Martes, 12 Julio 2016 17:27

El lado obscuro de la Lactancia Destacado

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El lado obscuro de la Lactancia Foto por Luis Morales Machado

“Ojalá tengas leche”, “Espero que no te duela tanto como a mí”,  “Yo lo que más quería era amamantar a mi bebé, pero no se pudo”.

Muchas gestantes reciben ese iniciático baño frío.  El duchazo de la duda respecto de su cuerpo y su capacidad de amamantar a su bebé una vez llegue a sus brazos.  Algunas lo escuchan después del parto, en ese momento tan delicado y hermoso como vulnerable; acaban de reunirse con este pequeño ser y parece que antes que puedan dar el primer paso, las inseguridades les hacen una zancadilla.  La primera de muchas que vendrán.

La lactancia esta rodeadísima de mitos.  Resulta tan impresionante analizarlos, que me pregunto cómo es posible que hayan llegado tan lejos, cómo transitan de boca en boca, por años de años.  ¿Cómo puede ser que tantos mitos, el grueso de ellos realmente absurdos, perduren y tengan tanta fuerza?  Y luego me respondo, sin mucha dificultad: gracias al miedo.  Hay pocas cosas que movilizan tanto como el miedo.  Si le sumamos a eso el desconocimiento, ya está, tenemos un flamante mito.  ¿O no les parece aterrador que una pequeña vida recién llegada dependa al 100% de nuestra leche y ésta no se produzca nunca o de un momento a otro, como si de una maldición se tratase, deje de salir?  Aterrador.

En este post, me adentraré en los mitos, desactualizaciones, malas prácticas, malos consejos y falta de información que, tristemente, enmarcan tantas historias de lactancias frustradas. Como referí, es un universo casi infinito.  Para escribir esta columna, me ayudé de las experiencias de muchas mujeres pidiéndoles que me mencionaran los mitos más locos, absurdos y reiterados que les haya tocado escuchar y estuve una hora leyendo sus comentarios.  UNA HORA.
Debido a lo complejo que es recopilar esa cantidad de información, me permitiré editar esta entrada cada vez que me tope con otro mito que amerite ser expuesto y derribado.  Y bueno, aquí vamos…

– “La leche, luego de los 6 meses/el año, es agua/suero y ya no alimenta”

Un tajante no.  La leche es leche siempre.  Al comienzo es calostro (leche también) pero cargada de los nutrientes que necesita un recién nacido.  Luego de esto producimos leche de transición, algo así como mitad calostro mitad leche madura, para luego comenzar a producir leche madura.  La leche materna está viva, y cambia según las necesidades de la cría: a veces tiene más grasas, otras más proteínas, etc.  Con el paso del tiempo, cuando los bebés crecen, cada vez necesitan más calorías, por lo que nuestra leche, muy al contrario de lo que predica el mito, lejos de transformarse en agua, se torna cada vez más grasa.

– “Durante el embarazo debes preparar tus pezones para amamantar”

Un clásico. Durante muchos años, muchas mujeres se han raspado, masajeado, tironeado, pellizcado, lubricado y enroscado los pezones para prepararse para una lactancia que asusta por lo terriblemente dolorosa que se supone que resultará de no hacerlo. Muchísimas mujeres, tan pronto se han enterado del embarazo de una amiga, apenas después de felicitarla, como una advertencia, sentencian “empieza a prepararte los pezones desde ya”. He visto tutoriales en youtube de mujeres en los que se pasan un cepillo de dientes por los pezones, hasta una virutilla vi una vez. NO, NO, NO. No necesitas torturarte manipulando tus pezones para amamantar nunca, ni antes del embarazo, ni durante, ni después. Deja tus pezones en paz. Manipular los pezones durante el embarazo pudiera incluso provocar contracciones o acelerar tu trabajo de parto. Así como tus ojos están preparados para ver, tus piernas para caminar, tu estómago para digerir, tus pezones lo están para amamantar desde el inicio, ¡para eso son!. La clave para una lactancia sin dolor es un buen acople al pecho, que el bebé posicione su boca tomando no solo el pezón sino también parte de la areola y succione con sus labios herméticamente cerrados, con la boca lo más abierta posible en forma de pescadito. No sé por que tantas se empeñan en prepararse los pezones para amamantar, cuando lo más importante es preparar la mente y el alma para la mayor entrega de amor de tu vida. Nuestros pezones vienen listos de fábrica.

