Viernes, 13 Mayo 2016 16:41

La importancia del dolor durante el trabajo de parto Destacado

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Hace un tiempo, una gran mujer me enseño muchas cosas de la maternidad y de cómo funciona el cuerpo humano, me habló acerca de la importancia del trabajo de parto.

“El tránsito del bebé por el canal vaginal es demasiado importante no sólo por los beneficios físicos para la madre y el bebé, sino por el efecto energético, emocional y espiritual. Cada pujo ayuda a la madre a hacer consciencia de que la vida que ha creado va a salir al mundo, y la forma de relacionarse cambiará por completo, y eso duele. Ese tránsito es doloroso, porque es una separación y las separaciones duelen. Pero es un nacimiento para ambos, es la bienvenida a un nuevo bebé y a una nueva madre. Ese dolor es necesario, porque es lo que va a definir que la madre entienda que la naturaleza le dio el don de crear, pero esa nueva vida tiene su destino y es el momento de comenzar a vivir por sí mismo. Es un encuentro de la mujer con su espiritualidad, con sus miedo y emociones. Es un viaje interno que busca las sombras, lo más escondido de su ser, para ser trabajado en esas horas y así poder sanar y renacer. Es por eso que en el parto nacen dos nuevos seres: el bebé y la madre.”

 

 

 

Tenemos mucha resistencia al dolor

Se creó un mito a través del dolor en el parto, “que no es necesario y que es algo que la mujer no necesita sentir”. Esto es un MITO. La mujer necesita sentir el dolor de las contracciones, son las pistas de que todo va por el camino correcto.

El dolor durante el trabajo de parto no es un riesgo, no es sufrimiento; no se debe quitar ni anestesiar, hay que ayudarle a la mujer a lidiar con ese dolor. La analgesia y anestesia, pueden entorpecer la evolución del trabajo de parto porque inhiben a la mujer de sentir el dolor que es el que avisa y marca el ritmo del nacimiento; además de la posibilidad de que los medicamentos hagan que la mujer pierda el control de su cuerpo.

Uno de los motivos que ha hecho que el dolor no sea visto como un importante aliado durante el trabajo de parto, es la patologización del embarazo y del parto. El trato a la embarazada como paciente y las consultas prenatales como una manera de prevenir las ‘múltiples enfermedades y complicaciones de la gestación’, hacen que se asocie el dolor del trabajo de parto con el dolor de la enfermedad y del sufrimiento. La embarazada no es paciente, no está enferma y el dolor del parto pasa.

Preguntas como: “¿hace cuánto estás con dolores?” en vez de “¿hace cuánto tiempo comenzaron las contracciones?”, hace una asociación inmediata al dolor como algo perjudicial y una alerta de algo que no está bien. Y no es sólo la obstetricia la que se ha encargado de esto. También Hollywood, los medios de comunicación y la patriarcalización del nacimiento han sido los responsables, puesto que han mostrado el trabajo de parto como un momento de extrema angustia y dolor. Vemos entonces esta escena que se repite constantemente en las películas y en la televisión: la mujer rompe fuente, sale corriendo al hospital en la primera contracción, la acuestan en una camilla mientras grita por un dolor incontrolable e imparable, el bebé nace y es llevado de emergencia a una incubadora.

 

Cuando se rompe fuente se puede esperar unas cuantas horas sin ningún riesgo, las contracciones son progresivas, hay un tiempo sin dolor entre contracción y contracción, la mujer no tiene por qué ser acostada en una camilla y el trabajo de parto no es una emergencia. Si aprendemos a ver el parto como un evento natural y maravilloso, no tenemos por qué tener miedo de él.

La medicación obstétrica genera lo que se conoce como una cascada de intervenciones, que lo más probable es que conviertan este proceso natural en un proceso quirúrgico y de emergencia.

