Lunes, 22 Agosto 2016 16:38

Crónica de una madre que trabaja. Destacado

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Crónica de una madre que trabaja. Tomada de internet

 

Es la tercera vez que me llaman al trabajo ya es medio día y el bebé no ha querido probar bocado, me preocupa que pueda estar enfermo o sintiéndose mal. Entra la cuarta llamada, ahora dicen que no quiere leche; cayendo en ansiedad le marco al pediatra le comento lo que la abuela ha reportado; el medico con toda calma pide que le dé síntomas específicos como fiebre, número de evacuaciones, enrojecimientos, muestras de dolor, cambios de ánimo… quedo pasmada pues hace unos minutos por video llamada le he visto sonreír y mono silabear tan lindo como siempre hablamos.

Vuelvo al teléfono con la abuela y le pido que guarde la calma e intento ser yo primero la que lo haga, le digo que el pediatra ha dicho que es normal y si no presenta síntomas no hay de qué preocuparse, que sigan ofreciendo lechita de mamá a demanda.

Tengo que volver a mis rutinas laborales, concentrarme dejando de lado la preocupación  por mi hijo, mi digo a mi misma respira y mantén la calma.

 Papá sale más temprano del trabajo y ha llegado a la casa, me pasa el informe por whatsapp de lo que ha hecho el retoño en ese rato, sigue como ‘rápido y furioso’ gateando por toda la casa, ha comido dos (si han leído bien dos) cucharadas de ese puré misterioso que prepara la abuela, un cuarto de plátano y dos pedazos de sandía, ha tomado unas seis onzas de leche a lo largo del día (lo que pasa es que no ha terminado con toda la leche del vaso), por fin respiro aliviada ¿pero es qué eso ha sido para las abuelas “no ha comido nada”? aun así le pido que le cheque la temperatura cada tanto.

Son las siete de la noche que día tan cansado, el retoño me saluda con efusividad, ya empieza a balbucear “mamá”, pero rápido pide a gritos de emoción su tetita como loco enamorado. Sé que no cenará nada, solo quiere estar acostado a mi lado, le sonrió, pregunto cómo ha estado, el retoño “sintoniza la teta” mientras tanto, le acarició, lo beso, no puedo creer cuanto le he extrañado.

Al fin ha caído rendido y me da tregua para un baño. Pido el reporte oficial a la abuela, que aun en tono de preocupación me dice que eso no puede ser normal, que él siempre come “más”. Sospecho que ha sido cuestión de humor, no le apetecía esa comida, tal vez fue ese molesto diente que no termina de asomar, a lo mejor estaba demasiado entretenido y solo quería jalarle la cola al gato.

Entrada la noche se pone más “demandante”, ha hecho tomas tan largas que me pareció estar pegados  de diez a seis, supongo que tenía que ponerse al día.

Amanece, un nuevo día y la misma rutina, dejo su ración de leche y meriendas. Él me dice adiós  agitando los brazos completos, sonríe y se entretiene viendo los arboles bailar con el viento, me voy a la oficina. Ya pasa medio día y no he recibido ni una llamada, creo que hoy todo está en calma…

 

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