– “Debes amamantar a tu bebé cada 3-4 horas, durante 10-15 minutos por pecho”.

Un clásico, que incluso médicos y matronas siguen difundiendo.  Esos tiempos son totalmente antojadizos.  El pecho se da SIEMPRE a libre demanda.  Eso es cada vez que lo estimemos, cada vez que el bebé llore, cuando creamos que tiene frío o calor, luego de que despierta de su siesta, para dormir, cuando no sepamos muy bien qué le pasa.  Primero que todo, el pecho no es sólo hambre, sino también sed, calor, amor, seguridad, cobijo.  Es mamá.  Al amor no se le limita ni se le ponen horarios.  Siempre que tu bebé quiera pecho lo tomará, si no, no lo tomará o lo soltará.  Debe ser tu bebé quien marque las pautas, siempre.  La única forma de saber que estamos alimentando apropiadamente a nuestro bebé es dejando que él/ella nos lo pueda indicar con sus signos de saciedad, es decir, rechazando o soltando por sí solo el pecho.  Hay bebés que solo con un pecho quedan satisfechos, mientras otros necesitan de los dos.  En días de calor los bebés necesitan tomar muchas más veces, tomas cortas, para hidratarse.  Cuando están enfermos o por enfermarse, tienden a tomar mucho más seguido. Cuando tienen fiebre, necesitan tomar más frecuentemente.  Cuando están muy divertidos, a veces olvidan el pecho por horas.  Es tan relativo, que lo único que nos puede guiar son ellos mismos, así que ¡chao horarios!  No sirven de nada, perjudican tu producción y además, esclavizan un montón.  Mientras antes dejes de mirar el reloj, antes comenzarás a disfrutar de tu lactancia.

– “Lo que comes puede hinchar/provocar cólicos a tu bebé”

La leche se compone de muchas cosas, pero algo que nunca encontraremos en ella es gas. Los gases nunca pasan a la leche.  Sólo lo que pasa a la sangre pasa a la leche, es decir, nutrientes y tóxicos.  Los sistemas digestivos de la madre y su bebé son distintos e independientes, por lo que si una comida nos resulta flatulenta, es un fenómeno que ocurre en nuestros intestinos, y los gases, al no poder pasar a la sangre, tampoco lo harán a la leche. ¡Así que podemos comer de todo!  Incluyendo legumbres, repollo, bebidas, agua con gas, palta, chocolate, ajo.
* Solo hay 2 excepciones, en las que no puedo detenerme por ahora, pero invito a investigar a quien se encuentre interesado: la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) y la alergia alimentaria múltiple (AAM), que dicho sea de paso, se presentan junto a otros síntomas bastante más decidores que los gases.

– “El calostro no alimenta, el bebé necesita alimentarse de leche”

Este mito me parece horrible.  El calostro ha sido llamado oro líquido, por su tremendísimo valor protector y nutricional.  El calostro es leche, y es la mejor leche que puede recibir un recién nacido.  Podríamos compararla a una excelente vacuna que inmuniza a nuestro bebé tras su encuentro con el mundo fuera del útero.

– “La fórmula es igual de buena que la leche materna”

Siento herir susceptibilidades, pero es un no rotundo.  La leche de fórmula fue creada para las situaciones en que (realmente) no es posible amamantar a un bebé, y ha salvado vidas, eso es innegable.  Pero la leche materna es un fluido vivo: Producido por una misma mujer, varía su composición según el día, el momento del día, los patógenos que la circundan, un primer bebé y un segundo, según las necesidades del bebé en cada etapa, entre muchos otros factores.  Si la madre se enferma de un virus respiratorio, por ejemplo, producirá anticuerpos y los transmitirá a través de su leche a su hijo, para evitar que éste enferme o enferme de manera mucho más leve.
La leche materna es leche humana, producida para cachorros humanos y sus nutrientes se encuentran en las cantidades y calidades que le corresponden a nuestra especie.

– “No toma leche, te usa de chupón”

Eso se llama succión no nutritiva y es fundamental para estimular el pecho y para producir leche. La naturaleza es sabia, y de esta succión se benefician ambos, ya que la madre recibe la estimulación necesaria de sus pechos y el bebé succiona, lo cual es una necesidad biológica y protectora frente al síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). No olvides que los pechos existen desde muchísimo antes que el chupón, es decir, tu bebé usa el chupón en reemplazo del pecho, no el pecho como chupón.