Vamos a dar el ejemplo de lo que es una cascada de intervenciones:

 

cascada intervenciones.JPG
Imagen tomada de Diario de una Mamífera

 

La medicación tiene efectos secundarios, aunque no tenga efectos visibles, trae consecuencias tanto para el bebé como para la madre. Janet Balaskas en su libro “Parto Ativo: guía prático para o parto natural”, dice lo siguiente sobre la medicalización:

“Sabemos desde la década de 1960, que toda la medicaciones obstétricas usadas en las madres, sea para aliviar las náuseas, inducir el trabajo de parto, aliviar dolores o como anestesia, cruzan la placenta y alteran el medio uterino donde vive el bebé, alcanzando la circulación sanguínea fetal y por tanto el cerebro del bebé en segundos o minutos. Al contrario de lo que es informado para muchas mujeres, donde se incluyen los analgésicos regionales, tales como los usados en las epidurales… Durante los prenatales y en los hospitales, las madres generalmente no son informadas sobre los efectos indeseados o colaterales envueltos en la utilización de ciertos medicamentos y son llevadas a creer que no implica ningún riesgo.”

 

La mayoría de las mujeres sienten dolor en el pico de las contracciones. Son dolores de carácter agudo y persistentes, generalmente no hay dolor entre contracción y contracción. No es el dolor de un golpe. Muchas mujeres lo describen como algo positivo y sienten satisfacción entre cada contracción.

Alejandra Álvarez, quien tuvo a su tercer bebé por parto natural (natural= sin medicación) domiciliar, nos habla del dolor:

Dolor de parto, dolor con alegría.

Yo decidí que para mí los dolores de parto serían olas necesarias para acercarme cada vez más a mi bebé. Olas que navegaría con calma, paciencia y confianza.

Le enseñé a mi cuerpo y a mi mente a entender que cada contracción, entre más seguida y dolorosa, más alegre y placentera sería para mí. Por eso recibí cada contracción con una sonrisa y le di permiso a mi cuerpo para hacer lo que instintivamente sintiera como necesario: gemir, moverse y hasta gritar.

Entender que los momentos de dolor intenso son menores que los momentos de placer y felicidad, fue la clave para disfrutar todo el proceso y no dejarme bloquear.

¿Duele? ¡Sí, mucho! ¿Es insoportable? No. ¿Es placentero? Sí, en un contexto en el que se respeten las endorfinas.

Volvería a tener un parto no intervenido sin anestesia ni analgesia? ¡Sí! Mil veces ¡SÍ!”

 

Generalmente el exceso de dolor está relacionado con ambientes y atmósferas inapropiadas.

Durante el embarazo y parto el cuerpo produce hormonas llamadas endorfinas, que son analgésicos naturales que relajan y alivian dolores. Otra hormona secretada por el cuerpo es la oxitocina, cuya acción es desencadenar las contracciones y el proceso de parto. Sin embargo, la producción de estas hormonas está profundamente relacionada con las emociones. Para que el cuerpo produzca estas hormonas es necesario que la gestante esté relajada, se sienta segura, desinhibida y libre para ser ella misma. La presencia de alguien innecesario en el cuarto o alguien que la tensione, puede inhibir el proceso de producción de estas hormonas.

Cada mujer tiene un limite de tolerancia al dolor diferente y por eso se debe respetar la individualidad y no suministrar analgésico o anestésicos como procedimientos rutinarios. Debe ser la parturiente quien decida si lo quiere o no en su parto.

Para concluir, el dolor del trabajo de parto, pasa. Las mujeres que han tenido partos naturales hablan del gozo y satisfacción de haberlo transitado sin medicamento. Hablan de cómo inmediatamente nace el bebé, el dolor pasa. No hay dolor en la recuperación y menos sufrimiento. La mayoría de ellas afirma que volvería repetir esa experiencia, ya que parir de esa manera las hace sentir poderosas y vitales. El dolor no es un enemigo y no necesita ser silenciado. Es confiar en la naturaleza y en la perfección del cuerpo femenino.

 

Por: https://lobamaterna.com 

 

Anuncio visto 1703 veces Modificado por última vez en Martes, 19 Julio 2016 02:08
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