motivaciones que tiene la otra persona. El punto más importante en este sentido es la comunicación no verbal, de cerebro derecho a cerebro derecho, que se da entre la madre y el niño/a. Al mismo tiempo que esto ocurre, el cerebro del bebé está doblando su tamaño, y en esto incide el apego.

¿Cómo debe hacer la madre para alcanzar el nivel adecuado de apego? ¿Cómo puede estar segura de que está haciendo bien las cosas?
Es un aprendizaje que no tiene tanto que ver con ‘hacer’ sino con ‘ser’. ¿Cómo transmitirle la empatía? Siendo cuidadosos y atentos; poniendo al bebé en el primer lugar, siendo abiertos, genuinos, y estando disponibles emocionalmente. Y también ayuda si hay una relación fuerte entre la madre y el padre. La clave es esta sofisticada forma de relacionamiento. El foco no es racional sino emocional. Es la habilidad de la madre de leer la mente y el cuerpo del bebé. Ella tiene la capacidad de aliviar la tensión del bebé, de calmarlo, de regular su estrés, pero también incide en su disfrute y entusiasmo. Es decir, no solo puede escucharlo, sino también regular sus emociones. Ella puede cambiar su conducta. Además, el apego otorga al bebé una sensación de seguridad.

¿Y qué rol tiene el padre en esto?
El padre entra un poco más tarde. El primer apego es con la madre. Después, en el segundo año de vida, el bebé tenderá un lazo también con el padre. El bebé tiene distintas relaciones con sus padres: la madre es la que lo calma, mientras el padre tiene un vínculo más enérgico y le enseña a explorar. Hoy tenemos evidencia de que la madre realmente da forma al lado derecho del cerebro, pero el padre también incide. Y es más que un efecto psicológico: el crecimiento del cerebro está influido por esas relaciones.

¿Qué sucede con quienes no tuvieron ese apego?
Justamente, no estudiamos solo el desarrollo normal, sino también el que lleva a desórdenes psiquiátricos o psicológicos. La que está en juego es especialmente la habilidad del lado derecho del cerebro de regular el estrés. Es importante que el niño sepa que el otro está emocionalmente disponible para él. En ese sentido, los desórdenes psicológicos tienen raíz en el desarrollo temprano del cerebro. Entonces, ¿qué pasa si hay abuso o negligencia? Bueno, por eso es muy importante que haya programas de prevención temprana, que sé que en este país los hay.

 

Allan Schore
investigador en neurociencia
profesor de psiquiatría en la universidad de california

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Los primeros momentos como padre pueden pasar en una mezcla de emoción y agotamiento (¡sí! tu también te puedes sentir agotado). 

Así que aquí tienes 10 consejos para sacar el mayor provecho de ese maravilloso momento en que tu hijo llega al mundo
 

1.-Dale a tu pareja un enorme abrazo y un beso. Como sea que haya sido el proceso del nacimiento para ustedes, es muy especial y sumamente emocional. Dile lo fantástica que es. Un beso y cariños hablan más que mil palabras.

2.-No pierdas de vista a tu bebé. Ahora que ha nacido puedes supervisar las pruebas que el médico o partera hace a tu bebé. Tu pareja seguramente te va a pregunta qué sucedió lejos de su vista y así podrás contarle.

3.-Corta el cordón umbilical (si quieres hacerlo). La partera o el médico te enseñarán cómo hacerlo.

4.-Toma fotos o video. Dale a tu pareja un momento para que se prepare, si así lo desea. Quizá quiera limpiarse la cara o acomodarse el pelo antes de que le tomes una foto. Seguramente lo que más desea es una foto con su recién nacido donde ella también muestre su brillo.

5.-Acaricia a tu bebé. Una vez mamá le ha dado su primer cariñito ¡es tu turno! Aprovecha el momento para conectar con esa maravillosa personita que es tu hijo. Si tu pareja tuvo una cesárea quizá tengas que abandonar el quirófano después así que aprovecha. 

Si es la primera vez que sostienes un recién nacido es normal que te sientas inseguro. Usa una camisa abotonada para pegarte a tu bebé al cuerpo. Esto es particularmente importante en la primera hora posterior al nacimiento.

6.-Viste a tu bebé. Tu bebé necesitará un pañal, una pijamita o mameluco, y una cobijita. La partera o una enfermera te pueden ayudar a vestir a tu bebé. Muchos pañales para recién nacidos tienen espacio para permitir que el área del cordón esté ventilada. Si le pones una ropita en lugar de pijama, generalmente entra por la cabeza y se abrocha entre las piernas. 

Las pijamitas completas tipo mameluco se abren, así que puedes acostar a tu bebé sobre ella y abotonarla. Algunas traen botones en cada pierna. Mete con cuidado los bracitos y las piernas, abotona, y ya está listo para pasárselo a mamá para su primera sesión de lactancia.

7.-Ayuda a tu pareja. Podría necesitar ayuda para caminar, o para que le consigas algo para asearse, una pijama limpia. Asegúrate de saber donde puedes encontrar esas cosas en la maleta del hospital o en casa si tuvieron el nacimiento ahí. Deja a tu bebé en la cuna mientras sales a buscar las cosas, puedes envolverlo de tamalito para que esté tranquilo.

 

8.-Llama a la familia y amigos. Comparte la buena nueva. Pregunta en las instalaciones donde estás si puedes usar tu teléfono o tendrías que salir.

 

9.-Cambia de maleta. Después del nacimiento, si se quedarán en el hospital unos días necesitarás cosas diferentes a las que necesitaste para el parto. Planea esto con anticipación para que simplemente cambies la maleta.

 

10.-Ayuda a tu pareja a establecerse. No importa si están en casa, en un hospital, en un centro de nacimientos, asegúrate de que ella está cómoda y que tiene a la mano lo que necesita como:

 

  • Algo de comer y beber
  • Su teléfono
  • Una cobijita para el bebé
  • Pijama y bata cómodas, calcetines si tiene frio
  • Productos de aseo, humectante de labios
  • Almohadas


Si tu bebé nació por cesárea, necesitarán quedarse en el hospital un par de días más.

Fuente: Baby Center

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