– “Si debo tomar algún medicamento, debo dejar de dar pecho/destetar/sacarme leche y botarla”

Otra vez no.  La gran mayoría de los medicamentos de uso habitual son compatibles con la lactancia materna. Muchos médicos no saben acerca de lactancia y por ponerse el parche antes de la herida recomiendan dejar de amamantar, no hacerlo por algunas horas o incluso destetar (así, como si fuese lo más simple y accesible…). Antes de insegurizarse o hacer caso a esas indicaciones antojadizas, las invito a entrar en www.e-lactancia.org, una web completísima y muy clara, creada por médicos y actualizada constantemente, que trata sobre compatibilidad de los medicamentos, hierbas y otros tratamientos con nuestra lactancia.

– “Es necesario tomar mucha agua/leche para poder producir lo necesario”

He sabido de mujeres que han llegado a tomar 4 litros de agua diarios pensando que así producirían más leche.  No, así no funciona.  Eso solo hará que te la pases yendo al baño, pero nada más.  No necesitas tomar más agua (¡ni mucho menos leche!) de la que tu sed te indica para amamantar a tu bebé.  La única manera de producir leche es estimulando la glándula mamaria con la succión constante de tu cría: amamantar a libre demanda.  No hay más secretos.

– “Para aumentar tu producción toma malta con huevo/avena/agua de avena/granola/hinojo/galega, etc”

Un clásico, y nuevamente es un no.  Solo la succión de pecho le indicará a tu cuerpo cuánta leche producir.  Hasta ahora no se ha comprobado que ninguno de estas u otras fórmulas mágicas sirvan como galactogogos, y se han hecho muchos estudios al respecto.  Tu cuerpo no producirá más leche si no pones más veces al pecho a tu bebé.  A muchas les ha resultado, y es que cuando toman algo con fe, sintiendo que ahora sí esto las ayudará a producir más leche, se ponen a su bebé al pecho sin reparos, se relajan, dejan de desconfiar y amamantan. Podrían haberse evitado comer o tomar lo que fuera, ya que la única fórmula mágica es esta última: la succión del bebé estimulando el pecho.

– Leches “delgadas” y “gruesas”

No existen.  Ni aunque seas muy delgada o tengas sobrepeso, la composición de tu leche no depende de ello.  Como indiqué más arriba, tu leche varía su composición en relación a los requerimientos de tu bebé. Es importante además saber que en una misma toma, la leche varía su composición.  Al comienzo de la toma, la leche es mucho más aguada, abundante, contiene gran cantidad de proteínas y azúcares.  Con ella el bebé sacia su sed.  Avanzada la toma la leche es menos abundante pero tiene muchas más calorías ya que su contenido de grasa es mayor.

– Mujeres “lecheras” y “no lecheras”

Tampoco existen. Esto no lo determina ni el azar, ni la suerte, ni la genética. Tal como he dicho, lo único que determina la cantidad de leche que una mujer produce es la demanda de su bebé, las veces que ofrece el pecho, la estimulación de las glándulas mamarias.

– “Si das mucho tiempo leche te vas a descalcificar”

Se han hecho estudios al respecto y se descubrió que los primeros 6 meses de lactancia hay una pequeña baja de calcio en los huesos de la madre, pero luego de ese período, no se sabe muy bien cómo, los huesos de la madre se recalcifican y se fortalecen.  Así que aquí hay doble mito: Amamantar no descalcifica, sino que fortalece nuestros huesos cuanto más larga sea nuestra lactancia.

– “La leche se corta por rabia/por frío/por pena”

Mientras haya estimulación del pecho, la leche no se cortará.  Lo único que puede influir en la salida de la leche, pero no en la producción, es el estrés.  El estrés crónico provoca un retraso en el reflejo encargado de que la leche salga del pecho.  Esa demora puede ser lo suficientemente grande como para que la madre sienta que su leche se ha cortado, pero la leche nunca se corta de un momento a otro.  Frente a un estrés crónico sufrido por una madre lactante es importante el apoyo y la compañía para intentar estar lo más tranquila y contenida posible, buscar ayuda de ser necesario, y así puedan poco a poco volver al equilibrio nuestras hormonas mientras se estimula el pecho con la succión del bebé lo más frecuentemente posible.

– “Que no tome leche en la noche, su estómago debe descansar”

Las tomas nocturnas son importantísimas.  La prolactina, hormona líder de la producción láctea, tiene un funcionamiento en relación con nuestro ciclo circadiano; de noche ocurre un peak de prolactina que al ser aprovechado con tomas nocturnas, deja un registro en nuestro cerebro  para que siga manteniendo la producción de leche.  No amamantar durante la noche o remplazar una toma por relleno afectará tu lactancia de manera importante.  El estómago de los bebés no necesita descansar, sus organismos están creciendo de una manera tan rápida y asombrosa que no se volverá a repetir a lo largo de todo su ciclo vital, por ende, el funcionamiento de sus cuerpos durante ese período es totalmente diferente al nuestro en este sentido.

– “No le des leche de noche, debe aprender a dormir de corrido”

El sueño es madurativo.  Los bebés no aprenden a dormir de corrido.  Lo logran cuando su organismo y desarrollo se los permite.  No amamantarlos durante la noche no solo no tiene nada que ver con el sueño, sino que va en contra de sus necesidades y desarrollo.  Todos los bebés son diferentes: algunos duermen toda la noche desde que nacen, otros comienzan a hacerlo a los pocos meses, otros a los 3 años, otros a  los 6.  Amamantar o no a tu hijo no adelantará este proceso madurativo.

-“Si tu bebé toma leche de noche le saldrán caries”

Está comprobado que la leche materna no provoca caries.  Si tu bebé ya comenzó su alimentación complementaria, es importante que uses un cepillo de dientes adecuado y limpies sus dientes luego de cada comida, tal como debe ser con los adultos.

– “Debes tapar tu espalda/mantenerla abrigada para que no se corte tu leche”

Nuevamente, la leche no se corta de un minuto a otro, mucho menos por frío.  Algunas mujeres, tras la bajada de la leche los primeros días postparto tienen cierta incomodidad en la espalda producto de los cambios a nivel de la musculatura que ha dado paso al ensanchamiento de los conductos de leche.  Quizás el calor pueda aliviar esos dolores musculares, pero nada tiene que ver con la producción de leche.

– “El tamaño de tus pechos influye en la cantidad de leche que producirás”

No es verdad.  La forma y tamaño de los pechos no determina ni la cantidad ni la calidad de tu leche.  La cantidad de leche la determina la estimulación del pecho mientras que la calidad es siempre buena, independiente incluso de una mala y desequilibrada dieta materna.

– Apretar el pezón para ver si hay leche

El apretar el pezón y que salga o no leche tampoco determina ni dice nada acerca de tu producción.  La leche no proviene del pezón, sino de los conductos galactóforos que se encuentran dentro del pecho, en lo profundo de él.  Por ende presionar el pezón, además de molesto e innecesario, no sirve como referencia para nada.  Muchas mujeres al hacer esta maniobra y no obtener una gota o chorrito de leche como esperaban, han concluido que no producen la leche necesaria para sus bebés y han abandonado la lactancia o la han dejado en segundo lugar, priorizando la fórmula.

– “Es bueno darles biberón y/o chupón desde que nacen”

Tanto el biberón como el chupón modifican el patrón de succión. Si tu bebé toma biberón o usa chupón, tienes muchas más posibilidades de sufrir de dolor al amamantar. Los bebés necesitan succionar, la succión constante los protege de la muerte súbita, pero esa succión que necesitan es la que tú puedes facilitar al dar el pecho a libre demanda, no necesitan más que eso.

 

Como pueden ver, la lista de mitos es larguísima.  Yo me agoté escribiendo, pero más agotador es escuchar estos mitos mientras amamantamos, saliendo de las bocas de conocidos y desconocidos, acechándonos cada vez que pueden.

Para que una lactancia prospere, es necesario informarnos y que así resulte prácticamente imposible que llegue el día en que las inseguridades nos ganen y nos hagan desconfiar de nuestro cuerpo.

Les pido que me ayuden con más mitos, para seguir nutriendo esta extensa lista.

¡¡Buenas y lindas lactancias libres de mitos para todas!! 

 

 

POR: http://www.breastfeeding.cl/

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